Suciedad gana a limpieza

Resulta muy curioso cómo la más blanca y limpia de las camisas se tildaría de “sucia” si en ella hay una minúscula manchita. El ser humano suele fijarse en los detalles. Es, por naturaleza, un detallista acérrimo. Tras el injusto empate sufrido en Balaídos por nuestro Celta contra el Getafe, bajé las sinuosas escaleras de Río Alto, de regreso a mi hogar, dándole vueltas a lo que minutos antes había ocurrido. El objetivo: ofrecer un artículo lo más imparcial, pulcro y claro posible. Creo que el resultado no podrá ser tal, porque tanto en este caso como en el propio partido, lo positivo quedó oculto bajo lo negativo, el buen fútbol se vio empañado por el malo; y en definitiva, la suciedad ganó a la limpieza.

Aunque el empate no deja de premiar a ambos equipos con un punto que, a estas alturas, puede valer mucho más de lo que parece en aras de alcanzar la ansiada permanencia, es cierto que la sensación el sábado era casi de derrota. De una derrota por la brillantez del juego ofrecida a manos de uno de los dos contendientes, en detrimento del juego sucio ofrecido por el otro. A las preciosas jugadas combinativas sin recompensa por parte del equipo local, se sucedían las faltas injustificadas, los engaños hacia el árbitro, y las pérdidas de tiempo desde el minuto diez por parte del visitante. Ojo, mi intención no es menospreciar al Getafe ni convertir esto en nada personal, ya que, como dicen muchos “eso también es fútbol”, pero hasta los pocos aficionados puros de los que hace acopio este equipo criticaban la actitud de los suyos en los foros más populares de internet al término del encuentro.

Esa sensación negativa de “haberlo intentado todo” sin alcanzar su objetivo, puede dejar al Celta con un grado menos de la moral que atesoraba desde hacía más de un mes. ¿Cuál será la reacción que desencadene este partido? Para los aficionados de Río allí congregados el sábado, no era más que una piedrecita en el camino que aún queda por recorrer para obtener, como mínimo, otros diez puntos. Para mí, podría dar como resultado una espiral de apatía en este Celta. Para los jugadores (que al fin y al cabo son los que trabajan por nosotros)… eso ya no me consta. No obstante, y con todo mi corazón, espero que les fortalezca, ya que el siguiente objetivo es viajar a Elche. Y en gran medida una victoria allí podría suponer el culminar o no una parte importante de este larguísimo reto.

Pero, lejos de volver a caer en el pesimismo que nos caracteriza a los socios de Río Alto, pude recopilar frases de todo tipo mientras bajaba aquellas abarrotadas y (por momentos) interminables escaleras. “No ha estado tan mal”, decía uno; “vaya mierda” declaraba, bastante cabreado, un señor de mediana edad. Mi favorito, sin embargo, fue un compañero de fatigas de toda la vida (que llamaré simplemente “J.”) cuyas palabras concuerdan sobremanera con lo escrito la semana anterior: “bueno, en Villarreal sacamos tres cuando merecíamos menos, ésta uno… lo veo bien”. Supongo que mi amigo estaría al corriente de aquello escrito acerca del “equilibrio del universo”…

La situación sigue prácticamente igual una vez rematada esta jornada. El Celta se encuentra ocho puntos por encima del descenso, y a cinco de la séptima plaza. Si mantiene el ritmo que lleva últimamente, podría salvarse a principios de abril, viviendo unas últimas jornadas plácidas, como ya hace años no vive. En realidad yo ya ni lo recuerdo, y quizá ese sería el premio que merecemos los celtistas; estar (por una vez) tranquilos. Sin mirar hacia abajo ni hacia arriba: simplemente, tranquilos. Y para alcanzarlo, tal vez haya que jugar sucio algún partido. Aunque ese nunca ha sido nuestro estilo, sí lo será de algunos rivales de aquí a la conclusión del campeonato, y a lo mejor para contrarrestarlo haya que mimetizarse. Ni lo sé ni lo deseo. Lo único que deseo es que en el tercio final no nos pase muchas más veces lo ocurrido este último sábado, y que la suciedad no vuelva a vencer a nuestra preciada limpieza.

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