Irreductibles

Hablaba Paco Herrera hace unos meses de ese núcleo duro del celtismo que ha ido creciendo poco a poco en Balaídos. Un núcelo que nació en la peor etapa de la historia reciente del Celta y que ha ido madurando golpe a golpe, tortazo a tortazo; conviviendo con dosis de heroicismo y basando todo su apoyo en una fe inquebrantable. Un núcleo duro que basa su filosofía de aficionado bajo una premisa: ayer, hoy y siempre, sea donde sea y como sea, Celta.

Si alguien no podía fallar ayer era ese irreductible celtismo. Nadie dudaba de que allí estarían. Al fin y al cabo, ellos son los que han dado la cara de forma constante durante toda la temporada. En Vigo y fuera de Vigo. Anoeta, Mestalla, Bernabéu, Camp Nou, Vallecas, San Mamés, Calderón, Alfonso Pérez, Riazor o el Ciutat de Valencia son fieles testigos de ello.

Da igual lo que haya en medio. Ni un partido en miércoles a las siete y media por la tarde puede pararles los pies. Ayer a este núcleo duro del celtismo se unieron otros miles de aficionados, para hacer que Balaídos presentase una entrada más que digna dadas las condiciones. 23375 celtistas animaron sin cesar, al pie del cañón, a un equipo que no supo devolverles el favor. Heroico y emocionante.

Se merecen la permanencia como nadie. Sólo el equipo puede hacer justicia y permitir que este celtismo pueda seguir animando en campos de Primera División. Se lo han ganado a pulso y es que si en la clasificación computasen las aficiones, otro gallo muy distinto cantaría.

Sea cual sea el desenlace final de la temporada, hay motivos para creer. Y no precisamente por la situación en Plaza de España. Los motivos se encuentra en una afición rejuvenecida, que nunca falla y que está dispuesta a lo que sea para volver a hacer del Celta un equipo histórico y memorable.

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