El Celta muere sin balón

En los tres últimos partidos, el equipo dirigido por Eduardo Berizzo ha conseguido una victoria, un empate y una derrota. Los resultados distintos ante Deportivo, Sporting y Betis esconden, no obstante, un factor común: la deficiente circulación de la pelota. En los doscientos setenta minutos de juego posteriores al Valencia se ha dejado de hablar de Augusto y Wass. Significativo. 

El Celta, para resumir, no ha tenido el control. Para este conjunto de pequeños especialistas del toque, la falta de posesión se traduce en sufrimiento. Por un lado, el goteo de ocasiones se reduce y aumenta la presión sobre los delanteros, forzados a acertar sin encontrarse cómodos. Por otro, la falta de caudal ofensivo implica que el rival se mantiene organizado; en esas circunstancias, la presión alta es un recurso complicado y que produce excesivo desgaste en los de celeste. 

Este fenómeno ya aconteció el curso pasado por esta época. La personalidad agresiva de los vigueses impide asimilar con claridad los acontecimientos adversos, de manera que la reacción ante la inoperancia se reduce a atacar con mayor verticalidad, separando al conjunto en dos mitades que terminan desconectando. Cuando Aspas y Nolito intentan tirar de los compañeros, se aíslan y limitan las líneas de pase. 

En este escenario, Augusto y Wass soportan una mayor presión, ya que no pueden jugar con la inercia de los rivales. El Celta necesita hacer transiciones defensa-ataque con los jugadores más próximos entre sí, con paciencia, con apoyos, hasta que se produce un desequilibrio. De esta forma, el equipo contrario estará más pendiente de lo que puede ocurrir –de protegerse las espaldas– que de lo que está ocurriendo –un oponente vulnerable con la pelota junto al pie–. 

La impaciencia se comprueba en los números: ante el Real Madrid, también en inferioridad, el equipo dio 550 pases, mientras que frente al Betis se lograron 200 solamente. Este Celta necesita más ayudas de Nolito y Aspas; necesita pivotar sobre Orellana, el radical libre; necesita desahogo en los laterales, que están pasando desapercibidos; y necesita un paso al frente de Wass y Augusto, demasiado tímidos en estas jornadas. La semana que viene, ante el Espanyol, estará de nuevo Pablo Hernández. Entonces se podrá analizar la importancia que tiene la pausa, la proximidad y el orden en un conjunto de naturaleza inaplacable.  

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS