Berizzo contra Berizzo

De manera similar a lo que ocurrió con Pepe Mel en el Betis, y si homologamos dos historias separadas en el tiempo y con finales bien diferentes, el celtismo clamó contra la marcha de Paco Herrera, aún cuando la situación era cada vez más escabrosa. Abel Resino sorteó el descenso, coqueteó con el precipicio hasta que la Real Sociedad decidió pujar por la Champions, y aún con la agonía, la épica y la felicidad de la salvación, el veredicto popular canceló el año restante del entonces entrenador, que parecía empeñado en hundir al equipo a base de racanería. Y acababa de salvar la categoría, sí, pero en Balaídos la ilusión no se hipoteca.

La junta ejecutiva celeste tomó buena nota de lo que había sido una solución impopular, un descarrilamiento sin consecuencias en el camino que el propio Mouriño había indicado, y fichó a un técnico, Luis Enrique, que supo entender la identidad del Celta de Vigo. Es un club para románticos del balón, pesimistas que observan con celo el pasar de los minutos mientras esperan el amargo trago, que gozan más con el aderezo de un joven que debuta que con el postre de una victoria inmerecida. Una afición entrañable pero de gustos extravagantes, con mentalidad de noble venido a menos, obsesionada con la imagen. El resultadismo es pecado, y la ilusión, una esencia breve y bien dosificada, indicada para una resaca con tres puntos, nunca para disparates de pretemporada.

Con el asturiano y su plataforma de observación todavía instalados en Vigo, Torrecilla ya seguía la eclosión de un viejo conocido, Eduardo Berizzo. El ex zaguero celtiña, aún sin haber entrenado al equipo olívico, era conocedor de lo que la grada solicita: eficacia sin necesidad de alardes, un estilo irredento, diferencial y cadencial, solvencia con gracia, toneladas de realismo –hay quien diría que hasta pesimismo–, y la cabeza de algún gigante de vez en cuando. Y se le fue siguiendo, hasta que uno de esos gigantes, amor más que platónico de Luis Enrique, le ofreció a éste manga ancha para echar a unos cuantos gallos del corral. La oferta irresistible culminó con el equipo técnico despegando de Peinador antes de lo previsto, y antes de lo previsto hubo que traer de Chile al Toto, otro argentino con apodo de sonajero.

Quizá fue un recambio precipitado por las circunstancias, aunque lo cierto es que Praza de España mantiene la línea con la que el club volvió de los avernos. La transición, de existir, no supondrá ningún trauma, y en este sentido la planificación supone un acierto. “Los jugadores están acostumbrados a lo que quiero hacer”, comentó Berizzo a la televisión oficial, en lo que es un mensaje positivo también para las categorías de formación. El vestuario es un remanso de paz y el mercado de verano es amplio y accesible, por lo que la prioridad de la secretaría técnica, antes que el encaje de piezas, debe ser la de pulir las lagunas de la fórmula Berizzo.

Y es que el Celta corre riesgo de comenzar el torneo regular despojado de las armas necesarias. El nuevo inquilino del banco vigués, aunque intuitivo y resolutivo, es una apuesta de futuro, sin contrastar en una liga de primer nivel. Faltan variantes, falta versatilidad, falta profundizar en unos conceptos bien encaminados, en una puesta a punto contrarreloj por evitar una situación irreversible. Este desafío comienza en lo metodológico, ya que las sesiones de preparación están lejos, en minuciosidad y profusión, de lo que imperó en A Madroa durante los últimos doce meses. La presencia de Mario Bermejo en el staff celeste será una ayuda incalculable para asimilar las herramientas de Luis Enrique, al tiempo que contribuirá a dotar de voz al plantel, del que siempre se puede aprender. 

