Cambio de chip

Tras la durísima humillación (al menos en lo concerniente al resultado) del Sevilla en Copa, había que reponerse. Era el tiempo de los mensajes pletóricos de optimismo, de invocar a la antigua “Cofradía del 4%”, de instalarse en el todo es posible, sí se puede, y todavía quedan 90 minutos. Para Berizzo el anuncio era otro. Uno realista sin más y no por ello pesimista o apático: “no venderé una ilusión en la que me cuesta creer”. Tampoco quiso olvidarse del verdadero mensaje en el que sí creía; volvía la Liga: “ahora hay que cambiar el chip”.

En cierto modo, el entrenador del Celta no nos engañó. El plan de Emery fue básicamente el mismo perpetrado en la cancha sevillista, sólo que esta vez no le salió… tan bien. El del ‘Toto’ era el habitual: no renunciar nunca al estilo. El Sevilla rotó, el Celta apenas. Ambos ofrecieron un ‘producto’ similar al regalado en el partido de Copa: los de Vigo queriendo jugar, y los de Sevilla buscando salir rápidos, aprovechando la flaqueza defensiva rival. Sin embargo, se ve que aquel ‘chip’ que teníamos que cambiar venía defectuoso de fábrica.

La primera parte rozó el ridículo. No en el juego desplegado quizá, pero sí en actitud, en psicología. O a lo mejor era una cuestión de físico; o ambas, que al fin y al cabo acaban encontrándose relacionadas. Mens sana in corpore sano. El Celta no entendió de latinajos y se estrelló contra un Sevilla con las ideas mucho más claras. Solamente la autoexpulsión de Fazio a la media hora de juego daba alas a un conjunto, el celeste, que no hacía más que dar palos de ciego ante un ordenado equipo andaluz. Nada más lejos. Con el 0-1 y un hombre menos la estrategia de Emery se intensificaría, e incluso paradójicamente sería algo que iba a jugar en nuestra contra.

Llegó el descanso, y las previsiones eran agoreras tras lo visto. Seamos sinceros, aquello tenía pinta de nuevo fracaso. Sólo cabía una posibilidad: que se diese el “cambio de chip”. Para ello, era precisa la labor del entrenador. En los vestuarios, Berizzo arreglaba el desaguisado y tiraba de psicología argentina para motivar a los nuestros en busca de la victoria. Lo que en un primer momento parecía improbable, se escenificaría a partir del pitido de un Velasco Carballo que, en otro orden de cosas, tampoco tendría su mejor tarde.

Así dio comienzo la segunda mitad, y el Celta al fin fue el equipo del cual sentirse orgulloso. Aunque finalmente sólo se sacó un punto del encuentro, puedo asegurar que es para estar, como mínimo, satisfecho. Los nuestros hicieron prácticamente todo lo que estuvo en sus botas para sobreponerse al resultado adverso, primero consiguieron empatar y después llevaron a cabo un auténtico monólogo frente a su rival. Tanto de juego como de ataque. Un espectáculo con escasa recompensa para los allí presentes, pero con mimbres para la esperanza. Para la esperanza de que ese “cambio de chip” existe, que los nuestros siguen siendo los mismos que al principio del campeonato y que quieren crecer todavía más.

En la sala de prensa, al acabar el choque, Berizzo declaraba que “ahora, pase lo que pase el jueves, acabará esta etapa y tendremos una liga de 14 fechas”. El técnico por primera vez se mostraba ambicioso ante los medios afirmando taxativamente las ansias por clasificar a puestos europeos. Tal y como nos tiene habituados, volvía a tener razón. El Celta “acabará”, su excelsa andadura copera esta semana, y podrá centrarse exclusivamente en la Liga hasta el final de la misma.

La semana que viene, en el Camp Nou y con tantísimas bajas, quizá no sea el mejor lugar para iniciar este “nuevo” periplo, pero nunca se sabe. Este equipo nuestro, el de las gestas, nos tiene ya demasiado acostumbrados a alumbrarnos cuando todas las demás luces se han apagado. En cualquier caso, no se le ha perdido la cara a esta competición, Europa está ahí delante, y la capacidad de los nuestros es tangible siempre y cuando, claro está, se produzca al fin ese milagroso “cambio de chip”.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS