Los siete momentos de la temporada

Un inicio prometedor

La temporada comenzó con una victoria en casa frente al Getafe por 3 goles a 1. Pero aquel partido supuso más que un triunfo; supuso el inicio más prometedor de los últimos años en la máxima categoría nacional del “deporte rey”. Desde nuestro esperado ascenso, siempre se nos habían atravesado los prolegómenos de las campañas, y de los anteriores cinco años… mejor ni hablar. El Celta de Berizzo se plantó sobre el césped de Balaídos valiente, asfixiando a su rival en su propio campo e imponiéndose al conjunto azulón con el acierto del tridente que tantas alegrías iba a darnos posteriormente: Nolito, Larrivey y Orellana. Había razones para soñar.

 

La fortuna, de nuestro lado

Tras varios empates que mantuvieron al equipo en la “zona noble”, se produjeron los mal llamados “milagros” de las jornadas 4 y 5. Primero, asaltamos el feudo del que era vigente campeón de Liga: aquel 2-2 del Calderón será siempre recordado por el aficionado rojiblanco, y por el celeste. Al primero, porque le supuso comenzar su distanciamiento con respecto a los líderes, Barça y Madrid, y al segundo, porque vivió uno de los mejores goles que se recuerdan por un jugador del Celta en Primera División. Pedro Pablo Hernández, el “Tucu”, se inventaba un remate de espuela que acababa en las redes de la meta defendida por Moyá. Un 2-2 que confirmaba la dinámica del equipo, dinámica que quedaría ratificada la jornada siguiente frente al Deportivo en casa. Con Sergio Álvarez (una vez más) erigiéndose como protagonista al detener un penalti en las postrimerías del encuentro, la victoria frente al eterno rival no hacía más que asentar al Celta como candidato serio a los puestos europeos.

 

Una victoria histórica, y una maldición.

En la jornada 10 llegó la cota máxima de felicidad y rendimiento en el seno del equipo. 0-1 en el Camp Nou. Un triunfo sobre los blaugrana en Liga y en su campo 72 años después. Los Sergio, Krohn, y Nolito se superponían a los Messi, Iniesta, Piqué y Neymar. Prodigioso. Pero también prólogo a la nefasta racha que se produciría inmediatamente después. Ocho jornadas tuvieron que sucederse hasta que logramos empatar a 1 aquel partido frente a un Valencia en gran estado de forma. Una sequía goleadora que nos dejó a tan sólo media hora de superar el récord histórico de la Liga. Algo impensable ocho jornadas atrás. Y todavía restaban otras dos derrotas por sufrir para completar las diez sin conocer la victoria. Una nefasta racha que llevó a los nuestros desde Europa hasta el puesto 12, y al entrenador hasta su ultimátum.

 

La noche del Córdoba

El punto de inflexión de la temporada ocurrió el 31 de enero de 2015. Ante la posible destitución de Eduardo Berizzo como entrenador de los celestes tras 10 jornadas sin ganar, éste se lo jugó todo a una sola carta, o (como es el caso) a una sola jugada. En el minuto 56, Nolito marcaba a placer tras la brillante jugada y asistencia de Santi Mina. Pero no fue hasta el minuto 84 cuando el “Toto” puso toda la carne en el asador, y, como reza el refrán “de perdidos al río”. Una decisión arbitral marcó su destino: Teixeira pitó penalti a favor del Córdoba y Berizzo corrió sobre el césped de Balaídos para defender su puesto. El árbitro finalmente cambió de decisión apoyando a su asistente y presionado por la grada. El “Toto” fue expulsado y sancionado a posteriori varios encuentros, pero el Celta había vuelto a ganar, recuperando su mejor fútbol, su mejor versión.

 

Las jornadas paralelas

Cuando creíamos que los nuestros no podían sorprendernos más ni someternos a mayores altibajos emocionales, el Atlético visitó Balaídos. Y como había ocurrido en la primera vuelta, supuso una nueva alegría para la afición céltica. Con el recién estrenado doble pivote conformado por Krohn-Dehli y Augusto, el Celta secó al pobre centro del campo Atlético diseñado por Simeone. 2-0 claro, que nos volvía a aupar hacia arriba en nuestras aspiraciones. Algo que, de forma análoga se volvió a confirmar frente al Deportivo en la jornada siguiente; pero, en este caso, la victoria resultó mucho más cómoda y, para más inri, se produjo en Riazor. Un 0-2 que nos dejaba con la permanencia muy cerca y al eterno rival profundamente “tocado”.

 

La reivindicación del canterano

Después de un breve periodo “titubeante” donde daba la impresión de que los nuestros buscaban esa regularidad que tanto ansiábamos, llegó la recta final de la Liga. Aunque en juego el Celta apenas dio muestras de endeblez durante todo el año, en resultados la cosa nunca llegó a formalizarse completamente. Fue en la jornada 31, cuando Santi Mina puso finalmente “en aprietos” a Berizzo. El canterano pidió paso a golpe de (¿Four-Trick?) póquer de goles en una victoria que empata con las históricas del Celta en la máxima categoría del fútbol español. El 6-1 al Rayo en Balaídos significó tanto la reivindicación del canterano como figura del pasado reciente, presente y futuro de la entidad celeste, como la del propio Celta como conjunto serio, y letal. Aquella noche, y gracias a un demasiado arriesgado planteamiento de Paco Jémez, el Celta abrió de lleno la Caja de Pandora de lo que estaba por llegar: 5 jornadas de debate sobre una posible clasificación a competiciones europeas para la próxima campaña.

 

Un punto final esperanzador

El último partido de la temporada resultaba a priori anodino y falto de motivación para los jugador