Los dos seguidos

Las estadísticas en fútbol suelen ser números fríos y solitarios que no siempre reflejan las realidades de los equipos. Uno puede jugar muy bien, tener miles de ocasiones, y contar con un escaso número de goles a favor. El fútbol es un juego muchas veces de azar, de suerte y de estados de ánimo; si fuese por las estadísticas, se podría vislumbrar con facilidad qué equipos van a descender, a ir a Europa y a ganar la Liga (vale, esto último está a un 50%, así que es más fácil).

Pero también hay estadísticas que sí que reflejan verdades contundentes y muestran la línea vital que lleva un equipo en la temporada, sobre todo con 33 jornadas ya disputadas. El Celta, por ejemplo, llegaba a Valencia siendo el único equipo de Primera que no había sido capaz de sumar dos victorias seguidas. Eso, sin duda, es el reflejo de los altibajos que ha mostrado este año. Sólo 3 partidos consecutivos sin perder, sólo 2 empates consecutivos, sólo 3 derrotas consecutivas, 19 partidos seguidos encajando goles... Resultados que muestran una trayectoria más que irregular; estadísticas frías que, esta vez, sí que son contundentes para entender cómo respira el equipo, que sufre un constante resfriado.

Como decía, el fútbol también es suerte. Y árbitros. Muñiz Fernández decidió que no era suficiente con ir repeinado y bronceado color zanahoria para llamar la atención del público, así que interpretó una mano de Jony ligeramente apoyada en la camiseta de Aquafresca como penalti y tarjeta amarilla. De esas decisiones que, a un equipo en constante resfriado, le puede causar la baja laboral durante una semana y sumar otras dos de convalecencia. Las estadísticas famosas dicen que el Celta sólo lleva dos penaltis a favor hace tanto que ya han caído en el olvido, y el recuerdo nos dice que en Mallorca se obviaron dos que hoy le harían respirar con más comodidad; pues Muñiz señaló el sexto de la temporada en contra con la frialdad del que no paga responsabilidades. Y en el cielo de Valencia se abrió un hueco entre las nubes y la mano de esa justicia poética que algunas veces hace acto de presencia se posó sobre Barkero, un especialista, para que mandase fuera la injusticia. Del gol que hubiese llevado al equipo al proceso gripal, al fallo que dio más alas.

Y es que el equipo, a pesar de su renqueante trayectoria, mostró en el campo del Levante la cara más positiva. Juego combinativo, seriedad en defensa y llegadas por banda. Insa y Vila han encontrado un hueco en la filosofía de Abel y parecen jugadores asentados en la categoría, por lo menos más que en sus anteriores apariciones con Herrera, quizás porque no les beneficiaba el juego del equipo. Lo importante es que en el Ciudad de Valencia la suma de los elementos daba un resultado positivo. Augusto parece que se había reservado para estar en plena forma en el tramo final; Oubiña sigue siendo la manija imprescindible; Alex ha dado un paso más hacia la importancia del que se siente necesario; y Túñez recupera las virtudes que enseñaba el año pasado en Segunda. Y por no enumerar a todos. Bueno, Aspas.

Tras las críticas de Del Bosque y sus cuatro partidos de sanción, volvía a jugar. El Celta juega mejor, es mejor y disfruta más con Aspas. Krohn Dehli tiene con quién combinar, los balones largos son un peligro y el juego asociativo gana enteros. Viéndole entrar en juego (no mucho, tampoco fue una maravilla), resonaba más el daño que ha supuesto jugar sin él cuatro partidos y medio. Así que Iago era un elemento más a sumar.

Dos victorias consecutivas que pueden ser un remedio temporal para aligerar la carga del dolor de cabeza, la congestión nasal y el cansancio que supone estar resfriado y entrar en la recta final con la sensación de que las estadísticas positivas también pueden ser reflejo de una esperanza razonable. Por el momento, sumar es vital, aunque el sudor que cuesta cada punto se refleja en el sufrimiento del aficionado. Emery dijo un día que algunos partidos le restaban vida. Yo voy por los 48 años, y a este paso acabo la temporada con 65 y pidiendo la jubilación.  

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