El Celta de Berizzo (II): centro del campo

Atraídos con brío hacia el área rival, imperioso el balón, arriesgando en cada combinación pero con decidida intensidad en el pase, desatados al pasar por la medular. El aficionado en Balaídos pendiente de unos chavales que se lanzan entre sí auténticos melones, aficionado que comprende el riesgo y lo acepta, porque el juego celeste se apaga si el esférico vuela en vez de rodar. En el pasto, los que más destacan no son los más fuertes, ni los que con su gol protagonizan la portada del día siguiente. No, el papel clave es para los artistas, filósofos, arquitectos, ingenieros de la pelota, incomprendidos a base de patadas, estirones de la camiseta y manotazos, segados en los tobillos, apoyo para el salto del rival. Cuando el cuero se despega de la bota de estos genios se despliega la mecánica, la sincronización. La grada exhala aliviada, el míster deja escapar un murmullo de aprobación. Todo fluye. Es un momento zen, aunque a ciento setenta pulsaciones.

Lo usual es que, justo después, el equipo contrario tenga una ocasión clara a su favor.

Ha pasado una década desde aquella quinta de zares, cuervos y, en general, futbolistas de importación; pasaron también años de decadencia y abandono. A pesar de todo, la idea de juego de aquellos nombres geniales perduró, con los cambios que la modernidad exige, hasta la actual generación. Y vuelve a funcionar desde que el bueno de Paco recuperó el engranaje clave de aquel mecanismo: el centro del campo.

Toda esta empanada sentimental dota de sentido a la apuesta por Eduardo Berizzo. Se puede cambiar la forma de recuperar, o los movimientos de los atacantes, pero nunca negar la mejor parte de un legado soterrado para el resto del fútbol español. El argentino repetirá el esquema del exiguo Luis Enrique: un triángulo con dos de sus vértices apuntados en la dirección de avance, y un tercer componente más retrasado. La esencia es la misma, con un par de nuevos actores y un ligero cambio en el atrezzo.

El argentino quiere un equipo en el que las funciones estén repartidas, en el que las demarcaciones se difuminen bajo la creatividad de los peloteros, pero al mismo tiempo tiene preparadas varias soluciones que dotan de equilibrio a la medular. El objetivo, como ya se analizó en Noticias Celta, es aplicar trabajo y presión colectivas sin comprometer la calidad del conjunto, evitando desgastes innecesarios y dotando a cada jugador de un rol apropiado a sus características. En la disposición de ataque, o 4-3-3, cada vértice tiene una función diferencial; en defensa, el grupo se recompone en un 4-1-4-1 más solidario. Pero el triángulo está siempre ahí.

Este corte puramente numérico no es exacto; el propio Berizzo ha insistido en que los tres centrocampistas no forman en línea, sino de forma escalonada, “sin una referencia fija, jugando donde el fútbol lo necesite”. Al igual que hizo en O’Higgins, contará con un pivote defensivo, un interior diestro polivalente y un mediapunta circunstancial, que hace las veces de interior por la izquierda o de ‘diez’ puro. Estos dos últimos son los encargados de facilitar la circulación por banda, filtrar un pase a la diagonal del delantero centro, o llegar en carrera para la finalización.

El pivote
En cambio, el pivote tiene una misión bien definida, atado a los dos centrales, evitando que el rival supere la primera línea de presión alta. En la primera fase defensiva, cubre un amplio espacio entre el círculo central y la frontal del área objetivo, contando con anticiparse a las intenciones de pase. Recupera, suelta y vuelve a la posición. Con el equipo más replegado, es el nexo entre las dos líneas de cuatro, manteniendo el equilibrio del sistema. Con la posesión favorable, debe limitarse a repartir el juego, volcando hacia una u otra banda, sin adentrarse en territorio hostil.

Sumando estos requisitos, un hombre sobresale entre los demás: el capitán Borja Oubiña. No sólo por el rigor táctico y la facilidad para la circulación, sino por la experiencia acumulada. Es el ideal, pero debe mejorar su rendimiento, en especial físico, para no desaparecer como la pasada campaña con Luis Enrique.

Krohn-Dehli, quien se hizo con la demarcación buena parte de la temporada anterior, aparece como la siguiente opción. Le avala la experiencia positiva, y le gusta a Berizzo por la excelente combinación de manejo e intensidad defensiva, pero precisamente por estas características le prefiere más adelantado. Además, existe el inconveniente de tener que adaptarle a una defensa posicional diferente a la que integró los últimos meses.

Con el danés asumiendo otros cometidos, Fontás es la alternativa que maneja el nuevo técnico. Tiene buen posicionamiento, anticipación, rigor táctico y cierta experiencia en el centro del campo. Será un cambio habitual, también partiendo desde la posición de central como con el asturiano. Dependerá del estado del capitán, así como de sus tareas pendientes: mejorar el uso de la pierna diestra, y ganar en soltura y agilidad como pivote.

Menos posibilidades tiene el gabonés Madinda. Con el entrenador asturiano lució como interior, mostrando grandes aptitudes para la circulación y el robo, amén de una gran colocación. No obstante, el joven internacional puede ser una solución en partidos de ida y vuelta que escondan algunas de sus carencias, como el desplazamiento de larga distancia o la lectura de las líneas de pase.

