¿Compensa vender a Nolito?

Estas dos últimas temporadas han servido para consolidar al Celta en Primera División. Para media España, hablar del Celta implica nombrar a Nolito, el andaluz que quiebra y las pone al segundo palo. Por supuesto, las impresiones que puedan tener los aficionados por el resto de la Península suelen ser incompletas, porque este equipo es mucho más, pero no dejan de ser un indicador claro de quién es el nombre propio, ese futbolista que debe aparecer cuando los demás no logran sacar el partido adelante.

El hombre que no se llevaba portadas, pero que junto a Nolito mantenía el nivel del conjunto, era Krohn-Dehli. El ‘diez’ ponía goles y asistencias; el danés, la fluidez y la constancia en la medular. Con el vikingo rumbo a Sevilla, el Celta vuelve a empezar en el centro del campo; cualquier relevo, por magnífico que resulte, necesita un tiempo dilatado para encontrar la dinámica, las asociaciones y el lugar idóneo en el campo. Ese tiempo debe surgir al amparo de un grupo que se mantiene intacto, en la medida de lo posible, y por ello sigue logrando buenos resultados. 

El caso es que ahora suenan ofertas de poderosos clubes, todas por debajo de la cláusula contractual de Nolito (18 millones), y surge la duda. Es posible que la cifra a pagar supere la valía del futbolista, y es posible que ese dinero sirva para mejorar el nivel medio del plantel. Jugosos argumentos si todo se diera en un ambiente idóneo, porque el mercado actual no lo es. 

Encontrar un reemplazo seguro para tu jugador diferencial siempre sale caro. No podemos olvidar, además, que el Celta posee el 70% de los derechos económicos del de Sanlúcar. Por otro lado, habría que calcular el impacto de Nolito en el rendimiento de sus compañeros: es el que mejor comprende a Orellana, el que asiste a Mina y el que alivia la presión sobre Larrivey, porque para parar al extremo no basta con el lateral. 

Luego está la idea de proyecto que maneja Mouriño. Vender ya no es una obligación y la solvencia invita a subir de nivel sin desprenderse de activos importantes, a menos que sea por una cifra irrechazable. Dejar ir a Nolito supondría, en primer lugar, perder un reclamo para otros futbolistas que quieran unirse al proyecto y seguir creciendo. El Celta seguiría siendo una escuela intermedia en vez de un club en el que consagrarse. Y si se aceptara una oferta por debajo de 18 millones, la imagen del presidente y de la institución quedaría en entredicho, debido al argumentario que hasta ahora ha defendido Mouriño; sin credibilidad y sin argumentos para futuras negociaciones.

Por último queda el corazón del aficionado. Ciertos chavales se ganan el aprecio de la grada y generan sintonía. Hay un valor imposible de cuantificar en este tipo de relaciones, con nombres que se erigen en símbolos de respaldo social, de ánimo y movimiento en los asientos del estadio, de mensajes en las redes y charlas de bar. Si un club no tiene esto, no tiene nada más que trabajadores en nómina y clientes habituales en un recinto que no ha pagado

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