El Celta de Berizzo (I): portería y defensa

El fútbol se encuentra en la época de la marmota. A excepción de un Mundial trepidante y polémico a iguales partes, nada entretiene a la prensa deportiva como los traspasos, renovaciones, cláusulas, rescisiones, cesiones...mucho humo para tan pocas firmas, se podría decir. Y entre tanto, los preparadores con nuevo destino se afanan por encontrar la forma de confeccionar una plantilla competitiva, de configurar selecciones de once jugadores que casen con sus ideas. Esto, al mismo tiempo, supone alboroto en las mentes de los pupilos –la mayoría animosos por la oportunidad de una nueva temporada–, ya que pueden ver sus aportaciones ampliadas, o quizá nuevas demarcaciones. Los cambios más importantes se producen, por tanto, sin fichajes de por medio.

Y es justo esta situación la que vive el Celta de Vigo. Los futbolistas entrantes vienen a reforzar la plantilla, a continuar una filosofía, y no a condicionarla; tal es la intención de la secretaría deportiva, auspiciada por Mouriño y asociada con el staff técnico de Eduardo Berizzo. El argentino tiene por delante un mes y medio de pretemporada para escoger quiénes ganarán y caerán con él, en qué puesto rinde mejor cada uno, y cómo repartir minutos. Por ahí los del filial, también, porque es deseo tanto del entrenador como del presidente patrocinar la cantera –conexión fundamental entre club y afición–, aprovechar el talento y cubrir lo que el mercado no resuelve.

Analizando los hombres empleados por Berizzo en el país transandino y, más importante si cabe, la misión que cumple cada uno de ellos en su esquema, no resulta aventurado determinar qué jugadores de la actual plantilla tienen más posibilidades de jugar, bien por sus características o por la adaptación a los roles requeridos. No obstante, es necesario precisar que existen casos imposibles de homologar entre ambos conjuntos, por la evidente diferencia de calidad, y también por la disponibilidad de más o menos futbolistas para una misma función.

La retaguardia
El futuro de los guardametas es, por lo pronto, inescrutable. En O’Higgins, Berizzo optó primero por la veteranía de Roberto González, hasta que fue relegado debido a la incorporación de Paulo Garcés, más joven y de aptitudes mucho más destacables, en especial la seguridad en la salida. La actuación de Garcés, clave en los dos títulos celestes, llamó la atención de la selección chilena y de Colo Colo, su nuevo equipo.

Opuesta perspectiva la de ahora, con tres excelentes guardianes, equiparables en lo que a virtudes se refiere, distintos en cuanto a experiencia. Yoel Rodríguez, que cuenta casi veintiséis años, ha ostentado la titularidad el último curso. Esta continuidad le ha granjeado un gran cartel, prueba de lo cual es el interés de la Real Sociedad. Ha compartido minutos con Sergio Álvarez, reconocido por sus asombrosos reflejos en las últimas fechas con el asturiano en el banco.

Mención especial merece Rubén Blanco, también proveniente de A Madroa, jovencísimo y fijo en las categorías inferiores de la selección absoluta. Blindado con una cláusula a la altura de su proyección, ha permanecido en el filial toda la temporada, y ello a pesar de que el estreno en Primera División le llegó en mayo de 2013. A punto de cumplir diecinueve, el de Mos desea, con justicia, un puesto en el primer equipo, sin plantearse jugar como cedido.

La irrupción de Blanco obliga a Berizzo a gestionar la salida de uno de los tres si no quiere perder al activo más valioso del Celta, oteado ya por grandes entidades europeas. Si no llega una oferta irrechazable por Yoel, pueden darse dos opciones. En primer lugar, Sergio podría salir en forma de préstamo, lo que dejaría a Rubén como teórico suplente; pero de esta forma, se rompería la continuidad de la que disfrutaba en el filial, quebrando su progresión. La otra alternativa es ceder al más joven de los tres a un club de la máxima categoría en el que pueda dar un salto cualitativo. De cualquier forma, una cesión sólo significaría postergar la decisión definitiva un año más.

La muralla
Aunque busca una defensa contundente y seria, para Berizzo la clave del robo está en los hombres más adelantados, en la presión alta. Por ello, la línea de cuatro mezcla a partes iguales creación y destrucción, con protagonismo para los carrileros, responsables de la circulación por banda.

Pieza clave en O’Higgins fue Yerson Opazo, el lateral diestro, hombre incansable y molesto para el rival. Encarna la sorpresa: su aportación era abrumadora en ataque, incisivo en los últimos metros, alcanzando con facilidad la línea de fondo, y haciendo gala de un gran disparo lejano. En el aspecto defensivo no actuó con tanta diligencia, manejándose en la posición con corrección, más preocupado por la temporización y por recuperar con rapidez la espalda.

