Borja Fernández: la apuesta de David de Dios

La tortuosa campaña del Celta B tuvo algunas notas positivas, a pesar del descenso de los pupilos. Analizada globalmente, se cumplió el objetivo primordial de cualquier equipo filial: fortalecer el futuro de la entidad a través de la formación de jóvenes talentos, poniendo a prueba la madurez de grandes promesas y testando las capacidades del cuerpo técnico. También solventó la brecha generacional que amenazaba con vaciar al conjunto, con canteranos que no acababan de cuajar –Maceira, De Vicente, Añón– y prodigios adelantados a su edad –Yelko, Jordan–. A esto hay que añadir la meteórica progresión de otros como Mina o Costas, nombres propios del fulgurante paso de Luis Enrique. 

Uno de los mayores inconvenientes que tuvo que afrontar De Dios fue dotar al esquema de un hombre ‘ancla’, que aportase fluidez y equilibrio en la línea de medios. Javi Rey, llegado del Lugo con vistas a ser un jugador trascendente en ese rol, se borró para aparecer con cuentagotas, cuando las lesiones se lo permitieron. Borja Domínguez, un pivote similar a su tocayo Oubiña en todas las facetas, actuó con irregularidad, rehuyendo el protagonismo que sus características demandan, ya que sin balón es un jugador discreto.

Con la demarcación desierta, el preparador céltico buscó dar carpetazo a dos problemas de forma simultánea. Para atajar la disputa entre los distintos interiores, retrasó la posición de Borja Fernández, recién ascendido con dieciocho años, en lo que a priori era una decisión perjudicial para el perfil del canterano. No obstante, la paciencia y la inteligencia del futbolista para aprovechar su calidad física y técnica otorgaron otro aire al equipo, más vivaz y demostrando mayor solidez defensiva. Borja supo reconvertirse hasta sentirse cómodo en la posición, dejando de lado su aportación en ataque para emplearse con mayor diligencia en el robo. 

Buena parte del mérito de esta transformación es de David De Dios, que en una apuesta más bien arriesgada dotó al joven de las herramientas tácticas necesarias, valiéndose de su gran capacidad de lectura, la rapidez en la decisión, redirigiendo un físico más propio de un interior hacia funciones más oscuras. Fernández aprendía rápido, y poseía unas enormes cualidades innatas; y había que dirigirlo bien hacia el lado ofensivo, puro instinto, o bien moldear una mente más fría, menos ambiciosa pero igualmente segura. 

El rendimiento en el pivote no defraudó. La secretaría deportiva así se lo hizo saber a Berizzo en cuanto comenzó la planificación; el argentino no ha dejado de observarlo desde que comenzó la pretemporada, dilatando la contratación de otro centrocampista. Alineado como titular de forma consecutiva ante Bouzas, Norwich y Wolverhampton, el vigués se postula como un habitual de las convocatorias del primer equipo. 

El nuevo entrenador no está convencido con las opciones de Fontás o Krohn-Dehli, a los que prefiere en otras posiciones, mientras que tampoco puede confiar en Oubiña. Los partidos en que el capitán no esté disponible, Fernández puede ser el recambio del internacional danés o de un fichaje que no termina de fraguar. Tampoco sería positivo que abandonase el ‘B’, del que es pieza importante, y en el que aún debe asentarse y completarse como futbolista. El 16 de agosto cumplirá diecinueve años.

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