El largo y tortuoso camino

Mi primera impresión, de esas que tienes con poco que analizar cuando ves el partido desde la grada, fue que el Celta salió confiado en ganar a un equipo que había hecho una ridícula acumulación de puntos en los últimos partidos, y más si tenemos en cuenta que los números celestes estaban últimamente a la altura de los equipos de arriba. Con esos dígitos, el Celta se había alejado del descenso. 

La confianza tiene dos caras: la que te permite atreverte a hacer, a probar y a saber que, tarde o temprano, el balón entrará; la otra, es más oscura. Es la que hace que te relajes pensando que está todo hecho. No quiero decir que el equipo ayer pensase que se iba a ganar sin problemas, pero creo que no se tuvo en cuenta que ahora empieza lo “bueno”. En el último tercio de la temporada, el costo de la victoria aumenta exponencialmente. Los equipos, casi todos, se juegan algo, y los más peligrosos son los que quieren alejarse de las últimas posiciones. 

El Getafe llegó a Vigo con intención, primero, de no perder y, segundo, de luchar y combatir el resultado hasta el final. Desarboló al principio a un Celta que estaba muy mermado por el estado de forma de Oubiña, ganó la batalla en el medio y las bandas creaban demasiado peligro, sobre todo porque Pedro León despertó algo del letargo que vive últimamente. El gol llegó en un despiste y en algo que normalmente no entraría. El disparo de Lafita cogió a contra pie a Yoel y las caras se alargaron con los ojos como platos. 

Pero el Celta ha hecho callo en el carácter competitivo y se lía la manta a la cabeza con los resultados adversos, sobre todo cuando hay minutos de sobra para remontar. Y ahí sí que salió el Celta de los últimos partidos. No será fácil volver a ver a aquel equipo que superó en garra al Athletic, pero las reminiscencias de presión y verticalidad son un remanente que mantienen en pie al equipo. Al escaso trabajo ofensivo y de distribución de Borja le hizo frente la movilidad y el dinamismo de Rafinha, seguramente, el jugador más valioso para la recta final. 

Como si su puesto fuese el de todocampista, el '12' no dudó en apoyar la salida de balón, lograr posiciones de ataque cerca del área y asistir y apoyar en todo momento. Todo eso con la velocidad y el desborde de su regate. Se está erigiendo en el auténtico líder de un equipo que poco a poco se asienta en el estilo de juego. Con el equipo a buen nivel, las ocasiones empezaron a llegar, pero hubo que esperar hasta la segunda parte para ver el gol.

Krohn-Dehli no pudo tener mayor acierto en los primeros balones que tocó. Ante la escasa movilidad de Oubiña a la hora de construir juego, el danés se acercó a los defensas para recibir balones y, desde ahí, construir fútbol. En tres combinaciones se plantó en campo contrario y se la dio al que parecía más lúcido, Rafinha, que se lanzó contra la defensa con la portería en la cabeza. Creo que todos (yo sí, por lo menos) contuvimos la respiración al verle desplazarse entre tres contrarios buscando un hueco para rematar, como si supiésemos que algo bueno iba a salir de ahí. Y vaya si salió. 

El partido, a los puntos, podría haber sido una victoria, pero el empate no es malo gracias a la victoria en Villarreal. Antes de entrar en el estadio, mis amigos trataban de poner “de moda” la canción de 'Hey, Jude' de los Beatles tuneada para la misión celeste. A mí, la verdad, la única canción que se me viene a la cabeza es 'The Long And Winding Road', ese camino largo y tortuoso que siempre lleva a tu puerta, que es lograr cuanto antes los puntos que den la salvación. Un camino con baches en el que hay que tratar de compensar los tropiezos con carreras largas cuando el cansancio no se note. 

El camino es eso, largo y tortuoso, pero la recompensa merece la pena. Además, como dijo un amigo mío, hemos recortado un punto al Barça...

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