Dejan Drazić: un añadido de alto voltaje

Pura energía ofensiva. Dejan Drazic es un jugador vistoso, intenso e impredecible. Un joven especial, a la vista está, peligroso en las distancias cortas y un depredador con espacios, que confía su fútbol a una diestra elegante. El ’10’ del OFK Belgrado con 19 años, campeón mundial con la Serbia sub-veinte: una promesa entre promesas en la excepcional generación 1995 del país balcánico. 

Fino y eléctrico, habitual del ala izquierda, Drazic está cómodo en todo el frente ofensivo.  Es un extremo moderno, completo, hábil pasador, y que siempre tiene la portería en la mira. Busca con frecuencia el regate seco, de recorte, empleando bien el cuerpo para envolver el balón o para deshacerse del rival con un amago, o un control orientado. Gusta de atraer hacia sí la atención de los defensores, y con sus movimientos genera espacios que otros compañeros pueden aprovechar en ventaja. La combinación de estos factores técnicos con un potente cambio de ritmo lo hace incontrolable

Es marcadamente vertical: piensa y busca el hueco tras la línea defensiva, revoluciona el motor del equipo y busca hacer daño en cada gesto. Veloz con y sin balón, si tiene campo por delante exprime todo su potencial. En este sentido es un buen añadido al esquema de Berizzo, puesto que se trata de un término medio entre los finalizadores –Guidetti, Aspas, Nolito– y los pasadores –Orellana, Señé, Bongonda–. Similitudes en la vocación ofensiva, el hambre y la capacidad de definición con Santi Mina, hueco que a priori ocupará, en el costado derecho. Ello permitirá trasladar a Orellana a la mediapunta, donde mejor ha rendido el chileno, lo que a su vez implicará romper la tendencia natural de Drazic, que es jugar a pierna cambiada (en la banda opuesta). 

No supondrá demasiado problema para este jovencísimo delantero, dadas las particularidades que ha demostrado en la Superliga serbia, con movilidad e inteligencia para buscar el mínimo espacio, combinando y gambeteando en espacios reducidos, casi por instinto. Además, Drazic es capaz de definir con sencillez, un arma a veces escasa en este Celta. No en vano, con su combinado nacional ha aparecido también como delantero centro y segundo punta. 

La intensidad que transmite es producto de una actitud extrovertida y candente, factor a veces problemático que el vestuario céltico debería limitar y canalizar a través del juego colectivo. En las filas celestes encontrará un compatriota, Nemanja Radoja, que ayudará en la adaptación de un jugador todavía en formación, con actuaciones mejorables, pero que ya ha alcanzado grandes capacidades en lo futbolístico. Drazic llega ya rodado, con tres partidos oficiales entre julio y agosto, y dada su fuerte personalidad, no tardará en aparecer con fulgor a las órdenes de Eduardo Berizzo. 

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