Hay plantilla

Dijo Berizzo en Argentina, hace ya unos años, cuando aún entrenaba a Estudiantes, que son los jugadores los que dan forma a un equipo, los que ganan los partidos. En efecto, resulta imposible para un entrenador crear algo más que un entorno de trabajo sano, exigente y evolutivo, de manera que los futbolistas no sólo sean capaces de ganar el siguiente partido, sino de incrementar sus habilidades según avanza el campeonato. Transcurridos los primeros meses en Vigo, la plantilla que Eduardo aún empezaba a conocer alcanzó un nivel que asombró a propios y extraños. 

Fue antes de que el Celta viviera la cara opuesta del fútbol. Habían alcanzado la cima en el Camp Nou, pero en cuestión de dos meses todo parecía inestable, incluida la relación entre el técnico y los pupilos. Se habló de boicots, despidos y culpables, de giros en el timón y reuniones en Madrid buscando sustitutos. Era evidente que aquello no carburaba y todos debían poner de su parte, y así sucedió. Ocho semanas más tarde el equipo volvía a desafiar a los más grandes, venciendo al vigente campeón con gran sintonía anímica y de juego. ¡Qué vueltas da el fútbol!

Con dos fechas por disputarse –si es que cesa el ajetreo en los despachos– este Celta poco tiene que ver con el que arrancó la Liga en modo supersónico. De aquel primer vuelo no quedan más que las ideas, porque tanto jugadores como cuerpo técnico han evolucionado una barbaridad. Cada minuto de juego es un mundo y los cambios, aunque lentos, son profundos. No vemos ya a Berizzo empecinado en los catorce de siempre, haciendo cambios con el árbitro en las duchas, o a los muchachos exhaustos en el minuto sesenta. Si acaso vemos el rastro de algunos vicios, en momentos puntuales, con Orellana regateando a su sombra o Fontás marcando al hombre a kilómetros de la portería que defiende. Cuestión de tiempo, porque el equipo es ahora un organismo fuerte, dúctil, adaptable e inteligente, nada que ver con la máquina de repetición de principios de temporada. No en vano es el único conjunto que no está entre los seis primeros con una diferencia de goles favorable.

La calidad de esta plantilla se ha multiplicado. El entendimiento de los chicos entre sí ha destapado soluciones inéditas pero funcionales: Augusto de pivote, Radoja de lateral o central, Orellana de mediapunta. Y qué decir de la pareja de centrales, siempre en entredicho, mas siempre robusta con Fontás y Cabral. Nombres propios al lado del nombre propio del Celta, Nolito, que ahora sí, se ha completado como futbolista: sorprendente, práctico, incisivo en todas las parcelas del ataque, colectivo. Junto a ellos, jugadores antes denostados, perdidos entre las telarañas del banquillo o de la grada, como Santi Mina, que apunta a líder y delantero de época, u otros con menos cámaras encima, como Mallo, ya recuperado totalmente, o Pablo Hernández, que al fin muestra un mínimo de lo que puede llegar a ser. 

Ha sido una temporada para crecer. Hoy, la secretaría deportiva no tiene ni la mitad de huecos a cubrir que hace unos meses. La plantilla del Celta puede soportar lo que le echen. Dolerá perder a Krohn-Dehli, el que vino a enseñarles a jugar a este deporte, pero hay garantías de mantener el nivel. Y es algo para estar felices. 

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