Suplentes

Suplentes. Dueños del banco, las medias bien subidas porque ya se nota el invierno, la cremallera del anorak descarrilada de tanto jugar con ella. A ratos toca calentar, no vaya a ser que alguno de los protagonistas se lleve un golpe y el compañero se encuentre agarrotado por el frío y el asiento de plástico. Ese balón podría haber llegado al banquillo, pero Berizzo, ágil, lo controla mientras rememora otra época. Poco a poco va fluyendo la lengua de Cervantes en la pequeña y cosmopolita estructura en la que estos jóvenes aguardan una oportunidad. 

De los suplentes sólo se habla indirectamente. Unas veces se comenta que no dan el nivel, y que por eso es normal que Nolito disfrute en propiedad del costado izquierdo; y otras veces los suplentes sirven para atizar al técnico, que cuenta únicamente con su camarilla más afín. Difícil saber quién tiene razón en este asunto; y difícil, más que difícil, la rutina de estas promesas todavía por desembalar, que tienen de nombre Drazic, Señé, Bongonda, Madinda. El que más participa del equipo es Guidetti –coetáneo de Josep y Levy–, aunque es incapaz de despegarse del sabor amargo de los minutos finales. 

Atrás queda aquel tiempo, durante el estío, en el que los minutos de juego seguían un reparto equitativo, en el que cada carrera de calentamiento era un esprín hacia el once inicial. Un salto ganado, un remate más o menos certero, cada gesto era mucho más importante en lo individual que en lo colectivo. Superados por una de las mejores alineaciones de la Liga, a los bisoños no les quedó otra que renunciar a lo individual por lo colectivo. Así es el ciclo del fútbol, y bien saben que con el paso de las temporadas serán ellos los que nieguen el sitio a otros jóvenes.  

Hasta ahora ha persistido esta dictadura del grupo titular, compuesto por hombres de fama y rendimiento por encima de lo esperado; mas los últimos acontecimientos, que incluyen dos derrotas consecutivas y una serie de lesiones y sanciones, igualan las condiciones de todos los componentes en plantilla. Pronto llega la Copa del Rey –justo tras el enfrentamiento ante el Sporting– y los menos habituales tendrán una participación trascendental. Entonces se comprobará cuánto les ha afectado estar apartados de la dinámica, pero también qué son capaces de aportar a este Celta. 

Resulta conveniente recordar la importante inversión que realiza la entidad celeste con estos jóvenes, tanto en términos monetarios como de dedicación de recursos humanos, que podrían ir a parar a jugadores ya asentados. La confianza en ellos depositada, sólo por el hecho de cambiarlos de país y liga, habla del compromiso del club y del entrenador. En la incertidumbre se demostrará si se cuenta con ellos y si corresponden esa confianza. 

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