Cómo explicarlo

Cómo explicar que, después de trasnochar el sábado, hacía acto de presencia delante del ordenador para presenciar, vía Al Jazeera, el partido del Celta. Con mi café, el tupé de almohada cansada y las cortinas abiertas de par en par para rogar un poco de luz, sentado en el sofá con la cabeza cubierta por el recuerdo del positivo empate ante el Barcelona. Ahí, en el salón, la pantalla y yo expectantes. Y una compañía externa que me enseñaría lo difícil que es explicar demasiadas cosas de esta temporada. 

 

“¿Y no juega ese danés que decías que era tan bueno?”. Cómo explicar su ausencia. Solo me quejo de que no esté, como un murmullo de desconfianza que revolotea ante el pitido inicial. El orden de los factores no altera el producto en matemáticas, pero el orden, los factores y los productos son básicos en el fútbol, pienso aún como acusando las pocas horas de sueño. La alineación ni me disgusta ni me anima, sólo se refleja como parte del trabajo de entrenador en el que ni quiero ni necesito entrar. “Apoyo incondicional, sin más”, titulo mis primeros instantes como espectador. Abel renuncia a las bandas contra un equipo que presiona y abre el campo con la movilidad de Lass y Leo Baptistao; contra el Barça funcionó, pues nada más hay que decir. 


El comienzo no es demasiado esperanzador. “Pero bueno, vaya pelotazos. Estos no juegan como me habías dicho”. Cómo explicar que el rostro del equipo se ha modulado al del nuevo entrenador, que las lecciones de Herrera han caído en el olvido en busca de otras fórmulas que arranquen al Celta de las posiciones de descenso. Aquel equipo que buscaba la pelota y la combinación constante en pro de una ocasión cerca del área cede terreno ante la posibilidad de salir a pelotazos hacia la banda, aguantar la incorporación de la segunda línea. No está Aspas, castigado de honor mirando a la pared, y está el coreano, destilando diagonales de vago carácter ofensivo. “Este no sé qué hace, no coge una”. Cómo explicar la diferencia entre un referente de la temporada que ha decidido, cabezazo mediante, ausentarse de la fase clave de la temporada y el somnoliento carácter de Park. La realización del partido le enfoca en el palco, con las manos sosteniendo la cabeza, el arma del delito. 


Marca el Rayo. “¿Ya le han marcado? Qué mal...”. Cómo explicar que el Celta tiene una defensa endeble, que dos jugadores del Rayo están solos en el área mientras cuatro celestes orbitan en el área sin planeta al que agarrarse. Cómo explicar que ese es un mal endémico que ninguna táctica puesta en práctica ha conseguido curar y que eso le suele ocurrir a los que no estarán tranquilos hasta la jornada 38, sobre todo cuando el saldo de goles a favor-en contra es negativo. Cómo explicar que ahora hay que remar hacia delante, porque un gol a Javi Varas no puede suponer un infarto, sino una posibilidad real en cada partido, algo a lo que acostumbrarse para ser consciente de que marcar un gol más que el adversario siempre obliga a sumar al menos dos a favor. 


“Pero qué mal lo están haciendo, ¿no?”. Cómo explicar que los nervios y la ansiedad agarrotan hasta al más profesional del fútbol, al Baggio que tiene que tirar un penalti en la final del Mundial. Cómo explicar que los errores en los pases, en los controles, en las decisiones pequeñas que deciden una jugada es el precio de la inexperiencia que ha pagado el Celta ante las idas y venidas de una temporada que prometía, al menos, la continuidad del año pasado. 


“No sé por qué se fue el otro entrenador; me caía bien, parecía buena persona”. Cómo explicar que Herrera salió del club en plena marejada sin aparente razón; y cómo explicar que Abel era el revulsivo que había obrado algún que otro milagro en los equipos a los que había cogido en una situación similar. Es difícil expresar esa condición de hincha que se debe al apoyo incondicional a unos colores por encima de la toma de decisiones del presidente, del entrenador o del jugador que elige disparar con la pierna mala rodeado de 3 defensas en lugar de oxigenar el juego a la banda para generar superioridad. 


Marca Delibasic. “Bueno... voy a ir recogiendo un poco la habitación”. Cómo explicar que, a pesar del resultado, vas a quedarte con los ojos fijos en la pantalla hasta el final, por si hay un pequeño milagro de esos que reinan en Primera, por si ves un gol con el tiempo cumplido y sueñas con un remate justo antes de que el árbitro se lleve el silbato a la boca.


Cómo explicar que, a pesar de la derrota, la guerra no está perdida y que quedan batallas por jugar. Cómo explicar que confías en que se venza; que confías en que se apriete la clasificación; que piensas que, si llegas en racha positiva hacia el final de la temporada, otros lo harán en racha negativa y eso será básico para mantenerse.

 
Cómo explicarlo. No sé, yo no pude hacerlo desde mi sofá.  

 

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