Concierto a la Permanencia

En la noche del lunes 28 de abril de 2014 los asistentes al teatro Balaídos asistimos a la titulada “Sinfonía de la salvación”, dirigida por el Maestro Luis Enrique y con Fabián Orellana como primer violín. La obra contó con todos los elementos propios de los grandes conciertos clásicos de Haydn o Mozart: sus cuatro movimientos y su pequeña orquestra de cámara con doce componentes. Aunque antiguamente se requerían más integrantes en un conjunto para ofrecer una composición de tal calidad, a la “Filarmónica Celta” le bastó con sus once músicos, más su director, para brindar una preciosa obra maestra de 90 minutos.

Primer movimiento: allegro. El Celta comenzó la pieza a buen ritmo, en la llamada “forma sonata”. Fue un movimiento en el que el Valladolid, mero asistente al espectáculo, intentó participar en el mismo como pudo, aunque sin éxito. De este modo, y en un contraataque armónico llegado tras la posibilidad de errar una nota y empezar perdiendo el hilo de la obra, nuestro Celta dio inicio a su recital. El pianista Don Manuel Agudo remató una espectacular ejecución del primer violín. El flautista Mallo fue el único que puso la mala nota, y se tuvo que retirar ante el dolor de su maltrecho hombro. Afortunadamente, aquello no hizo que el resto de la orquestra perdiese su compás.

Segundo movimiento: variato. No tardaron ni un instante los músicos en introducir esta sección de la obra. El solista Orellana volvió a ofrecer su mejor cara para que Charles, a los platos, asestara el golpe final. Una nota que hizo retemblar a toda la palestra. El centro del escenario, donde se encontraban la viola de Krohn-Dehli y al violonchelo Levy Madinda, seguían manteniendo el ritmo otorgando una especial sonoridad a todo el conjunto. Después, vino el descanso, cuando los músicos se retiraron a afinar de nuevo sus instrumentos.

Tercer movimiento: scherzo. Aparecieron de nuevo por la puerta grande los componentes de la orquestra para ejecutar dos preciosas y veloces acciones. Volvieron a lucirse el pianista y el chelo, aunque llegados este punto del concierto, a ninguno nos cogía ya por sorpresa. Atrás, la sección de viento, con la travesera de Cabral y la tuba de Fontás, apenas tenían que lucirse con el potente sonido que se generaba adelante.

Cuarto movimiento: rondó. Un movimiento rápido para despedir el espectáculo. El Valladolid volvió a hacer acto de presencia en el escenario cuando el público ya hacía la ola en Balaídos. Una vez más, y producto de la velocidad con la que estaba llevando a cabo esta parte final de la obra, el Celta cometió un error. Pero lejos de ensuciar la pieza, consiguió redondearla más, y todos los músicos no cejaron en su empeño de alegrar a los asistentes a aquella hermosa ceremonia musical.

Al concluir el concierto, sonó “La Rianxeira” como bis. Los intérpretes se inclinaron en profunda reverencia, y el público también se animó a cantar. La algarabía volvió a hacer acto de presencia en aquel antiguo teatro, y la “Sinfonía de la salvación” siempre será recordada por todos. Como ocurrió con la “Tercera sinfonía”, conocida como “La heroica” de Beethoven, la gran obra maestra del Celta 2013-2014 fue aquella que dio paso a la tan ansiada tranquilidad.

Pero la orquestra debía tocar de nuevo el siguiente fin de semana; el sábado a las 20:00 en El Sadar, una ópera que se preveía extremadamente compleja. Allí, grandes conjuntos musicales como el Barça habían perdido sus partituras. Con la tranquilidad que aportaba el concierto anterior, quizá nuestros músicos volvieran a ofrecer un bonito espectáculo. Lo único evidente era que con tan sólo tres funciones por interpretarse en las semanas posteriores, por fin podían afirmar que lo peor ya había pasado. Sólo restaba disfrutar plácidamente del Concierto de la Permanencia.

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