El Celta de Berizzo (III): delanteros

“Cuando me llegaba la pelota, la machacaba dentro”

– Gerd Müller

Probablemente el arte del gol esconde muchos más secretos, pero la lacónica frase del legendario bombardero alemán define la esencia de este deporte: la primacía del gol sobre todas las cosas, el gol como único objetivo tangible. La eficacia de Müller acabó, entre otros, con el sueño mundialista de la naranja mecánica de Cruyff. En aquel lejano 1974, pesó más la fiable maquinaria teutona que el revolucionario fútbol total inspirado por Rinus Michels.

Aquella Alemania de ilustres nombres, Beckenbauer, Schwarzenbeck, Hoeness, Breitner, no era el equipo más goleador. De hecho, se enfrentó a dos combinados con mejores estadísticas, en lo que a conversiones se refiere, y sin embargo se impuso a ambos. Dejó en la cuneta de las semifinales a la Polonia de Grzegorz Lato, máximo artillero del torneo con siete aciertos (de un total de dieciséis), para luego encontrarse en la final a la oranje, que terminó con quince goles a favor. Los germanos lograron un total de trece, como el desafiante dorsal de Müller.

Datos a un lado, el revés de los neerlandeses recordó la importancia de la eficacia sobre la belleza, la máxima que siempre persiguió el ahora tetracampeón mundial. Cuando las circunstancias son adversas, las ocasiones escasas, hacen falta recursos alternativos. Algo parecido debía pensar Luis Enrique –vuelta al Celta– hasta que Nolito recuperó la musa que había olvidado en Lisboa. El de Sanlúcar se vistió la zamarra blanca, cambió el ’10’ habitual por el ’13’, y alcanzó las catorce dianas gracias a un último tercio de competición de éxtasis. El carioca Charles, que venía con un pichichi de plata bajo el brazo, anduvo ocupado en otros asuntos –más físicos, de desgaste, se podría decir– y se quedó en la docena.

En la primera mitad de la competición, Nolito sólo anotó en tres ocasiones; su rendimiento, por debajo de lo esperado, hizo que Orellana ocupase la banda izquierda, mientras que Augusto se hacía cargo del otro costado. El andaluz seguía la estela de un Celta incapaz, acomplejado, titubeante, que no obstante endosó una manita a los boquerones. Para alivio de los seguidores, en febrero cambió el cuento, el equipo se desmelenó, golpeando primero, transformando el dominio en verticalidad, la ofensiva en determinación y la decisión en certeza. El gol como factor de desequilibrio. Eficacia. ¿Modelo a imitar?

El nuevo sistema ofensivo de Berizzo es asemejable al empleado el año pasado, con un fondo idéntico –presión, intensidad, verticalidad, frecuencia–, aunque con diferencias en cuanto al tempo y el posicionamiento. Se encuentra también una plantilla cuasi idéntica, con la misma carencia en el disparo, con la falta reseñable del pequeño y desequilibrante Rafinha, y con la incorporación del ariete Larrivey. 

La no sustitución del hijo de Mazinho, en unión a la idea de juego del entrenador, hacen presagiar que Augusto abandonará el superpoblado centro del campo para recuperar su viejo rol en la delantera, junto a la cal. El subcampeón mundialista se adapta a la perfección al tipo de extremo solicitado: físico, móvil, incisivo al espacio y sacrificado en fase defensiva.

La táctica
Y es que el Toto reserva un papel especial a los extremos, dos alas que deben crear la amplitud necesaria para que el balón llegue al último cuarto de campo. La conjunción de ambos causa confusión en la zaga, bien aprovechando la marca de los centrales sobre el delantero de referencia, buscando el espacio tras el lateral, o bien ayudando a triangular para desactivar al interior o pivote contrarios.

Superada la primera línea defensiva, el extremo se cierra parcialmente para recibir el esférico, dejando la banda para la progresión del lateral, y el carril central para los dos volantes en llegada. Mientras, el ‘nueve’ se afana en buscar una diagonal favorable. Con esta disposición, el hombre con el balón cuenta con, al menos, tres apoyos por delante, por lo que el ataque es fluido. Sigue habiendo espacio para las individualidades, para buscar un ángulo de disparo, o para asistir al corazón del área.

Esta demarcación más retrasada en el ataque posicional supone una diferencia con la temporada anterior, en la que jugadores como Orellana, Nolito o Augusto podían moverse con mayor libertad. Berizzo no renuncia a la alternancia de posiciones, sin embargo prefiere dar protagonismo a otros integrantes en los metros finales. Sin duda, una gran noticia para especialistas de la llegada, como Álex López, o el recién incorporado Pablo Hernández. Las opciones de gol de los extremos siguen ahí, pero con tintes de oportunista, de aparición por sorpresa en el punto indicado.

Las piezas
Dos celestes, con diecinueve goles entre ambos, deben adaptarse a esta nueva condición. Uno, Nolito, es el que más trabajo tiene al respecto; no obstante, la facilidad con la que encara y marca –eficacia– le reservan un puesto más que merecido en su banda natural, la izquierda. El otro, Fabián Orellana, tiene más recorrido y desborde, pero su falta de confianza, que tanto le penaliza hacia el gol, le resta opciones de poder competir con Augusto en el otro lado del frente. A su favor tiene que es un jugador especial, imprevisible, un ninja futbolístico del agrado de Berizzo, y que además llegará más rodado, al comenzar antes la pretemporada que Fernández.

Otros dos alas deben sumarse a los ya mencionados, los canteranos Santi Mina y Fernán Ferreiroa. El popular Mina ha desempeñado con facilidad por la izquierda, donde se siente cómodo y puede explotar su fortaleza física; la entrega del vigués siempre garantiza una aportación óptima y tiene el aval de tres goles en la temporada de su debut, cifra nada desdeñable dada su inexperiencia. Con Larrivey y Charles por el centro, sus opciones han disminuido drásticamente, y se antoja imprescindible un salto cualitativo para que continúe siendo un revulsivo digno de incluir en las convocatorias.

Por su parte, Ferreiroa, de la misma quinta y que viene de un año discreto en el filial, también comparece en el ‘stage’ de Marbella. Competitivo y dinámico, es un extremo por la derecha, ágil, de gran pegada y buen regateador, que también puede alinearse como segundo delantero. A pesar de que De Dios apenas contó con él, el joven, al que comparan con Muniaín, fue renovado por cinco años.

Y si Orellana y Augusto se disputan el flanco derecho, con Nolito en el costado opuesto, el puesto de delantero centro enfrentará a Charles con Larrvey. La fórmula Berizzo, con clara predilección por el ‘nueve’ clásico, requiere de un atacante capaz de bajar al piso cualquier tipo de proyectil caído del cielo, que busque los espacios, vigoroso en la presión, y, por supuesto, con abundantes recursos de remate. Tiene en el brasileño un jugador idóneo, muy parecido a Calandria, de O’Higgins, completo y aclimatado a la perfección. El ex del Pontevedra vence en movilidad y definición al argentino Larrivey, más corpulento y mejor cabeceador, que a pesar de su irregularidad es sin duda una magnífica añadidura a este esquema. Ambos remataron con éxito en doce ocasiones en la 2013/14. 

·El Celta de Berizzo (I): portería y defensa
·El Celta de Berizzo (II): centro del campo

 

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