Las dudas que deja Riazor

La derrota en Riazor ha abierto varios debates. El mal resultado unido a una imagen poco menos que ridícula, teniendo en cuenta el nivel habitual del equipo, ha supuesto que aparezcan numerosos interrogantes en el futuro más próximo del equipo. La posición y las sensaciones permiten reflexionar desde una situación bastante cómoda sobre los problemas del equipo, de cara al último tramo de 2015 en el que los celestes tienen el objetivo de seguir compitiendo en puestos europeos.

Ausencia de plan B
C
uando el Celta se atasca con su primera idea, la del juego eléctrico y rápida combinación, desaparece cualquier opción de hacer daño al rival. Puede perder el control del centro del campo que le quedará la electricidad arriba, pero cuando ésta se pierde, el equipo hace aguas y pierde su identidad por completo. Pasó en Riazor, pasó ante el Valencia en algunos tramos e incluso ante la Real Sociedad en la primera parte. Ante el Deportivo, quedó en evidencia la ausencia de cualquier alternativa cuando Nolito, Orellana y Aspas no tienen su día ni cuando el centro del campo no comparece sobre el césped. Las soluciones desde el banquillo son nulas, el equipo queda desnortado y Berizzo deja en evidencia que sigue pecando de falta de lectura de partidos. Sin hacer un gran partido, al Deportivo le bastó con intensidad para imponerse al Celta. El Toto no varió nada ante un hundimiento generalizado que ya se empezó a presagiar cuando Lucas hizo el primero.

Escasa profundidad y uso de plantilla
Dice mucho que el Deportivo, con un presupuesto muchisimo más limitado, tenga una plantilla bastante más completa que la del Celta. Si bien en el once titular la partida la ganan claramente los celestes, cuando toca mirar al banquillo queda claro que en el norte han hecho mejor las cosas. Víctor toca cada partido varias piezas, mueve a titulares y a suplentes. Apenas hay papeles definidos y el estilo de los herculinos no varía. Eso le permite al entrenador dar descanso y usar múltiples variantes según el rival. Berizzo va en el sentido contrario. Apenas usa a 13 futbolistas. Y los exprime hasta que no dan más de sí. El banquillo es residual para él, por lo que la ausencia de un plan B se ve aún más acentuada. Ni siquiera Guidetti ha tenido una oportunidad en condiciones, y parece que hasta entre la Copa en juego no se la dará el Toto.

Bajo nivel del banquillo 
Tampoco ayuda que las piezas del banquillo no inspiren demasiada confianza. Drazic o Bongonda, jugadores destinados a dar descanso a Nolito y Orellana, no cuentan con la confianza de Berizzo. Son fichajes de la dirección deportiva que continúan teniendo un papel residual, casi sin sentido, dentro del equipo. El belga busca equipo en invierno y el serbio no está nada contento en Vigo. Saben que tienen papeles muy secundarios y que sólo van a jugar si hay lesión. Esto limita su confianza y limita también el abanico de posibilidades de un Berizzo que, más allá de su poca querencia por las rotaciones, no ve nivel en los recambios. 

Portería
El nivel de Sergio en los últimos partidos, unido a su mal año 2015, ha provocado que el debate resurja y con fuerza. El de Catoira ya no es que no dé puntos. Es que los pierde. En Riazor erró en ambos goles deportivistas, siendo blando y sin imponerse en el primero y cometiendo un grave error técnico que propició el tanto de Jonny en propia puerta. Ante el Valencia, en Anoeta, en El Madrigal,... Son ya muchos los choques en los que el meta canterano no rinde al nivel al que rinden el resto de sus compañeros. Rubén Blanco aparece como alternativa. Es la apuesta de futuro del club tras haberse recuperado ya de una lesión en la clavícula que lo mantuvo alejado estos dos meses de los terrenos de juego.

Bajo nivel de jugadores clave
Llama la atención especialmente el momento de Daniel Wass. El danés, que comenzó a un gran nivel la temporada, ha pegado un considerable bajón que repercute y mucho en el rendimiento especialmente ofensivo del equipo. Lejos queda ya esa precisión y llegada desde segunda línea con la que sorprendió a todos en el primer tramo de competición. Tampoco el triplete ofensivo -Nolito, Aspas, Orellana- está a su mejor nivel. No tienen la frescura de otras épocas y eso, evidentemente, lo nota mucho el equipo. El regate que antes salía o el tiro que antes entraba ahora ya no lo hace. El problema es que Berizzo no considera oportuno rotarlos y, en el caso del gaditano y el chileno, los recambios no son del gusto del Toto.

Mercado de invierno
Berizzo ya ha dejado caer que quiere acudir al mercado invernal. Quiere, al menos, un extremo derecho contrastado y no futuras promesas que no ofrecen rendimiento inmediato. Pero lo cierto es que al equipo le sigue faltando fondo de armario si de verdad quiere aspirar a Europa. No es lógico intentar ciertos objetivos teniendo únicamente tres centrales: han pasado tres meses de una única competición y cada vez que alguno se lesiona o es sancionado, corren sudores fríos para intentar cuadrar una defensa mínimamente decente. No tiene ni pies ni cabeza, y menos en un equipo que presume tanto de economía plenamente saneada y con considerables superávits. Y más si no confías en la cantera, como es el caso del Toto. Además, se plantea la opción de un mediocentro. Wass no termina de adaptarse a esa posición, Augusto vive entre algodones -sin apoyos en el campo y temiendo todos una ausencia suya- y la aportación en el campo de Madinda es, para Berizzo, la misma que la de cualquier aficionado. Nula. A pesar de las supuestas promesas de minutos, el gabonés no cuenta. Incluso Borja Fernández parece por delante para ser usado, de manera residual, cuando el panorama no ofrezca más soluciones.

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