En parecida situación está Jordan Domínguez, novedad en esta pretemporada. Con características de interior, adaptado por las circunstancias a  pivote, y cómodo incluso de central, sus aptitudes más destacables son, sin embargo, las creativas. Recién ascendido del Juvenil –nació en 1995–, su rendimiento bajó cuando De Dios le exigió como recuperador, pero aún así es parte capital del ‘B’. Debe asentarse en esa posición para asaltar la máxima categoría con garantías.

No estarán, por el contrario, los dos canteranos con mejor planta para estos menesteres. Javi Rey, un ‘cinco’ clásico proveniente del Lugo, fue la mayor decepción de la infructuosa campaña del filial. Se le fichó por su compostura, fortaleza física y facilidad para el pase, pero el organizador fue incapaz de mantener el ritmo de la competición. Sí lo hizo Borja Domínguez, un jugador que recuerda mucho a Oubiña, tanto en características –técnica, visión, desplazamiento– como en personalidad. Es, con veintidós años, una de las grandes esperanzas célticas, y su contrato contempla una ampliación considerable en caso de ascender al primer equipo. Ninguno de los dos entrenará a las órdenes de Berizzo durante este mes y medio.

Interior
Segundo elemento de esta tríade es el interior por la derecha, o volante, pieza que debe adaptarse al devenir del encuentro y ofrecer trabajo ofensivo y defensivo a un tiempo. Acompaña al pivote en materia de destrucción, pero debe tener el recorrido para llegar a la zona de castigo y ser decisivo.

Este rol, indispensable para el equilibrio de todo el planteamiento, es comparable al de Augusto Fernández cuando jugó en el centro del campo. Pero éste es un hombre ducho e imparable en la banda, un perfil que Berizzo necesita en su esquema y que piensa recuperar; la salida de Rafinha, que ejercía de falso extremo, quedó sin cubrir. Aún sin el ala argentino, existen hasta cuatro candidatos al puesto de interior.

Puede ser este el resurgir de Álex López, dotado de la polivalencia que pide el Toto y acostumbrado a convertir desde la frontal del área. El ferrolano responde y se asocia en todas las situaciones de juego, con la intensidad como única carencia, y sin duda está ante una oportunidad única de volver a crecer, con la competencia reducida a la mitad.

Esta competencia tiene un nombre clave: Michael Krohn-Dehli. Ambidiestro, comprometido y fiable, el ex de Ajax y Brondby tiene el físico por el que suspira el entrenador. Sería el jugador definitivo, de no ser porque desde esta zona es incapaz de percutir en la portería rival. No obstante, sí aporta una gran cuota de asistencias.

Levy Madinda es el recambio lógico. Menos incisivo, aunque igualmente ofensivo, su potente tren inferior le convierte en un excelente interior para cualquier contexto. Asimismo, ha demostrado que la falta de experiencia no es un inconveniente en la zona más delicada del campo. Tiene tiempo para mejorar el movimiento entre líneas y el golpeo de balón.

Y si el internacional por Gabón es el presente de A Madroa, el futuro pasa por Borja Fernández, que por segunda vez comparece en la pretemporada del primer equipo. Unión perfecta entre potencia y clase –sus compañeros destacan que es imposible robarle el balón–, debutó con Luis Enrique en un amistoso frente al Porto, actuando, eso sí, como pivote. Su sitio con Berizzo, al igual que en las categorías inferiores, es el de interior, donde se desenvuelve con mayor naturalidad.

Mediapunta
El cambio más relevante con respecto al sistema del año pasado está en adelantar uno de los tres componentes para que, liberado en parte de responsabilidades más oscuras, pueda aportar un extra de calidad e imaginación en los metros finales. El centro del campo conserva la consistencia en defensa, con dos jugadores en vanguardia del pivote, y cuenta con la flexibilidad de un mediapunta con el que hacer más daño en la zaga rival.

Con este fin se incorporó a Pablo Hernández, familiarizado con el método de Berizzo y capaz de asumir, como ya reseñamos en Noticias Celta, parte del trabajo de presión sin balón. En esta posición fue clave para el logro de los dos títulos de O’Higgins, siendo además elegido mejor jugador del campeonato chileno.

La predilección por Hernández no deja sin opciones a Jota Peleteiro, revelación de la categoría de plata y activo de gran valor de A Madroa. En varias entrevistas el Toto ha manifestado su apetencia de verle disputarle el puesto al internacional chileno, convencido de que el de Pobra de Caramiñal tiene un plus de técnica y un futuro prometedor. El sistema favorece al joven, que acaba de cumplir veintitrés primaveras, de forma parecida al que le hizo brillar en Eibar.

Por último, Yelko Pino también viajará con el primer equipo durante esta pretemporada. Aún sin la mayoría de edad, el vigués es el valor joven por experiencia del Celta de Vigo, un superdotado del balón que ya ha completado una temporada en 2ª.B. Un prodigio que Berizzo, por consejo de la secretaría técnica, quiere seguir de cerca, por mucho que su futuro a corto plazo pase por el filial. 

·El Celta de Berizzo (I): portería y defensa

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