Pablo Hernández: un diez para todo

El éxito de Pedro Pablo Hernández está unido a la figura de Eduardo Berizzo. Establecido durante años en la mediocridad, vagabundo por el fútbol argentino, y perdido brevemente en la liga estadounidense, el tucumano iba a aceptar la oferta de Arsenal de Sarandí cuando, de improviso, le llamaron desde Chile. Firmó por O’Higgins al día siguiente, y la rúbrica significó su redención.

Era una apuesta personal del ahora técnico del Celta, que vio en él algo aún sin destapar. La confianza depositada cambió por completo al jugador, que en seis meses era ya un héroe en Rancagua. Resurgió un líder, un verdadero diez. Y tenía que ser él, ahora rey del tablero, el hombre al que todos buscan sobre el césped, el que marcara el tanto que valió el primer trofeo de la historia del club provinciano. Insustituible, incombustible, irrompible, indefectible protagonista de ahí a final de temporada. El atacante de moda en Chile, nada menos, portada de la histórica revista deportiva El Gráfico y convocado, gracias a la doble nacionalidad, con la selección chilena de Sampaoli.

La renovada cara de ‘Tucu’ Hernández es la de un atacante agitador, un mediapunta poco ortodoxo para un puesto inédito en el actual Celta. Juega sin alardes pero con una calidad incontestable, siendo maestro de la asociación y socio permanente del balón. Le gusta tenerlo, aunque prefiere conducir poco, porque en realidad tiene alma de ‘cinco’ argentino de los de toda la vida. Ocupa un vasto cuadrado entre ambas áreas, sin caer nunca a banda, con permanente presencia en torno a la acción. De amplio recorrido y gran zancada, es sacrificado cuando el partido lo exige, desempeñando en la presión al contrario con eficacia, también en parte debido a un físico impropio de la posición que ocupa. Es alto, cerca de los ciento noventa centímetros, fibroso, superior en el cuerpo a cuerpo. Y ello es una gran ventaja en el juego aéreo.

El nuevo fichaje del Celta busca los espacios lejos de los defensores, acompaña y se ofrece, al primer toque si es posible. Se dosifica con inteligencia, sin carreras innecesarias y rara vez opta por el regate si el rival no le encima y le obliga a recortar, algo en lo que destaca por su frialdad. A veces hasta pasea por el campo, tocando el esférico con parsimonia, esperando el momento de desequilibrar con un pase filtrado, un desmarque al que habilitar con su zurda, rápida de tobillo y suave en el contacto. La otra pierna ni está ni se la espera. El juego en largo no le desagrada, mientras que el arco rival no está entre sus prioridades. Que siempre está en los fregados, eso sí, llegando en segunda línea si el contrario se deja meter mano; no perdona si cae un balón franco.

Tatuado sin remilgos entre otros rasgos reconocibles, el hábil argentino llega con la seria tarea de compensar la marcha de Rafinha. Deberá ser el elemento que mezcle todo el ataque, que en su sublimación atraiga la atención. Y deberá hacerlo partiendo desde la posición de volante, como la pasada temporada en O’Higgins, no como ese falso extremo que fue el pequeño Alcántara. Corpudo, vigoroso, técnico y asociativo, un diez poco habitual, un diez para todo. 

Estadísticas de Pablo Hernández en O'Higgins

Minutos

Partidos

Titular

Sustituido

Goles 

Asist.

Amarilla

2 Amarillas

Roja dir.

2266

29

24

5

11

12

5

0

0

 

Pablo Hernández, en imágenes

myFlickr

Imágenes: El Mercurio, El Gráfico, El Tipógrafo de Rancagua, ANFP, Getty

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