A vueltas con el 4-3-3

Llegaba el Córdoba y el Celta seguía en cortocircuito. En lo que se suele llamar un ‘ataque de entrenador’, Berizzo puso a todos los rebeldes en el campo y cambió el esquema para reiniciar el viciado sistema. Abandonó el 4-3-3 sagrado y escogió el esquema más parecido dentro de su idea de juego, el 4-2-3-1. El cambio fue instantáneo, y de ahí a final de temporada, el equipo rindió con más constancia. Primero, porque la pareja Krohn-Dehli más Augusto, que ya había probado ante el Valencia, rindió increíblemente bien; y segundo, porque las tareas de los jugadores quedaron mejor definidas.

 

La virtud del 4-2-3-1, de manera resumida, está en que ordena a los propios y despista al contrario. Transiciones rápidas, fortaleza defensiva y posiciones claras, justo lo que necesitaba aquel Celta dubitativo. Pero llega una nueva temporada –nos frotamos las manos– y el técnico argentino quiere un paso más, integrando a los nuevos fichajes y a los que se quedaron atrás durante la campaña anterior. Otro aspecto a considerar es la falta de Krohn-Dehli, que hacía funcionar cualquier cosa. Como bielsista que es, la idea base de Berizzo es encontrar la forma idónea de ocupar todos los espacios, para ahogar al contrario y que la posesión resulte fluida. Equilibrio, control, adaptabilidad, propiedades inherentes al 4-3-3.

 

Más allá de los matices –el fútbol siempre son 11 contra 11–, la disposición de los jugadores determina quiénes tienen minutos y quiénes son los más favorecidos por el juego. Retomar la formación con tres centrocampistas devolvería a Orellana a la banda, facilitando el regreso de Radoja, muy cómodo como eje de la medular (‘hombre ancla’). Conformaría además un banco de pruebas para Daniel Wass, proyecto de futbolista total, quien tendría un hueco en la banda, de donde es natural, y al mismo tiempo pegado a la zona de construcción, con la escolta de dos compañeros que cubran su inexperiencia. 

 

De optar por la continuidad del 4-2-3-1, otros nombres serían los destacados. Álex López demostró en Mestalla que donde mejor rinde es en el doble pivote, donde se asentó junto a Oubiña en la era Paco Herrera. Sería el faro céltico, el hombre que aporta tranquilidad y ajusta las pulsaciones de los compañeros. Pablo Hernández, del que el Toto espera grandes cosas, también se desenvuelve mejor más centrado, bien en el pivote o de mediapunta, ya que aporta control y fortaleza física. Con esta disposición se abre también la alternancia entre Orellana y Wass por los puestos en la línea de tres cuartos de campo.

 

No obstante, este esquema dejó algunas dudas, por la rigidez y por el reparto de esfuerzos. Sin Krohn-Dehli, el pulmón celeste durante nueve meses, el doble pivote podría no funcionar: Berizzo tendría que escoger entre acompañar a Augusto con alguien creativo (Álex, Tucu), o un compañero con gran porte físico (Radoja, Borja). Nadie combina ambos ahora mismo. Esta cuestión podría empujar al argentino a incorporar otro jugador, para así equilibrar las características del centro del campo, siguiendo la idea que le hizo campeón en O’Higgins.

 

                         

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