Fichajes: ¿y la defensa?

Está siendo un verano alegre, al menos en casa Celta. Con la traicionera climatología de las Rías Baixas de fondo, Torrecilla y sus acólitos siguen aprovechando el buen momento de las cuentas célticas para refrendar la confianza depositada, con suculentas incorporaciones: Aspas, Wass, Guidetti, y recientemente, el jovencísimo Drazic. Estos activos han reforzado un bloque que en cada periodo de traspasos parece amenazado, y que sin embargo se mantendrá un año más. Claro que, en lo que a fichajes se refiere, una parcela no ha recibido todavía inversión alguna: la retaguardia.

Guardametas aparte, puesto que A Madroa vela por la portería, el entramado defensivo parece ir corto de efectivos. Presentes: en los laterales, Mallo, Jonny y Planas; en el centro, Cabral, Fontás, Sergi y Costas, que al parecer se marchará a préstamo. Seis hombres para cuatro puestos, o lo que es lo mismo, una planificación arriesgada en términos numéricos. Por otro lado, hay quien pone en tela de juicio la fiabilidad de la pareja titular, Cabral-Fontás. Entonces, ¿por qué no se refuerza la defensa?

Durante la liga 2014/2015, la defensa celeste concedió 44 tantos, la séptima menos goleada del campeonato. En general el desempeño fue notable, empañado ante ciertos rivales, con claros ejemplos en Villarreal y Real Madrid, que endosaron 14 goles en cuatro fechas. De hecho, Cabral y Fontás se situaron entre los futbolistas con más recuperaciones del torneo regular, resaltando el papel crucial de la defensa dentro del colectivo dirigido por Berizzo.

Al técnico argentino le preocupa más el aspecto ofensivo del Celta. No en vano, la sequía entre noviembre y febrero casi le cuesta la cabeza. Aquel episodio resaltó la falta de alternativas en el frente de ataque, y en este periodo estival el esfuerzo ha ido encaminado a paliar esta lacra: más calidad y más variedad. El cambio de esquema que sobrevino en el duelo ante el Córdoba inclinó la balanza en favor de los delanteros, encajando al fin con la fórmula de juego que perseguía el Toto. Con un mayor control de los partidos, el Celta más ofensivo fue el que menos concedió en la retaguardia; los jugadores más rápidos fueron capaces de presionar arriba con intención y de mantener las marcas individuales en campo propio. 

Berizzo, además, tiene confianza plena en otras alternativas para la defensa. Sobre la base –Mallo, Cabral, Fontás, Jonny– tiene recambios en Planas y Sergi, que puede desdoblarse en central o lateral. Al mismo tiempo, ve a Radoja como un central más, un recurso adaptable desde el banquillo. Si las cosas se complicaran realmente, con una plaga de lesiones, tiene a Wass y Bongonda como carrileros improvisados. Tampoco duda de la aportación de la cantera, puesto que quedó convencido de las capacidades de Borja Fernández, Iglesias, Pape y Rioja; y, a mayores, tiene a De Paz y Alende –recién ascendidos al filial– y al uruguayo Lucas Olaza como reservas para la defensa.

Aún con todas estas soluciones, no se puede negar que existe un riesgo; pero es la personalidad del entrenador la que decide, la que propone una plantilla corta para maximizar la satisfacción del vestuario, la que apuesta por un Celta marcadamente ofensivo. Sí podría reconsiderarse un perfil diferente para la quinta y última incorporación, un tipo de jugador de probada utilidad en el fútbol contemporáneo: un lateral largo, todoterreno, físico y profundo –semejante al Aleix Vidal que exprimió Emery en el Sevilla, o Isla con Chile–, cambiante en función de cómo se presente el partido. 

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