De grandes y pequeños

“Temet nosce”, el aforismo griego que fue inscrito en el umbral del templo de Apolo, en Delfos. No estaría de más que con la nueva reforma del estadio vigués escribieran esas dos palabras en cada una de las entradas: “temet nosce”, “conócete a ti mismo”. Pocos eran los que, con su indumentaria celeste, temían por la integridad del equipo frente al supremo líder de la Liga, porque éramos conscientes de las capacidades ocultas de los nuestros. Una serie de aptitudes con las que sabemos que contamos, y que sólo pueden ser contrarrestadas por la intervención del nefasto hado, o por la de un ente superior… vestido de negro.

El Celta que se enfrentó al Barcelona en la vigésimo novena jornada del campeonato doméstico fue el mismo que empató en el Calderón, hizo sufrir al Madrid, y venció en el Camp Nou en la primera vuelta. Ese Celta que maravilla y crea una perturbadora falsa ilusión de una perfección de que realmente carece. El Celta que, desde hace ya más de una década, es capaz de plantar cara a cuasi cualquier grande pero al que se le atascan los “pequeños”. Resulta amargo, pero así es: no se ganan ligas ni títulos sólo siendo grande ante los grandes, sino cuando la mentalidad colectiva sublima y el protagonista se yergue todopoderoso ante cualquier adversario. Nuestro Celta revive incesantemente el “David contra Goliat”, pero abdicando como rey en el momento climático, si se extiende esta analogía.

No soy yo un estadístico ni mucho menos, mas podría afirmar sin temor a equivocarme que de repetir diez veces este partido, perderíamos apenas dos o tres. Y además, de hacerlo ni siquiera sería culpa de los jugadores, sino de aquellos “factores extradiegéticos” de los que hablaba al principio del artículo. Fue esta la ocasión en la que tocó perder, y sin ninguna duda un poco tuvieron que ver la fatalidad y el colegiado. Vicandi Garrido, un nuevo antagonista del celtismo. Un simple trabajador que erró (de forma no intencionada claro está) en las decisiones que curiosamente más perjudicaban al Celta. Anoto: no hablo de beneficiar al grande, sino de perjudicar al pequeño; fueron los nuestros los que llevaron “la voz cantante”, por tanto los principales damnificados de todas esas interrupciones en el juego. Sólo nuestras faltas eran faltas, sólo nuestras amarillas eran amarillas, sólo nuestras manos eran manos.

Odiaría tener que caer en el tópico del árbitro para justificar la derrota, así que simplemente reflexionaré: ¿influye en un posible resultado diferente? Quizá sí, quizá no. Quizá aquel despeje de Bravo era penalti, quizá el ser tan estricto con el Celta frustró su elaboración, quizá Orellana no habría perdido el juicio si con el Barcelona se hubiese utilizado la misma “vara de medir”. Lo único que resulta obvio es que el equipo blaugrana se llevó los 3 puntos en un escenario en el cual no debió habérselos llevado. Es decir, me costaría afirmar que el Celta mereció la victoria, pero un empate no habría sorprendido a ninguno de los allí presentes… como nuestros laterales, dignos de casi cualquier selección del mundo menos de la española, por lo que parece. Y aunque Orellana continúa enfadado con el mundo, Nolito sigue algo desafortunado, y Larryvey luchando batallas perdidas, el equipo carburó y el “Toto” volvió a reivindicarse con un gran planteamiento, nudo y desenlace (véase estrategia previa, in media res y cambios efectuados).

Podríamos asegurar que el Celta está salvado con estos 35 puntos que atesora actualmente, porque da la impresión de que este año asistiremos a la permanencia más barata de la historia. Y sin embargo la rueda del destino sigue girando: el miércoles a visitar Granada, y el sábado viene el Rayo. Los que se hacen llamar “de nuestra liga”. Davides contra Davides. Sin Goliat de por medio. Todo para seguir regalándonos espectáculo y defendiendo nuestros colores. Gracias Celta por seguir dando guerra en primera división, y gracias por espectáculos como el ofrecido ante el Barcelona. Gracias Rey David.

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