Atasco con final feliz

El Celta arriba tiene dinamita, y menos mal. Costó horrores atacar y defenderse frente a un equipo en inferioridad numérica, lo que hemos de interpretar en dos partes: por un lado, el trabajo de los locales fue encomiable, durante los noventa minutos; y, por otro, los chicos de Berizzo jugaron a oscuras, con rachas de inspiración e ideas evaporadas en un cóctel de once contra diez. ¿Hace falta fichar?

Hernández no es el problema, tampoco la solución

Fue el blanco fácil para la crítica. El ‘tucu’ completó un partido en línea con los compañeros, pero la posición en la que apareció no favorece en nada a su estilo: le falta un punto de intensidad y falla en exceso el último pase. Completó 28 de 38 pases en el tercio de ataque, cantidad destacada si la comparamos con los 25/40 de Nolito o los 6/7 de Aspas en la misma zona. Son los mismos, exactos, que realizó Orellana. La imprecisión generalizada no hizo más que evidenciar sus carencias, que sin embargo y como hemos visto no desmerecen el partido realizado; sencillamente, conviene otro tipo de jugador cuando el rival se encierra. Para Hernández, el sitio es el doble pivote, donde resultaría un buen recambio de Wass o Augusto.


                                                            

El problema de Hernández: poco incisivo en los metros finales (FourFourTwo)

Orellana fue el mejor; Wass será insustituible

Al ‘poeta’ le costó coger ritmo, pero una vez encontró el sitio se erigió en dueño de la zona de ataque. De la banda derecha pasó al centro, y aunque no acabó de conectar con Nolito y Aspas, sí halló buen socio en Daniel Wass. El danés, sin brillar, dejó muestras de una vitalidad y un oportunismo decisivos, tanto en el doble pivote como de lateral. De hecho, el cambio de Mallo por Guidetti –a la postre, la mejor decisión del partido– reforzó su capacidad de desborde. 
 

El camino al gol

Al Celta no le faltó creación, sino imaginación. El conjunto supo llevar la pelota hasta los dominios del Levante, donde residió el problema: pocas situaciones de ventaja, delanteros incapaces de recibir o de encontrar un hueco para el disparo, pérdidas peligrosas y pases deficientes. Mallo estuvo demasiado prudente, no así Jonny, que con su osadía alivió la noche de un pobre Nolito. Se echó en falta la figura de un habilitador, un hombre capaz de leer entre líneas. 

                                                
                                                 Orellana ante el Levante, en teoría extremo por la derecha (Squawka)

¿Una plantilla demasiado corta?

En la plantilla no falta calidad, ni visión de juego, pero a veces ser bueno no es suficiente; lo que hacía Krohn-Dehli no tiene precio. En este sentido, conviene acercar a los que juegan mejor: Orellana gana protagonismo si parte desde el enganche, con libertad para sorprender y asociarse. Claro que aquí comienzan las dudas: falta un reemplazo de confianza para el chileno, que deja huérfano el carril diestro. En casa las soluciones son varias: retrasar a Aspas –no ha convencido ahí–, colocar a Drazic por la derecha –muy verde todavía–, o a Señé como mediapunta, opción que parece la más sensata por la madurez del barcelonés. 

En ambos casos queda una demarcación por debajo de la media de calidad del equipo, mientras que el banquillo poco más puede ofrecer. Esto lleva a pensar en que lo idóneo es contratar otro futbolista más. Si este fuera el caso, hay tres opciones: un medio que haga la función de Wass, y le permita aparecer más cerca del área; un extremo físico que ocupe la banda derecha y pueda jugar de lateral; o un talento para la zona de tres cuartos de cancha que asuma la responsabilidad de Orellana. 

 
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