No sin Nolito

Si “la vida da muchas vueltas” como reza la famosa canción, el fútbol no va a ser menos. De hecho, creo que hasta es algo que aquí se pronuncia más. En un juego (porque esto no es más que eso) en el que tantísima cantidad de factores inherentes confabulan para que la pelota entre en una portería y no en la otra, casi nada se puede prever. El estado del terreno, la climatología e incluso la geografía, la posición del campo y sus gradas, el jaleo que puedan producir o no la gente en ellas, la condición individual física y mental de cada jugador, la colectiva, si al utillero ese día se le murió un primo… todos esos factores infinitos influyen.

El Celta que desembarcó en La Rosaleda no era el equipo que todos conocemos, pero ya de partida. Rubén formaba bajo palos, y ante él un experimento perpetrado por el director de orquesta, Eduardo Berizzo, que en innumerables ocasiones ha salido triunfante, no lo logró esta vez. Una defensa de ¿cuatro? con Sergi Gómez jugando de pivote-central mentiroso, que lo único que consiguió fue desestabilizar un centro del campo que hasta hace pocos días gestionaba uno que ya no está. Exacto: el capitán. Exacto: ese que abandonó el barco. Exacto: ese que debemos empezar a olvidar.

Sin Augusto Fernández y ese nuevo centrocampista “a medias” el Celta no supo jugar a nada. De hecho, la única manera de conectar las líneas acababa siendo con el recurso del patadón, puesto que el Málaga tenía las cosas muy claras. Es más: no voy a desmerecer aquí su labor, puesto que, para mi gusto, se desempeñaron apropiadamente sobre el césped y siempre dieron muestras de solidez y, al fin y al cabo, de “equipo”. Quizá algo que le faltó al Celta sin su ya excapitán. Un abanderado; un adalid. Y ahora que aquel ya no está, a lo mejor hay otro al que empiezo a añorar.

A Berizzo no le salió bien su idea, y tampoco es que le vaya a echar las culpas ahora por la derrota, cuando casi siempre ha acertado en sus cambios. Es una cuestión de mala praxis en el seno del club. Falta gente; y ahora, más. El ‘Toto’ necesita un recambio para su jugador insigne, el que significaba la extensión del míster en el campo. Se lo llevó el mal-llamado “equipo del pueblo”, talón mediante. Y como agua de (enero) mayo, la dirección deportiva debe ponerse las pilas cuanto antes para arreglar este desaguisado si queremos, al menos, mantener el ritmo que hemos llevado durante toda esta primera vuelta.

Y es que el Celta, aún perdiendo contra el Atlético la próxima jornada, acabará esta primera mitad de Liga con 31 puntos. De repetir lo mismo en la segunda, significarían 62 puntos al final, que lo empujarían a Europa de forma prácticamente garantizada. A día de hoy no parece algo tan difícil viendo los partidos donde hemos obtenido puntos de manera sorprendente, y donde los hemos perdido de una forma más surrealista aún. Pero eso no se podrá lograr sin un remplazo solvente para el capitán. Ni tampoco con una plantilla de 14 futbolistas. Y menos aún cuando hay uno que falta desde hace varias jornadas. El Celta necesita a cada uno de sus jugadores para ser el Celta, pero a su estrella quizá más. Perderla en este mercado sería poco menos que una catástrofe (deportiva). Se podrá lograr el objetivo sin Augusto, es posible, pero no ya sin Nolito.

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