Marcelo Díaz, el pequeño mariscal

Hay jugadores que pueden permitirse tocar la pelota andando, y Marcelo Díaz (Santiago de Chile, 1986), con quien el Celta está arreglando los últimos detalles contractuales, es uno de ellos. Contenido en un pequeño formato, el chileno es un compañero en quien confiar, sereno, experimentado, decidido. Representa un perfil cada vez más habitual, aunque no por ello común: el de un futbolista de condiciones ofensivas que prefiere situarse tras el balón, organizando desde la distancia al equipo, con la vista al frente. 

Ágil, tremendo en distancias cortas gracias a un cuerpo bajo y equilibrado, Díaz tiene más de corredor de fondo que de velocista. Más allá de las apariencias, este hábil mediocentro tiene armas escondidas: es luchador, salta bastante y es habitual del gol. Goza de un magnífico golpeo, tanto en falta directa como llegando desde segunda línea, gracias a un peculiar disparo con efecto, tanto de exterior como de interior.

En Universidad de Chile empezó de lateral, por falta de hueco, pero las capacidades inherentes del nacido en Santiago pronto lo encomendaron al puesto de creador. Después de un breve préstamo, Marcelo Díaz convenció con soberbias actuaciones en los campeonatos nacional y continental, y en cuestión de meses ya había debutado con la selección chilena. Poco después obtuvo el billete europeo con el Basilea. Hoy, más de cuarenta veces internacional, es un hombre fundamental para el combinado de Sampaoli, como demostró en la reciente Copa América, en la que Chile resultó ganadora. 

Díaz, de veintinueve años, supone un añadido interesante por varios aspectos. Ducho, con personalidad, técnico y con jerarquía en el juego, el andino oferta una salida jugada limpia, tanto por el centro como por los carriles laterales, combinando con inteligencia, y con un pase largo de precisión. En materia defensiva, y sin ser un interceptor nato, sabe colocarse y es generoso en la ayuda. Además, la resistencia y el saber estar garantizan mantener al equipo compactado incluso en los tramos más delicados. Todo ello sin mencionar la capacidad de conversión a balón parado o en llegada. 

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