Amodiño, Celta

Un deportista necesita objetivos. La indefinición es peligrosa, porque la falta de perspectiva desorienta la mente humana: necesitan, necesitamos saber qué esperar de nosotros mismos. Ilusión para crecer, tranquilidad para mantenerse, urgencia para sobrevivir. Pasar de un estadio a otro crea vértigo, y esa sensación es la que ha ido lastrando al Celta esta temporada: sin saber del todo por qué competir, los futbolistas no han podido realizar la autocrítica más adecuada, pasando de actuaciones asombrosas a otras irreconocibles, no por el estilo, sino por la repetición de errores, de falta de intensidad o de excesivo nerviosismo. 

Sólo el tiempo pone las cosas en su sitio. Pero a estas alturas los chicos de Berizzo siguen en la misma situación que a comienzos de la campaña, clavando la senda que siguieron con Luis Enrique hace doce meses; sólo dos puntos positivos separan este Celta del que terminó octavo la 13/14. Mientras, surgen pequeñas contradicciones en el vestuario celeste, tales como afirmar que el objetivo es la salvación y acto seguido declarar que, con margen de sobra para continuar en la categoría, la puntuación es un 7. Faltan tres unidades hasta la perfección, porque el objetivo sentido es Europa. De nuevo la indefinición.

El primer equipo debe ir a la misma velocidad que el club. La junta directiva ha sentado las bases para un crecimiento sostenido, mas queda bastante por hacer en ese sentido. El filial acaba de entrar en descenso, después de conservar la categoría usando la chequera, mientras que el Juvenil División de Honor lo tiene hecho para volver a ser campeón. La cantera no puede erigirse sobre vaivenes, todas las líneas han de ir en ascendente y asegurar un nivel de aprendizaje máximo. El Celta tiene una responsabilidad adquirida en la formación que no debe abandonar: es seña de identidad y, además, se ha demostrado que el capital humano propio es una garantía de estabilidad deportiva y financiera. 

La progresión a nivel club pasa por mantener una política firme, con continuidad en los banquillos y comunicación entre los diversos cuerpos técnicos, la progresiva mejora de las instalaciones, la ampliación de los servicios auxiliares tales como la asesoría técnica, nutrición, recuperación o psicología, una red de ‘scouting’ bien estructurada y formada, que ayude tanto con los talentos jóvenes como en fichajes, y el cuidado de las relaciones con la afición, en definitiva, la imagen que la institución proyecta hacia el exterior, con todo lo que ello implica.

Sabiendo que en ningún momento el cuadro de Berizzo puede adelantarse al resto del club, queda mucho por hacer hasta verano. Siempre con la filosofía del protagonismo, la que espera la afición porque entiende las posibilidades del grupo, este Celta ha de luchar por cada partido. Cada minuto de aquí a junio supone una nueva oportunidad para reinventarse, para dotar de experiencia ganadora a los jugadores, sobre todo a los menos habituales. La triunfal continuidad de ‘Lucho’ en los últimos compases de la temporada pasada demostró a los célticos el nivel futbolístico que atesoran, les dio confianza, y pistas sobre cómo mejorar en el futuro inminente. 

La salvación llegará haciendo las cosas bien, sin obsesiones. Y de este año irregular los chavales deben sacar una lección: la ilusión ha de crecer por sí sola, día a día, y en el momento en el que el grupo ya no pueda contener esa ilusión, el camino ya estará andado y sólo cabrá crecer. La única exigencia posible es la de la identidad, porque nadie sino el que la porta puede hacerla desaparecer. 

 

El Villarreal es el espejo

El club ‘groguet’ es uno de los más aceptados y populares de España. Después de ascender por segunda vez a Primera División en el año 2000, el submarino amarillo encandenó nueve años de grandes registros, con varias clasificaciones europeas, amén de un subcampeonato y un tercer puesto en la competición regular doméstica. Poco a poco fue juntando una nómina de jugadores impresionante, entre los que destacaron Riquelme, Senna, Forlán, Cazorla, Arruabarrena, Pepe Reina, Nilmar, Rossi, Diego López o Godín. Las mejores temporadas coincidieron con el técnico Pellegrini, quien estuvo un lustro al frente del banquillo de El Madrigal. 

El apoyo empresarial de Roig, propietario y presidente, y de la cerámica castellonense (Pamesa), no ha impedido que el Villarreal haya construido una de las canteras más prolíficas de Europa, siendo la única con dos ciudades deportivas. Esta fortaleza permitió al club recuperarse del descenso acontecido en 2012 y retornar a lo más alto de la Liga BBVA en apenas dos años. En el presente, diez jugadores de la primera plantilla proceden del filial, la mayoría titulares o habituales: Mario Gaspar, Musacchio, Trigueros, Jaume Costa, Moi Gómez, Bruno Soriano, Sergio Marcos, Nahuel, Adrián Marín y Juan Carlos.

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