Los de las gestas

Diario del capitán. Jueves, 28 de enero de 2016.

Cada día que pasa me cuesta más creer lo que este equipo está consiguiendo. Con la afición volcada, marcando tres goles en un baluarte casi inexpugnable, donde ya perdimos una final, contra nuestro antiguo capitán... Todo en este pase a semifinales resulta idílico. Ni el mejor guionista de Hollywood podría imaginar nada mejor sin que la ficción superase a la misma realidad.

Estoy bastante cansado. De hecho, no puedo más. Sin embargo, sé que todavía tengo trabajo por delante. Ahora llevo yo el brazalete; este número dos y el escudo bordado sobre celeste en mi pecho son los símbolos que me confirman y me hacen ser lo que soy. Quizá estoy escribiendo estas líneas con los ánimos demasiado subidos, pero no creo que a corto plazo vuelva a tener una oportunidad tan buena para expresarme.

Lo primero y más relevante, supongo, es hablar de la persona que nos ha puesto donde estamos. Qué grande es nuestro entrenador. Humilde, tímido, tranquilo. Con el pasmoso talante que le caracteriza, ha logrado imprimirnos las cualidades de las cuales hasta hace menos de dos años carecíamos. Seguridad, confianza, y principalmente ambición. Los tres pilares sobre los que sustentamos el prodigio de nuestro espectacular juego: único, eficaz e innegociable.

Berizzo, desde su formación bielsista, ha descubierto que la única ciencia que existe detrás de este maravilloso deporte es bastante básica: marcar más goles que el oponente. Máxime, cuando nuestros números en defensa no son nada halagüeños. ¿Qué ellos nos meten dos? Pues nosotros tres. ¿Qué encajamos tres? Pues logramos cuatro. Y así. Una simpleza indigna para la categoría de central que era como jugador nuestro míster. Pero una realidad que, llevada a la práctica, tiene al Celta ahí arriba nada menos que quince años después.

La última vez que mi equipo estuvo en unas semifinales de Copa, y a mitad de temporada corría quinto en Primera división, yo tenía sólo nueve años. Apenas quedan resquicios de aquella época. Algún utillero, encargados o trabajadores en la sombra del Club. Personas que nos alientan y que refuerzan nuestra creencia en que este es el lugar que merece por historia e tradición nuestra pequeña entidad. Pero tampoco puedo olvidarme de vosotros, los aficionados. Los que habéis vivido aquellas doradas decepciones y ahora estáis compartiendo con nosotros una era de decepciones o (¿por qué no?) alegrías nuevas. Sí. A lo mejor nunca moveremos tanto dinero como el conjunto que anoche eliminamos de la ‘competición del KO’, pero siempre ganaremos en ilusión y espíritu a cualquier grande.

El pasado ya nadie podrá arrebatárnoslo. El futuro se presenta prometedor. No obstante, el presente, por efímero que sea, debe disfrutarse. Recojámonos en la actualidad brillante de estos mis compañeros: Guidetti, ‘Tucu’, Orellana… pero también en Planas, Borja Fernández y Bongonda, ya que es gracias a la unión como equipo que somos lo que somos. Sólo confiando unos en los otros, junto con vuestro apoyo seguiremos navegando tal y como lo estamos haciendo. No olvidéis nunca de dónde venimos, a dónde vamos, y lo que queremos alcanzar. Nunca olvidéis lo sucedido anoche porque son estas pequeñas grandes gestas las que labran nuestra historia.[1]

 

 

 

 

 


[1] Me he apropiado cariñosamente de la voz ficcional de Hugo Mallo para escribir este texto, sin ánimo de ofender ni dañar a nadie.

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