Exprimir la naranja

Uno de los pasajes más significativos -e ilustrativo- que nos dejó la época dorada del Celta, y al que quizá no se le dio la importancia que tenía, fueron aquellas declaraciones de Coudet, ya de vuelta en Argentina, en las cuales contó cómo el día que el Celta perdió el liderato, y entró cabreado en el vestuario, para su sorpresa, sólo unos segundos después del pitido del árbitro, encontró a sus compañeros muy tranquilos, de buen humor, hablando de sus familias y sus vidas y sus planes y sus cosas. Como si nada hubiese sucedido. A su lado Coudet tenía sentado a Sylvinho, y, muy contrariado, le dijo al lateral que no entendía cómo después de haber perdido el liderato podían estar así, sólo instantes después de haber acabado el partido. Le parecía inconcebible. Coudet contaba que Sylvinho, al escucharlo, le contestó que no se preocupase, porque, precisamente, no pasaba nada. “Esto es el Celta, aquí perder el liderato da igual, no tiene importancia”.

Años después, un entrenador tan apreciado -y agradecido- como Paco Herrera perdió la confianza de buena parte de su afición, y de mucha gente alrededor del equipo, después de perpetrar un indigno ridículo en una eliminatoria de vuelta en el Santiago Bernabéu, tras haber logrado una esforzada y meritoria -épica- victoria a la ida, que bien podía haber acabado incluso aún mejor; asumiendo aquella segunda noche una predisposición propia de los años 40 en un equipo llegado desde la España profunda. Salir sin intención de ganar. De -al menos- intentarlo. Pensando en hacerse algunas fotografías, descansar, y no salir vapuleados. Mucha gente, tanto los que gastaron su dinero en ir a Madrid a ver un partido de fútbol -lucha, ambición, al menos pelea- como los que volaron por verlo en televisión, cambiando horarios, buscando un hueco, no le perdonaron jamás aquella profunda sensación de ridículo, con los jugadores de la defensa rival caminando con calma por el césped, sonriéndose en medio del partido, haciendo bromas entre ellos, sin mayor preocupación. 

¿Tiene el Celta la obligación de alcanzar/mantener el liderato? No. ¿Y de estar ahí arriba? No, desde luego. ¿Tiene el Celta la obligación de eliminar al Real Madrid en Copa? No lo creo. ¿Y de eliminar al Athletic de Bilbao en Enero? Quizá tampoco. ¿De qué tiene obligación entonces el Celta? 

De salir siempre al 120%, de dar todo lo que puede dar, y no dejarse nada. Nada. De salir a por los tres puntos en cada encuentro y en cada campo, sean líderes o colistas. De comenzar el siguiente partido en Ipurúa, Villarreal, Almería, Barcelona, o Vigo, pensando ya desde el primer minuto en ganar. En que existe la obligación irrenunciable de hacerlo. Intentarlo. Irrenunciable. Ir a quitarle al otro equipo esos tres puntos que el Celta siente -debe sentir- que le pertenecen. Quitárselos. Porque sino siempre serán puntos de menos. Su (única) obligación es tomar cada primera media hora de partido como un reto y ganarla. Ganar cada tiempo. Cada encuentro. Una obligación que no implica taxativamente ganar; sino obcecación con hacerlo, alcanzarlo, intentarlo, no con voluntad, sino además -también- con DETERMINACIÓN.

Y si al final de la temporada quedan cuartos, décimos, o decimosextos, no será eso lo más destacable. Lo habrán dado todo. Y llegados a ahí tendremos -tendríamos- que ver ese espacio en la clasificación como el nuestro. Nuestra casa. 

Ahora bien, en esta vida, y en el fútbol en particular, conviene no confundir poner mucha voluntad con la inexcusable necesidad de añadir determinación. Son diferentes, complementarias, pero necesarias. Y la determinación es lo que te hace triunfar en ciertos momentos “bisagra”, en pequeños puntos de inflexión que conforman una temporada.

El Celta nunca gana cuando tiene cerca el liderato. El Celta nunca gana cuando es líder. El Celta nunca gana después de ganar a un grande. El Celta nunca gana después de un parón en la liga. El Celta siempre acaba tirando la Copa. El Celta gana los partidos difíciles y luego se olvida de cómo ganar ante equipos que acaban abajo. Cosas, pequeños fenómenos, que se repiten y que alguien alguna vez debería afrontar. Cambiar esa (tanta) voluntad por determinación.

Pase lo que pase en la parte alta de la clasificación, lo que nos dé este fantástico equipo -probablemente- será dado por bueno. Están haciendo una temporada magnífica. Casi perfecta. Pero no por ello deben omitir, u obviar, sus obligaciones. Y salir en los próximos Ipurúas como en la última media hora en Ipurúa; no esperar hasta llegar a eso.

¿De qué tiene la obligación el Celta?

De exprimir la naranja.

De hacernos soñar.

 

Este texto fue publicado el pasado sábado en el foro delcelta.com por el forero "Vito", que ha permitido su difusión en este medio

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