Cuánto camino por andar

Al igual que hace un año, Berizzo prefirió acortar lo máximo posible las vacaciones del equipo. El estilo intenso que propone necesita una buena preparación previa, porque sin el tono físico adecuado se desbarata. Además, en esta ocasión existía la posibilidad de que el campeonato se iniciara una semana antes, como era deseo de Tebas; según ese calendario, lo mejor era adelantar los partidos amistosos, de manera que la primera tanda  de 4 encuentros quedó concentrada en 8 días. Nos encontramos justo tras ese acelerón, después de 20 días de entrenamientos y con otras tantas jornadas por delante. Balance: una victoria –Greuther–, un empate –Núremberg– y dos derrotas –Galatasaray e Ingolstadt–, por ese orden.

Forma física

En un intento por evitar los errores de la campaña anterior, el preparador Pablo Fernández ha escogido un plan más ligero, con menos fuerza y menos sesiones semanales. El cuerpo técnico no quiere que nadie quede fuera de este periodo de preparación, y, de paso, se busca postergar la llegada del pico físico hasta el otoño. En general el resultado está siendo el esperado, con todo el plantel en un estado similar de forma, incluidos canteranos. 

Este hecho ha quedado empañado por la carga de partidos que el Celta ha afrontado con tan poco margen. La secuencia era de esperar: goleada al Greuther, un día de descanso, y soso empate ante el Nuremberg; recuperación, exhibición de solvencia frente al Galatasaray, y torpe derrota en casa del Ingolstadt. De ahora al comienzo de la Liga, el 23 de agosto, queda tiempo de sobra para equilibrar las cargas y aumentar la resistencia individual de todos los componentes.

Aspecto mental

Intensidad, demasiada intensidad. Berizzo ha logrado instalar una especie de pundonor, de orgullo competitivo, que ha hecho del Celta una máquina constante de presión y ataque, de velocidad en busca de la portería contraria. Claro que, a estas alturas, con el calor, el cansancio de las sesiones dobles y rivales siempre férreos –los amistosos no se escogen al azar– esta buena cualidad ha devenido en agresividad tóxica. Los jugadores celestes no han tenido apenas gestos feos, pero han caído una y otra vez en las provocaciones de oponentes con abundante experiencia. Las peleas a pie de campo desactivan los mecanismos adquiridos y en nada ayudan a progresar, siendo además una mácula en el escudo. Bien conducida, esta agresividad puede ser una garantía de éxito. 

Nivel de juego

Un edificio incompleto sobre sólidos cimientos. Si bien la idea está perfectamente arraigada, ciertas carencias han limitado el comportamiento del conjunto olívico ante los rivales más intensos, Núremberg e Ingolstadt. El juego posicional y la creatividad permanecen a un alto nivel, pero la transición defensa-ataque está resultando un tormento. Los minutos de mayor claridad han coincidido con la presencia de tres centrocampistas fuertes y creativos, Augusto, Wass y Hernández. 

En cualquier otra combinación el rendimiento se resiente: con Radoja de pivote se pierde verticalidad, con Aspas escasean las ayudas, y Borja no acaba de aportar la flexibilidad requerida. A mayores, la ausencia de Nolito ha dejado a Orellana como el único capaz de crear juego por banda. Por último, ni Sergi ni Fontás han estado muy atinados en el pase, lo que limita seriamente las opciones de salir con la pelota jugada desde la defensa. Como resultado, cada vez que el Celta se ha sentido presionado ha rifado el balón; y sin la capacidad de igualar el ritmo de los equipos de la Bundesliga, resultó imposible recuperar arriba para hacer daño y controlar al rival. 

Al margen de este problema, el más significativo de momento, a los de Berizzo le está costando ganar los rechaces y aprovechar las ocasiones generadas. El desempeño en las áreas, sin ser malo, no está siendo convincente, con errores inexplicables en defensa y en ataque. Junto con las transiciones, el cuerpo técnico deberá trabajar la dinámica en las zonas en la que se deciden los partidos. 

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