La preparación física también debe evolucionar para afrontar el formato del calendario español, más extenso y más concentrado a un tiempo. El trabajo del preparador Pablo Fernández en Chile fue correcto –más destacable en lo psicológico–, pero necesita de un rediseño que permita picos de rendimiento y una mayor dosificación del esfuerzo. Sin esta parcela el planteamiento de Berizzo, que busca acechar al rival lejos del arco propio, es irrealizable.

En lo que a juego se refiere, el argentino debe desechar conceptos ya superados que aplicó en Rancagua como soluciones circunstanciales. El elenco que ahora tiene a su disposición le otorga un espectro mucho mayor de circulación con el balón, nuevas oportunidades de aproximación al área y mejor empaque. Engranar los mecanismos ofensivos puede ser la parte más sencilla, siempre y cuando el ataque posicional responda a los planteamientos de encierro, contra los que O’Higgins no tuvo capacidad de filtrado; en la Libertadores 2014, frente a los sistemas compactos de Cerro Porteño, Deportivo Cali y Lanús, sólo consiguió convertir cinco veces en seis partidos.

La defensa, esa debilidad que acompaña al Celta desde tiempos inmemoriales, punto flaco también con Luis Enrique, es el galimatías de Berizzo. Mientras la secretaría deportiva proporciona los fichajes necesarios, tales como un central y, al menos, un lateral izquierdo, deberá reflexionar sobre los errores propios de su nuevo club y, sobre todo, la falta de solidez que le privó de conseguir más títulos en su andadura americana. La proyección y coordinación de los laterales, articulación fundamental para llevar el balón hasta la zona de peligro, es el primer punto a fortalecer. La segunda cuestión radica en la lectura colectiva en defensa, algo que en España, donde la mayoría de conjuntos elaboran sin problemas, penaliza a las zagas estáticas como la de O’Higgins. Es esperable que, el que otrora desempeñó como un gran central, encuentre solución a esta labor indispensable con probaturas y jugadores a la altura. Permutas, coberturas, vigilancia, fuera de juego...son muchas las carencias, llevará tiempo, quizá toda la primera vuelta, hasta que se alcance un equilibrio razonable y los resultados acompañen. Los últimos meses de su homólogo astur deben ser la referencia. 

Por otro lado, Berizzo no puede caer en un juego previsible como el que ha desarrollado hasta el momento. No un problema crónico ni especialmente grave, sino más bien un abuso puntual de los automatismos y la insistencia en una disposición poco flexible. La creatividad y polivalencia de los futbolistas del Celta debe traducirse en múltiples variantes, tanto en esquema como en alternancia de posiciones. El papel del entrenador no consiste sólo en dar libertad a sus pupilos para jugar con naturalidad, sino también en destapar capacidades nuevas, tal y como hizo su predecesor: la reconversión de Krohn-Dehli en pivote, o el rol de interior de Augusto. Estas variaciones deben contribuir a colectivizar el protagonismo de las figuras más importantes.

En lo que el aficionado celeste no debe tener duda alguna es en la gestión del vestuario. Berizzo dirige sin complejos, valora el esfuerzo y transmite ilusión y voluntad de trabajo, todo de forma innata. También sigue con atención a la cantera, ya que de igual forma que él mismo tuvo la oportunidad de formarse en el rosarino Newell’s, confía en las ganas de los más jóvenes. El personal es la piedra angular de cualquier proyecto deportivo, el Celta parte de una base consistente y en perfecta armonía, y el Toto mantendrá el ecosistema en funcionamiento.

Sobre este pilar, y sobre el de una afición que corresponderá el estilo grácil y decidido que plantea, el argentino edificará su fútbol, del que aún faltan muchos aspectos por definir. De su mano está el prolongar una trayectoria y un modelo deportivo ejemplares hasta aspirar a algo más que la permanencia. Sin embargo, carece de margen de error en esta carrera en la que tiene todo a favor, en la que el único competidor es él mismo, y todo lo que su filosofía entraña: Berizzo contra Berizzo.

·Informe Eduardo Berizzo: perfil, filosofía y táctica

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