Punto y aparte

…y finalmente, la temporada 2013-2014 concluyó. Nos dejó frases para el recuerdo y para todos los gustos. “Lástima que acabe justo ahora”, lamentaba Charles al verse con fuerzas para seguir dando guerra al menos un mes más; “que termine ya”, pedía Luis Enrique entre risas… Nuestro presi, por otro lado, nos regalaba un sencillo pero emotivo vídeo de despedida en el que llamaba a la calma e instaba al celtismo a continuar en la misma línea el año siguiente. Pero era realista en lo concerniente a la situación del equipo “no somos ilusos por tener ilusiones”. Yo, desde mi humilde butaca de Río, sabía que mi presencia en Balaídos estaría más que asegurada: fuese Primera, Segunda, contra el Barcelona o contra el Poli Ejido. En aquel momento, sólo restaba por disputarse un encuentro frente al Valencia.

El último partido del campeonato liguero no trascendería en la memoria colectiva. El Celta visitó el estadio de Mestalla en una noche de sábado calurosa. Treinta mil espectadores no tenían (supongo) otra cosa mejor que hacer, y asistieron a aquel “amistoso” por una octava plaza que, ni a ellos los dejaría más satisfechos después de una nefasta campaña, ni a nosotros nos quitaría el sueño, habiendo cumplido de sobra nuestro objetivo de acabar la Liga entre los diez primeros. Los celestes comenzaron el encuentro al 100%, y ya en el minuto 5 conseguían anotar un tanto con una preciosa jugada estratégica. Todo parecía indicar que los nuestros volverían a ofrecernos un nuevo espectáculo futbolístico, tras las brillantes jornadas pasadas. Sin embargo, se diluyeron, y poco a poco les faltaron fuerzas e ideas. Quiero pensar que fue producto de la indolencia natural por la falta de objetivos y las ganas de no acabar lesionados la temporada. No me preocupa, ni me importa. Es más, hasta lo considero normal…

Los “Ches” remontaron el partido con goles de Feghouli en el minuto 40 y de Piatti en el 55. Pero no creo que a nadie le importe ya eso. El Valencia finalizó el campeonato empatado a puntos con el Celta (49), y octavo en la clasificación. El Celta se consolidó en la máxima categoría del futbol nacional en una campaña que, como Lucho afirmaba días atrás “era clave para el equipo”. Era la que todos conoceríamos como “temporada de la transición”. Puesto que los mimbres ya estaban colocados, la idea futbolística era clara, la apuesta por la cantera continuaba tan firme como siempre, y la ambición comenzaba a manifestarse en nuestros jugadores, todo apuntaba a que la 2014–2015 sería un campeonato para el recuerdo (en el buen sentido). Sin embargo, el “director de la orquesta” se marchó. Luis Enrique se despidió del Celta en una rueda de prensa que no pasó a la historia precisamente por su emotividad. Todo el “planeta fútbol” sabía que se convertiría en entrenador del Barcelona. Él no. Después de esta gran campaña en un conjunto humilde como el nuestro, sólo era cuestión de tiempo que desde “su casa” reclamaran de nuevo sus servicios.

Pero, tal y como reza el famoso tema de Queen the show must go on”; una breve etapa acababa, una nueva daba comienzo. El entrenador que se plantara en el club olívico tendría gran parte del trabajo hecho. Sólo debía ser fiel a nuestra filosofía, y no descuidar nuestra querida cantera. Por primera vez en bastante tiempo, el celtismo era optimista de cara al futuro. Poco a poco, había que ir reconstruyendo el Celta que todos queríamos. El Celta grande, europeo. Sin prisa pero sin pausa. Los hechos hablaban por sí solos: el Atlético ganaba la Liga y el Villarreal clasificaba para Europa League después de su ascenso a Primera. Los tiempos parecían cambiar y, por momentos, nos daba la impresión de haber viajado a través de los mismos a un pasado futbolístico no tan lejano.

En conclusión, la “temporada de la transición” fue un éxito dirigido por Lucho, perpetrado por el gran presidente Carlos Mouriño, y llevado a cabo por dos docenas de jugadores que se dejaron la piel batalla tras batalla. Se vivieron momentos duros, difíciles; e incluso de llegar a rozar el descenso, pero luego la confianza se tornó en remontada. Vivimos apaciblemente unas últimas jornadas que se llevaron por delante a dos compañeros como Osasuna y Valladolid, y contemplamos con cierta deferencia cómo nuestro antagonista regresaba a la máxima categoría. Ahora poníamos nuestro punto a aquella etapa, pero no el final, sino el aparte. Sin lugar a dudas, lo que estaba por llegar era más ilusionante que lo que ya quedaba atrás. Porque, como afirmaba Francisco de Quevedo: “cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el futuro sin conocerlo”.

 

 

Muchas gracias a todos los que visitáis noticiascelta.com con asiduidad, y especialmente a los que me habéis leído durante esta hermosa temporada.

Iago A. Tallón.

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