Lo inimaginable

18 años. Gol en contra en el minuto uno. Y ni así se perdió. El Celta 2014/15 será eternamente recordado por gestas como la de la pasada jornada. Un Celta de tan minúsculas como preciosas efemérides. Como ocurrió en el Camp Nou, o ante el vigente campeón (dos veces), o ganando al Deportivo en la ida, en casa, y en la vuelta en su propio feudo. Ya lo decía Berizzo al término del encuentro en sala de prensa: “a prori era muy difícil imaginar un resultado semejante”. Pues sí, amigo “Toto”.

Un aciago pesimismo recorría mi cuerpo mientras descendía la calle Manuel de Castro en dirección al coliseo vigués. Lo admito. La “kriptonita” de los celestes, el Rayo Vallecano, nos visitaba; en un horario intempestivo y ante la mitad de la entrada. La cosa no pintaba bien, básicamente porque servidor apenas recordaba una victoria del Celta ante este equipo. Una vez se dio inicio a aquel encuentro, el Rayo sólo tardó unos segundos en suscribir mis peores pronósticos, y sin embargo, los nuestros reaccionaron. Iluminados por un albor divino, diferente, logramos convertir cuatro goles en una primera parte memorable. Todavía quedaba toda la segunda por delante.

En esta ocasión, me resulta muy complicado elegir a alguno de los componentes de nuestro equipo. En un partido en el que se ha vapuleado a un rival como hacía 15 años que no se conseguía, cada uno de los jugadores han brillado por sí mismos. No obstante, mención especial merece el canterano de oro. La gran Mina que debe explotar el celta de aquí en adelante (y disculpen el manido juego de palabras). Santi, un chaval de 19 años que todavía no es titular indiscutible del equipo se reivindica como goleador, primero logrando un hattrick perfecto (derecha-izquierda-cabeza), pero luego marcando un cuarto tanto que logra introducir al Celta en otro de esos curiosos datos históricos: el cuarto joven de la historia en conseguirlo… tras 80 años.

Los maestros del “claroscuro” hicieron acto de presencia una vez más para callar nuestras bocas de la mejor de las maneras. En una única pero intensa semana, pasamos de deslumbrar contra el todopoderoso Barcelona, para volver a ser el equipo errático y timorato contra el Granada… y ahora esto. Nuestro Celta es la esquizofrenia futbolística personificada. Pero hasta se le agradece; este corazón sufre arritmias cada instante, y capaces tanto de lo mejor como de lo peor, ahí aparecen los futbolistas sobre el terreno de juego para volver a sorprendernos. Una sensación de nunca saber lo que ocurrirá y que no parece agotarse se aúna con esa irregularidad, y supondrá la gran piedra en el camino de esta temporada para el recuerdo colectivo. Lástima.

Mas no es momento de lamentarse, sino de disfrutar: la permanencia se ha logrado. Un año más gozaremos de los nuestros en la élite del fútbol nacional. Un humilde equipo con alma de grande que proviene de aquella esquinita fría y lluviosa del mapa nos representará entre los mejores. Con todavía siete fechas de la vigente campaña por cumplir, el Celta podrá viajar tranquilo lo que queda y desplegar su bonito juego por los campos de la Primera división. Y no sólo de Minas, Nolitos y Krohn-dehlis viviremos estos partidos, sino también de su magnífico jefe de operaciones: Eduardo Berizzo. Todos juntos dejaremos volar nuestra imaginación, “21 puntos en juego; Europa a 7. No; eso es inimaginable...”

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