El camino de la paz

“No hay camino para la paz, la paz es el camino”, dice una de las famosas frases del político y pensador indio Mahatma Gandhi (1869-1948). Después de la victoria del Celta en El Sadar frente a Osasuna, resulta evidente que la tranquilidad ha dado alas al equipo. Esa armonía que se proyecta a través del juego que ejecutan los nuestros, se refleja sobre el terreno de juego en forma de perfecta coreografía y sincronización. A dos jornadas para la finalización del campeonato, el Celta ha asaltado el noveno puesto de la clasificación. La “zona noble”. El enunciado “sólo hay ocho equipos mejores que nosotros en toda España” hoy en día ya es factible. Y todo se lo debemos a un grupo que parece crecer exponencialmente semana a semana.

Desde la portería, defendida a capa y espada por un Yoel que ha mantenido un nivel muy bueno en su estreno en la máxima categoría, y un Sergio como “invitado sorpresa”, que ha sido la delicia de los medios de comunicación con su “parada de otro planeta”. Pasando por la defensa, liderada por un Fontás que ha ido creciendo poco a poco durante toda la temporada, un tal Mallo que ha hecho méritos para acudir a la Selección, un Cabral que siempre ha resultado necesario y un Jonny que con tan sólo 20 años parece que lleva toda la vida en Primera División. Y sin desmerecer a otros Íñigo López, David Costas, etc. que en pocas ocasiones se les ha tenido que criticar por sus actos. Un centro del campo consistente, con nuestro capitán (ya no tan joven) que estadísticamente sólo se borra dos de cada diez partidos, pero que el resto es el timón del equipo; un Krohn-dehli por el que habría que haber pagado tres veces más al Brøndby; un Augusto espectacular, Álex López tan vivaz como siempre y Madinda o Rafinha regalándonos las gigantes sorpresas de la temporada. Hasta el frente de ataque, con Charles como finalizador, Nolito dinamitando cifras del pasado y cerrándonos a muchos la boca por haber dudado de él en un principio; Orellana, tan letal como nos tenía acostumbrados en los buenos tiempos; Mario luchando como ninguno por este escudo, o el futuro ya aquí del querido Santi Mina. Este es el Celta que nos ha brindado el final de temporada tan grandioso como plácido al que estamos asistiendo.

La defensa está más solvente que nunca, la medular es sólida, y en la delantera los tres mosqueteros Charles, Orellana y principalmente, Don Manuel Agudo (ha llegado la hora de magnificar eso de “Nolito”) son los atacantes más peligrosos de la parte baja de la tabla. ¿…O quizá ya deba decir “alta”? Pero todavía resta una mención especial: a Luis Enrique. Un hombre cuestionado por razones absurdas de su pasado nada más acariciar su trasero el banquillo celeste. Un hombre que tuvo que lidiar con un conjunto falto de confianza y sin una meta más allá del “hay que salvarse cuanto antes”. Un hombre excéntrico con o sin andamios y megáfonos pero nuestro, al fin y al cabo. El técnico asturiano se sentó a los mandos del grupo y cumplió su palabra: “mis equipos van de menos a más”. La mayoría no tuvieron paciencia y allá por octubre ya pedían su destitución. No creo que sea sencillo trabajar en estas condiciones, pero él lo consiguió: blindó los entrenamientos y fue reconociendo y enmendando sus errores. Situó a cada jugador en su puesto y les hizo creer en ellos mismos para que alcanzaran el máximo rendimiento. Lucho es, como lo sería en el caso de haber fracasado, el máximo artífice del gran segundo año consecutivo del Celta en Primera división. Lástima que esto ya se acabe, puesto que visto lo visto, con un par de jornadas más no nos costaría meternos en la pelea por Europa.

Y aún queda lo mejor… ¿quién nos iba a decir allá por diciembre que en mayo estaríamos más tranquilos que nunca y seríamos los auténticos jueces de la Liga? Muchos no lo creeríamos, pero todo parece indicar que lo impensable se va a materializar. Si el Real Madrid le gana el miércoles al Valladolid, el domingo nosotros en Balaídos podemos conseguir desterrarlos de la pugna por el trofeo liguero. Y no os voy a engañar: soy muy optimista al respecto de ese partido, aunque ya lo era hace un par de meses; nuestro Celta todavía tiene un regalo que concedernos este año para que volvamos a despedir la temporada entre abrazos y lágrimas: la victoria frente a los blancos. Como la de hace más de año y medio en Copa. El equipo era algo diferente, y ahora no habrá un Bustos que sorprenda a todos con un trallazo desde fuera del área, pero los que todavía nos defienden están en estado de gracia y conocen el camino de la paz. Porque los nuestros se hacen mucho más grandes cuando cuentan con ella, y han descubierto que “no hay camino para la paz, la paz es el camino”.

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