Lo que el corazón aguante

El lema es noble xogo, afouteza e corazón. ¿A qué se referirán con eso del “corazón”? Medito, mientras escribo estas líneas. En el ADN de este equipo, de este club, van marcadas a fuego esas palabras, moldeando su ser, escribiendo poco a poco su historia. Junto a ellas, la ironía, el “campión” que todavía no se ha erigido, o ese “vibra a afección” que, en ocasiones proyecta esas vibraciones de un modo negativo y destructivo contra los suyos. Los míos. Yo. Esto es Vigo, donde llueve, hace frío y su equipo de fútbol tiene alma de grande. La grada así lo entiende y exige.

Lo cierto es que estoy orgulloso. No demasiado cabreado. Y podría estarlo. Soy una persona de risa fácil, que le busca el lado gracioso a casi cualquier desgracia. Algo que por primera vez vi reflejado en el rostro de Eduardo Berizzo al término del encuentro. Donde quizás me hubiera gustado contemplar un mínimo reproche a la actitud del equipo una vez anotado el 3-0, lo que vi fue una honesta cara del imputado que se libra por los pelos, y la consiguiente réplica a los compañeros periodistas asistentes a la rueda de prensa: “ustedes ríen, pero soy yo el que lo pasa mal”. Bueno, ‘Toto’; tú y otros veinte mil asistentes, que no ganan para Sintrom.

Momento para retroceder un año en el tiempo y llevar a cabo una comparativa en frío de lo ocurrido este fin de semana. Porque es curiosamente hace un año cuando el Celta lograba romper su nefasta racha que le llevó de la zona caliente de la clasificación a casi coquetear con la debacle. Contra el Córdoba, Berizzo saltaba al campo a reclamar a Teixeira Vitienes una acción en la que el colegiado había señalado un dudosísimo penalti. El Celta, quizá empujado por ese ímpetu del técnico que ya se veía de patitas en la calle, recuperaba la senda del triunfo y encarrilaba el final de una liga en la que finalmente acabaría octavo.

Esta vez, Berizzo admite que lo ha pasado mal. Porque ha sido él quien, sin duda alguna, ha optado por dar una vuelta de tuerca a un equipo que llevaba varias jornadas pidiéndolo a gritos. Perder tres partidos consecutivos y seguir en puestos europeos también nos ofrece la conclusión de haber hecho un trabajo previo digno de alabanza. Pero en este caso, son tres derrotas difíciles de asimilar para una grada acostumbrada ya al aroma de la victoria. Nuestro particular míster formó juntos a Aspas y Guidetti, regaló a Orellana la posibilidad de actuar como comodín, y formó a los jugadores que mejor están física y mentalmente sobre el césped. Una nueva decisión experimental exitosa del entrenador argentino.

Creo que, no obstante, no todo se reduce al resultado. Frente al Levante, el Celta ganó 4-3, y eso es lo que quedará grabado en las retinas de la mayoría. Y a efectos prácticos, son tres puntos que nos permiten mantener la quinta plaza. Pero qué partido… De ir ganando por tres goles, a tener al rival acechando. De marcar “el de la tranquilidad” a una nueva aproximación rival. Los nervios de la escuadra que enlaza malos resultados, supongo (o espero) desencadenaron este despropósito concluyente. Ahora ya está. Conseguido. Volvemos a ganar. Pero la afección cardiaca no se cura tan fácilmente.

Los más pesimistas creen que lo que le ha caído en suerte al Celta en la Copa tampoco será bueno para su corazón. No creo que la diferencia entre ambos equipos, Celta y Atlético, sea más pronunciada que la existente en 2009, cuando se cruzaron en cuartos. Aquella vez, el equipo dirigido entonces por Eusebio Sacristán no se plantó en la semifinal porque Noguerol así lo quiso. La realidad es que, con los fichajes de invierno y la continuidad de Nolito, el equipo no debería conformarse con menos que Europa. Y seguir apostando por la Copa, porque Berizzo también estuvo allí en 2001. Participó en aquella final.  También sufrió la derrota de hace una semana. Y ahora llega el momento de ajustar todas estas cuentas cuentas… Mientras el corazón aguante.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS