O Noso Derbi, para nosotros

Sonó un cristal roto. Una botella de Estrella Galicia se había estampado contra la acera. La llegada del autobús del Celta era un estruendo de alaridos e improperios. Minutos antes me había enfrentado a la muchedumbre. Detrás de una valla amarilla, fina y fácil de mover, los aficionados del Deportivo se agolpaban a la espera del rival. Me sentía uno contra todos. Solo ante aquellas bocas abiertas incitando al salto para ser uno de ellos. Yo no lo era. Estaba inmóvil. 

A Riazor, los que trabajamos para los medios a pie de campo no podemos pasar hasta media hora antes de que comience el partido. Cuando sales al césped, las gradas ya están pobladas. Te pierdes, allí, uno de los mejores momentos: el de entrar dos horas antes del pitido inicial e ir investigando el estadio desnudo, las gradas vacías que en pocos minutos comenzarán a llenarse como una colonia de hormigas en plena faena. Al entrar con el estadio ya caliente, tu periodo de adaptación es mínimo. Los sonidos son más difíciles de distinguir y los jugadores ya están calentando desde hace un rato. 

Busqué infiltrados. Aficionados celestes en la grada local. Los había, orgulloso con bufandas y camisetas. “¡Afouteza e corazón!”, gritó un señor al sentirse observado por la cámara con su bufanda estirada. Otro posaba como Ana Obregón en verano, pero sin bikini y con abrigo y bufanda. A su lado, su amigo con la camiseta del Deportivo. Cerca de él, cuatro niños mostraban su rechazo al celeste: “ANTI CELTA”. Me sentía solo en el césped, pero más acompañado. 

El partido lo vimos todos. Era un derbi, un momento congelado en la temporada en el que poco importa cómo lleguen los equipos, porque deben de darlo todo. También sabía que era como un torneo menor: el que gana lo festeja; el que pierde, resta importancia. Dijo Víctor Fernández que el Celta ganó en las áreas. Toda la razón. Y porque Sergio a veces se pone el disfraz de gato y porque Krohn-Dehli se conoce el fútbol de la A a la Z. Quizás, el danés regale lo mejor que tiene justo antes de irte. Para la afición, para el equipo o en beneficio propio. Lo que sea, pero que lo haga, porque lo hace muy bien. Más alerta que ninguno estaba Charles, que braceaba en cada balón contra Sidney y Lopo, al que terminó expulsando. 

Pero el impulso real del derbi suele venir desde la grada. Y Riazor era un espectáculo, la recreación de una batalla ancestral a base de cánticos. El “Vigo no” enfrentado al “Sólo hay un Deportivo”. Cruces de cánticos que recorrían la grada contra gargantas potenciando un 'recuncho' de forajidos. La épica que se jugaba en el césped y que se entonaba desde arriba. 'O noso derbi' en plena efervescencia. 

Pero el determinante posesivo tornó con los dos goles del Celta. Ese 'noso' no englobaba, acotaba. El derbi era nuestro, en el césped y, cada vez más, en la grada. Estalló para corroborarlo la Rianxeira. Con el pitido final, se tiró de ironía. La megafonía soltaba el himno del rival que fue coreado por la parte celeste del estadio. “¡Siempre Vigo no!”, siguieron entonando, en una forma brillante de reducción al absurdo. Los tres puntos agudizaban el ingenio, la seguridad, la fina crítica al canto recibido, mientras varios, los que alcanzaba a ver, se llevaban la mano a la oreja esperando respuesta. 

Tardó, pero el equipo salió. Salió a brindar la victoria. “Parece que habéis ganado un título”, trataban de increpar algunos en las redes sociales. Esa, la forma de quedarse con el contenido antes que con el continente. Brindaron tres puntos a los que viajaron a dejarse el alma, a los que sintieron las heridas de los autobuses, a los que confiaron que nos iríamos con 3 puntos de Riazor y que no era una ocasión para andarse con remilgos. Que había que viajar sí o sí. 

Mouriño escondió su emoción saltando poco antes que los jugadores, y Berizzo regalaba declaraciones sobre el césped derrotado. Y los valientes se retiraron después del fogueo con los ídolos; salían por la vomitorio del estadio con los brazos alzados y aún cantando. Era la imagen final del que fue nuestro derbi. Nuestro. Celeste. 

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