Siguiendo estos criterios, el lateral céltico debe ser un puñal, priorizando la soltura en ataque, aunque con los conceptos tácticos indispensables para la defensa organizada. Tanto Hugo Mallo como Jony Castro son aptos para este rol, siendo además los únicos laterales disponibles, por lo que su presencia es segura. Deberán, eso sí, dar un paso adelante y mejorar el abanico de recursos ofensivos, sobre todo si termina por llegar algún competidor para el más joven en el lado izquierdo.

Esta carestía contrasta con el exceso de efectivos en el centro de la línea, con hasta seis fichas del primer equipo ocupadas: Vila, Samuel, Fontás, Cabral, Costas y también Sergi Gómez. A ellos habría que añadir la aspiración de David Goldar, que ya debutó en mayo con los mayores, y cuya aceleración hacia el fútbol profesional parece no tener fin. El joven central asistirá, como adelantó Mouriño, a su segunda pretemporada con el primer equipo, siguiendo la estela del contemporáneo David Costas.

De repetir la combinación empleada en O’Higgins, Berizzo apostará por aunar un defensor con buena anticipación, fuerte y expeditivo (en Rancagua, Uglessich), con otro corrector, más veloz y disciplinado (Barroso-Vidal). Los dos deben, como prioridad, controlar a la perfección los envíos a la espalda de la defensa. Al mismo tiempo, la consigna observada es la de evitar sobar el balón: si se recupera, se cede con rapidez hacia una zona menos peligrosa, y si no se puede, se zurra al cuero. La juventud, para el que un día también fue canterano, no es un impedimento si el aludido muestra garra y vitalidad, como en el caso de Benjamín Vidal.

Es muy posible que las capacidades de los futbolistas en plantilla le inviten a probar con una elaboración más lenta, escalonada, pero por lo pronto la salida de balón no está entre los requisitos más urgentes. Fontás, Vila y Gómez, que encajarían con el papel de central organizador con Luis Enrique, deberán lidiar con la realidad de un recuperador sobrio, más práctico. Por el contrario, aumentan las posibilidades de Samuel y Cabral, los más firmes y físicos, a la espera de las sensaciones del alicantino. Y Costas, el más completo junto con Gómez, está obligado a convertir su habitual tranquilidad en una mayor firmeza.

Así las cosas, tres de los siete candidatos comparecen con ventaja: Cabral, argentino, de casta y músculo; Gómez, atlético y rápido al corte, además de hábil; y Costas, un jugador de seguridad, más posicional. El cuarto y último puesto se decidirá entre la fortaleza de Samuel o el desempeño impecable y suelto de Fontás, un asiduo desde su llegada al Celta. El catalán, por la versatilidad que otorga, puede ser una pieza más del centro del campo, algo de lo que no puede presumir Llorca, que además de estrenar treintena arrastra secuelas de una compleja lesión de rodilla. Su salida, al igual que la de Jonathan Vila, puede ser inminente, sobre todo cuando el club les ha dado permiso para ausentarse de los primeros entrenamientos.

Y en la cantera...
Con el puesto de central bien cubierto, poco pueden aportar las categorías de formación en dicha demarcación. A la consabida figura de Goldar es difícil encontrarle par en el filial; el único que por su madurez y calidad puede acercarse es David Soto, quien también cumple como lateral diestro. El primero, el más aventajado de la generación, ha expresado conformidad con seguir creciendo en el Celta B, seguro de que aumentarán sus opciones en el futuro.

Peor es la situación, por la urgencia de buscar un recambio, en lo que respecta a los laterales. El capitán Diego Maceira, defensa por el costado izquierdo, abandonó el mes pasado la disciplina; el ex del Alondras era un indiscutible para De Dios, pero con veinticuatro años y sin minutos en Primera División, consideró finalizado su ciclo como celeste.

Con la salida de Maceira, Samu Araújo, de diecinueve años, aparece como mejor candidato a sustituirlo. A pesar de ser un recién llegado al ‘B’, el mozo ha demostrado carisma y fortaleza, además de grandes dotes técnicas y físicas, por lo que no extraña que haya sido elegido para realizar la pretemporada a las órdenes de Berizzo. Si no fructificase ningún fichaje para el primer equipo, siempre podría ser una opción, aún a riesgo de dejar al filial huérfano en esa banda.

Lamentablemente, en el margen diestro no hay signos de un defensa tan rompedor. Kevin Vázquez, cuya evolución dista de lo esperado, está lejos de la seguridad de Jony Castro, y no parece tener la calidad suficiente como para ejercer de sustituto de Mallo. Los mayores talentos parecen estar en el Juvenil, en Sergio de Paz y Javi Veloso, pero aún les queda mucho rodaje por delante.

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