La cara amable de la moneda

 

Una moneda lanzada al aire y sólo dos posibles resultados. Una moneda que puede caer con la cara más amarga o que puede enseñar su rostro más afable, el de la victoria. A estas alturas de temporada ya se puede decir: la gran mayoría de los partidos del Celta este año son eso, una moneda lanzada al aire. En Eibar, nos regaló la cara buena, la amable, la de los tres puntos. 

Ipurúa recogía el testigo de la mejor versión del Celta, la de seis goles a favor, la de un equipo que remontó un gol tempranero para arrasar, como un vendaval, a los de la franja rayista. Y en ese campo que desprecia el fútbol moderno, siguió la escalada hacia un sueño y certificó que la permanencia en Primera también se disfruta cuando se consigue con varias jornadas de antelación. 

Si alguien pregunta sobre la relajación de un equipo salvado en mitad de la tabla, de la carencia de tensión competitiva del que se sabe con el deber cumplido, el Celta responde de manera contundente. Y es que pocas cosas hay mejores que carecer de presión para este equipo. Cuando el resultado no es obligación, sino satisfacción, las cosas salen mejor. Así fue la temporada pasada, cuando el Celta desplegó su mejor juego de manera continua con el objetivo cumplido; y así parece que será también este año. 

Retomamos el partido en Ipurúa. La única diferencia entre el partido ante el Rayo y el del Eibar es la eficacia. Y así, en la mayoría de los encuentros de esta temporada del Celta. La capacidad del equipo, ya sea asentado con el doble pivote Augusto-Krohn o con Radoja como soporte, de generar ocasiones es su mejor virtud. El resto depende de la versión que aparezca en el césped de los jugadores al plantarse cerca del área. Orellana, por ejemplo, tiene sus momentos de estrella y sus desconexiones del juego a partes iguales. El día que toca la cara amable de la moneda, los goles llegan. El día que toca la cara amarga, se sufre. 

Ante el Rayo, cada acercamiento terminaba en celebración; ante el Eibar, en un 'uy'. Los mismos centímetros que hacen que un balón entre por la escuadra o se vaya a la grada son los que separan las dos caras de la moneda. El rostro casi se torna gris con un balón al larguero de Dídac con el partido rematado. Pero la moneda, detenida sobre el césped de canto, terminó cayendo del lado de la victoria. Ese balón al que le faltaron centímetros para ser el empate ha sido el fiel acompañante del equipo de Berizzo a lo largo del año; esos centímetros, los jueces de la temporada. Aún recuerdo partidos como el del Granada, por ejemplo, donde un Roberto lesionado e inspirado, evitó la goleada y sentó las bases de un empate injusto. Y, así, cada uno guardará en su memoria partidos de incalculables llegadas que se mezclaban con malos resultados, a veces tan seguidos que nos llevó a plantearnos el sentido de la vida del banquillo, de los esquemas, de los cambios y hasta casi de la camiseta. Aquellos partidos no diferían tanto del jugado contra el Rayo o contra el Eibar.

Ahora, sin el rigor competitivo, parece que el Celta puede aprovechar para desquitarse de los malos momentos. Acabar la temporada en alto, con flecha roja, jugando a ser juez de la Liga en casa y avistando el séptimo puesto como algo tan posible como meter seis goles en un partido o que un larguero te salve del empate. Lanzar la moneda con la claridad de que, un año más, no existe la cara amarga, la del rostro perfilado de aquel que se hacía llamar caudillo de España; esas monedas ya no existen, pasaron a mejor vida, a cajas de coleccionistas de tiempos pasados. 

En lo que queda, el Celta puede ser no sólo juez de la Liga, sino del descenso, del cuarto puesto por la Champions y, sobre todo, juez y parte de su destino. Este equipo que es como una moneda al aire y que, salvo algún momento puntual, decidió que la manera más fácil de asegurar la cara afable era mantener, por encima de todo, el ideal del fútbol que sabe jugar. 

El Celta puede ser de los equipos más peligrosos cuando la presión está en el otro lado, con la indudable habilidad de generar tantas ocasiones como centímetros falten o sobren y como veces caiga la moneda de cara sonriente. Toca se jueces, ojalá toque ser parte. 

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