Demasiado pronto, Santi

La salida de Mina ha supuesto un ligero shock para el celtismo. Por el contenido de la propia noticia pero también por el continente. La rapidez que ha tenido para despuntar en el fútbol la ha tenido también en el mercado. Silencioso, al joven canterano le ha dado tiempo a pasar reconocimiento médico, firmar su contrato y fotografiarse con la manida china del Valencia sin que nadie se enterase de nada para abandonar el Celta casi por la puerta de atrás. Un hecho, el de irse, que duele casi más por la forma que por la propia salida. Al fin y al cabo todos sabíamos que acabaría saliendo.

Se hartó de repetir Santi Mina esta temporada, especialmente cuando empezó a contar para Berizzo, que el Celta era su único objetivo. Quería triunfar aquí. Lo aseguró en varias ocasiones, y ahí está la hemeroteca para recordarlo. Quizá el concepto de triunfar que tiene el bueno de Santi es diferente al que tiene el resto de la población, porque lo cierto es que se va sin triunfar. En el Celta fue promesa, canterano ilustre y, ya en los últimos meses, comenzó a despuntar mostrándose como el gran futbolista que seguro será. Pero se va sin dar lo que, por edad y momento, podía dar enfundado en la celeste. Se va sin dar lo que Aspas, por poner un ejemplo similar, dio. Se va sin ser líder y sin ser referencia. Se va sin el reconocimiento de la afición. Porque Mina estaba llamado, aunque fuera por poco tiempo, a encabezar otra gran generación de canteranos. Pero decidió, con 19 años, que el Celta le quedaba pequeño.

La historia de su marcha empezó a escribirse el día que se alió con Jorge Mendes. Todos sabíamos que Santi acabaría haciendo las maletas, pero nadie sospechaba que fuera tan pronto. El súperagente necesita mover su producto para seguir haciéndose de oro y poco le importan los vínculos emocionales. No entiende ni de cantera ni de ideales de club. Los suyos se cuentan en billetes de 500. Los mismos con los que convenció al futbolista vigués cuando aquella tarde un ayudante suyo le llamó a su móvil. Mina sabía que ligar su nombre al portugués significaba salir de Vigo cuanto antes para tener pronto en mano un contrato con más de cinco ceros. El Valencia, socio idóneo del también agente de Cristiano Ronaldo, puso el dinero y el resto ya lo conocen.

El Celta, todo hay que decirlo, facilitó la operación. La dirección del club daba por perdido al jugador hacía ya varios días. Pero quizá el error estuvo en ponerle a tu joya de la cantera tan ridícula cifra. 10 millones que ahora son algo pero que en poco tiempo pueden ser tremendamente escasos. Son ya varios los canteranos de nivel que, por un motivo u otro, salen de Vigo demasiado fácil. Primero eran las dificultades económicas. Pero ahora que la potencia monetaria es considerablemente mayor, el producto de la casa sigue sin cuidarse. La política de sueldos bajísimos en los canteranos comparados con el resto de equipos españoles y las cláusulas tan accesibles convierten a las piezas clave de A Madroa en caramelos golosos y facilones para cualquiera con un mínimo de liquidez. Y no hay visos de que la cosa vaya a mejorar. De puertas para dentro, buena parte de los canteranos están descontentos con cómo lleva el club sus asuntos. Muchos se sienten poco valorados, especialmente en estos años donde las libertades económicas permitirían cuidar mejor el producto de A Madroa. Pero prima más mimar lo de fuera que apoyar lo de dentro. Poco adecuado para un club que dice ser de cantera.

El caso es que, se mire por donde se mire, parece una operación donde pierden demasiadas partes. Para empezar, el Celta y el propio Santi Mina. El primero porque se queda sin su principal referente de la cantera. El segundo, porque con 19 años toma una decisión que le aleja de mala forma del club que le vio nacer para irse a un equipo que sólo le asegura dinero. Ni minutos –tiene a una retahíla de jugadores consagrados por delante- ni el trato que tenía ganado en Vigo. Con las facilidades que dio el Celta no sabiendo atarlo, Mendes supo llenar de pájaros la cabeza del jugador para seguir sumando ceros a su inabarcable cuenta bancaria y de paso ayudar a un Valencia que sigue buscando cierta estabilidad.

Su marcha duele pero no hay herida que el tiempo no cure. Se han ido muchos, mejores y peores, y aquí sigue el Celta, soñando con ser cada día más grandes y creciendo temporada tras temporada. Apena porque estaba llamado a ser uno de los que al fin podría triunfar en el equipo de su ciudad. El ambiente y el momento eran los precisos. Pero decidió que el Celta era poca cosa ya para él. Demasiado pronto, Santi.

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