Declaración de amor

Se plantaba el Celta el día de San Valentín en Barcelona con nada más y nada menos que siete bajas. Sin su particular “tridente” titular, el partido estaba avocado a la derrota antes de empezar para el aficionado de a pie. Muchos no contábamos con el “factor amoroso” de los nuestros. El amor al equipo, al club, a los colores, que no es otra cosa que respeto y dignidad profesional. El 14 de febrero de 2016, el Celta sucumbió por 6 goles a 1 ante un Barça encolerizado y, no obstante, dio un recital de dignidad sobre el césped.

El Barça de Luis Enrique, el de los cinco títulos y el mejor ataque quizá de la historia (Messi, Suárez, Neymar) caía por 4-1 con justicia ante un equipo con un presupuesto diez veces inferior. Eso sucedía hace unos cuatro meses. La prensa nacional e internacional se volcaba con los pupilos de Eduardo Berizzo. Suponía la culminación de un arranque de temporada soberbio, único. Los de Barcelona huían con el rabo entre las piernas de Balaídos, destrozados con buen juego y contundencia ante una escuadra humilde pero con personalidad, y que jamás renuncia a su estilo. Algo que, por descontado, Berizzo quería repetir en el Camp Nou. Los catalanes, sin embargo, ansiaban su vendetta.

Berizzo, con su equipo ‘en cuadro’, se negó a transmitirles otra cosa. “El estilo no se negocia”. Dan igual los suplentes, los suplentes de los suplentes, canteranos, juveniles o estrellas. Durante 70 minutos el conjunto del ‘Toto’ volvió a arrinconar a los de ‘Lucho’. Les hizo sentir incómodos, porque reclamó el balón, porque quiso ser dueño de la pelota en un estadio en el que todos reniegan de la misma. El Celta se erigió como el adalid de una propuesta, la de la llamada “Escuela de Bielsa”, donde se ganan (quizá) tantos partidos como se pierden, pero nunca sin las botas puestas.

Por su parte, el Barça necesitaba redimirse. Y principalmente, su estandarte. Leo Messi, el futbolista sobrehumano, nunca se prodigó contra el Celta. De hecho, daba la impresión de ser, cual superhéroe, una de sus debilidades, su “kriptonita”. Nada más lejos. El argentino, en cuanto quiso deshacer el entuerto al que su rival lo estaba sometiendo, se desató. Partiendo desde donde es más peligroso, en tres cuartos, logró disolver la otrora soberbia zaga celeste con una facilidad pasmosa. De seis de los goles, participó directa o indirectamente en cinco de ellos. Imposible detener el avance de (sino el mejor) uno de los mejores futbolistas que jamás han existido.

Los nuestros contuvieron a los blaugranas la mayor parte del encuentro. Incluso se podría asegurar que firmaron una primera parte para el recuerdo. Pero tras la reanudación los de Luis Enrique se cobraron su venganza con creces. El problema, sin embargo, es el “cómo”. Porque el Celta hasta tuvo el empate a dos en su poder, y rechazando su supuesta filosofía de valores (valors) y humildad (humiltat) los de azul y granate se regodearon en la victoria. Bailes fuera de lugar en celebraciones absurdas, camisetas dadas la vuelta, regates innecesarios (o no) y lo peor de todo: el famoso penalti. Emulando a Johan Cruyff y con el 3-1 en el marcador, Messi cede desde los once metros el balón a un compañero que aparece por detrás. El astro argentino podría haberlo tirado y marcado sin más, pero no: había que lucirse. Iban ‘sobrados’. Son acciones cuyo único propósito parecen ser el de humillar al rival. Una lástima...

No nos engañemos: este es el mejor Barça que la mayoría recordamos y recordaremos. Pero también es un grandísimo Celta, de los mejores. Con un entrenador excelente y unos jugadores técnicamente espectaculares. Pero anoche no estaban todos, y eso no me parece justo, cuando además cada factor adverso que pueda darse se presenta en nuestra contra. Tras haber caído eliminados en Copa, este año ya no habrá tiempo para volver a demostrar de lo que somos capaces con toda nuestra artillería frente al conjunto culé. Sin embargo, yo me considero satisfecho del cariño demostrado en San Valentín por estos chicos. Su declaración de amor ha llegado al corazón de todos los celtistas.

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