Paciencia con la cantera

Justo en un momento de gasto inaudito en la historia reciente del Celta, el presidente Mouriño sacó pecho al hablar de cantera. Las declaraciones, incontestables, levantaron ascuas entre los más acérrimos defensores del protagonismo de la academia, un asunto de discordia desde que el primer equipo se afirmó en los terrenos de Primera División. Parece que sigue pasando desapercibido el hecho de que el filial, discreto y corto de efectivos, apenas es capaz de mantener la categoría. 

 

Han sido dos entrenadores distintos los encargados de certificar que el producto vigués, de innegable calidad, lo tiene difícil en un entorno tan exigente como la Liga. De aquellos chavales del ascenso, que brillaban y volaban con Herrera, quedan ya pocos. A esta carencia hemos de añadir el pobre desempeño del ‘B’, hace tiempo superado en todas las quinielas por los compañeros del Juvenil, que aún están a tiempo de, como se dice comúnmente, ‘explotar’ y dar rienda suelta a la calidad que atesoran. 

La cantera del Celta es un proyecto de escasa antigüedad. Hasta hace bien poco apenas existían convenios de colaboración con otras escuelas de fútbol base, como tampoco existía conexión entre las distintas secciones de A Madroa. El club tuvo suerte, en las horas más bajas, de contar con una quinta excepcional, completa y diversa, de futbolistas con madurez y condiciones técnicas para asaltar de nuevo la máxima categoría del balompié español. Con un poco de ayuda y un mucho de necesidad, la cantera se convirtió en un emblema cuando aún no estaba del todo profesionalizada, lo que ha provocado falta de continuidad y relevo generacional.

Precisamente, es la inconsistencia del filial lo que está lastrando el rendimiento individual y la progresión de los aspirantes al primer equipo: con resultados a menudo adversos, cuando no insalvables, poco puede hacer cualquier jugador por reinventarse y encontrar la mejor versión de sí mismo. No podemos olvidar, por otra parte, que los que hoy podrían conformar la columna vertebral de la cantera partieron hace tiempo: Joselu, Rodrigo, Denis. 

La confianza en la cantera sigue ahí, por mucho que este Celta haya crecido hasta eclipsar las categorías inferiores. Para formar chicos en las mejores condiciones hacen falta dinero y tiempo, dos elementos que han quedado garantizados gracias al salto de calidad del primer equipo. Berizzo tiene grandes planes para Aspas, a quien ve titular por detrás del delantero centro, y confianza ciega en los dos laterales de la casa. En la portería sólo puede ganar A Madroa. Y contará de nuevo con Borja Fernández y Borja Iglesias, los dos jóvenes con mejor condición física del Celta B; requisito a menudo olvidado, pero crucial en un campeonato tan vertiginoso y con rivales de intachable experiencia. 

El momento de estos talentos aún está por llegar. Hasta entonces, es un contrasentido reclamar más canteranos en el once titular. Con A Madroa, paciencia; apenas ha empezado a funcionar.

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