El partido de la Nada

Uno de los conceptos más inquietantes que he conocido es el de la Nada de La Historia Interminable, aquel fenómeno que asolaba el mundo de Fantasía, desgarrando todo y dejando nada a cambio. Nada. El partido contra el Elche tuvo esos tintes de Nada que asola a un equipo, que paraliza y que derrumba ilusiones. 

Últimamente, el Celta se sostiene a base de intensidad y de dos jugadores que se están convirtiendo en básicos para el buen funcionamiento del equipo. Uno es Rafinha; el otro, Orellana. Pero en el Martínez Valero deambularon sin lograr los objetivos y el Celta se vio lastrado a la hora de cumplir. No era el Elche un equipo de talla ni arrollador, pero el equipo de Luis Enrique salió con la empanada en la cara en la primera parte. Poco fútbol, pocas ocasiones, poco de todo. Era como si la Nada se hubiese apoderado de los jugadores, les hubiese arrasado y hubiese sustituido las buenas intenciones por nada. 

El Celta no parecía el Celta; bueno, no parecía el reciente Celta. Era más una mezcla de dudas, una versión del equipo que fue y que sufrió para mantenerse. Esa Nada los convertía en hombres lentos, de piernas y de cabeza, tomando decisiones erróneas y jugando a pasar el rato. Así fue la primera parte, con un Santi Mina desaparecido y un Augusto desubicado. Y Orellana y Rafinha tratando de reconocerse con mucha dificultad. 

Mientras, el Elche se estrellaba contra los palos y Cabral, escorado, desaprovechaba una clara ocasión. 

La segunda parte cambió algo la cara del Celta, como si se hubiesen espabilado al darse cuenta de que el Elche era el equipo que ganó en Balaídos cuando la temporada estaba en marcha y que tal afrenta había que solventarla robando los 3 puntos que ellos saquearon. Y sí, se intentó. Manu Herrera se erigió en el primer héroe ilicitano de la noche, pero el Celta no era capaz de morder con la suficiente fuerza. Se quedaba a medias, como si se hubiese sacudido esa Nada pero sólo en parte. 

Orellana empezó a despertar y llegaron las ocasiones. La infección de la Nada parecía que remitía a pasos agigantados. El Celta se hizo con el balón y el Elche comenzó a recular, como temeroso de la amenaza de algo que parece que va a llegar.

Y el destino fue cruel. Rafinha fue incapaz de detener el avance de Carles Gil. Él, que no debería estar para esas lides. El centrocampista del Elche se lo quitó de encima con un recorte con los que él suele romper cinturas y colocó el balón pegado al palo. La Nada volvió a asomarse por el banquillo de Luis Enrique. A penas quedaba tiempo para la machada. 

La tuvo Orellana como esos héroes que saben que no hay que decaer hasta que termine la película, pero sólo logró un córner. Y la Nada se hizo efectiva con el pitido del árbitro. A ella se sumó una bruma espesa en forma de seis puntos perdidos contra un rival directo. 

La sensación fue la de un estudiante que ha suspendido porque ha hecho lo justo para suspender. No más. Durante este año, el Celta ha tenido mala suerte indebida y algún partido en el que la fortuna le acompañó. Pero contra el Elche fue un día casi perdido, cuando no conviertes en gol ocasiones que, otro día, sabrían diferente. 

En fin, que hay días que son de no, y hay poco que hacer. Qué sé yo, será la Nada. 

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS