Así jugaron Madinda, Señé, Borja y Drazic

¡Ah, la Copa! Qué bonito estrenar una nueva competición, con nuevos contendientes, los cruces a doble partido, y los entrenadores haciendo equilibrios con la plantilla. En este renovado universo, Berizzo deleitó al espectador con la próxima generación del Celta, una alineación competitiva, a pesar de estar más cerca de la improvisación que de los automatismos propios de los habituales. El Almería puso a prueba el talento y la imaginación de Madinda, Borja Fernández, Drazic y Señé.

Levy es para todos el más familiar. El de Gabón no acaba de encontrar la continuidad en el primer equipo, sobre todo por sus características de interior –típicas de A Madroa–, que limitan sus opciones contra jugadores especialistas en un rol determinado. Apareció en dos posiciones: como volante ofensivo y como extremo derecho. En el centro del campo interpretó con inteligencia las necesidades del conjunto y se erigió en un apoyo oportuno, intenso y solidario. En la segunda mitad, ya como ala diestro, mostró un buen repertorio de controles e internadas que lo convierten en una alternativa interesante. 

Borja es lo contrario que Madinda, todo un especialista. Un valor seguro sobre el que levantar un equipo, gracias a la solidez y el equilibrio que porta consigo. La sobriedad que le caracteriza es un punto a favor en la demarcación, aunque, por supuesto, le queda mucho que progresar para moldear la salida del balón y ofrecer una circulación limpia en todo momento. Tiene nivel para acompañar al Celta en la élite. 

Drazic expresó en Almería la personalidad que necesita para llegar a lo más alto. Fue el menos participativo, aunque no por ello desmereció el partido de Dejan. De hecho, protagonizó las tres jugadas más interesantes desde un punto de vista posicional. Una en sociedad con Señé, en combinaciones cortas, para acabar asistiendo al propio Josep en el corazón del área. Otra, al cruce con Guidetti, para coger la espalda a la defensa, controlar con maestría y definir a un lado. Y la última, apoyándose en varios compañeros mientras cruzaba el campo de un lado al otro, y que finalizó con una internada junto al delantero centro. La naturaleza tempestiva de Orellana.

Señé confirmó las buenas sensaciones de agosto y disputó noventa minutos a un gran nivel. Comenzó el encuentro como jugador de banda, quizá con demasiado ímpetu, demostrando que sabe combinar la zancada y la envergadura con una conducción grácil. Cuando realmente destacó fue en la segunda mitad, colocado de enganche por detrás del punta; en esa posición, con la cabeza alta, ofreció pausa y claridad, un perfil del que este Celta carece. 

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