Póker en El Madrigal

Terminaba una partida de póker en el Madrigal, con Luis Enrique sentado frente a Marcelino. Era tarde,  estaba lleno de humo y los demás habían perdido y se habían marchado.  Los finalistas se conocían muy bien y ninguno caía en los engaños de su rival.

Vimos a un Villarreal presionando muy arriba, con su habitual doble punta sobre  los centrales celestes, sus volantes cerrando la salida lateral y los mediocentros basculando para dificultar las recepciones de los interiores. Ya lo habían hecho en Balaídos y dominaron. ¿Por qué iba a salir mal? No había motivos para la desconfianza y lo cierto es que tampoco los hay ahora. Durante los primeros 45 minutos el Celta la perdía muy rápido, apenas hacía jugadas en campo contrario y no pisó área rival. Con balón solamente podemos rescatar las conducciones de Rafinha, a pesar de que fueron poco productivas. Sin balón el Celta sufría menos. Presionaba al conjunto amarillo en mediocampo con gran intensidad y no le dejaba combinar por dentro.  El Villarreal aceptaba las reglas del juego y buscaba atacar lanzando a sus laterales hasta posiciones adelantadísimas. Llegaron y pusieron centros que, para fortuna celeste, no terminaron en gol. Las ocasiones más peligrosas de los castellonenses las tuvieron Perbet y Gio tras graves pérdidas en salida de balón del Celta.

Seguían repartiendo cartas pero ni Luis Enrique ni Marcelino veían más allá del flop. Lo máximo que perdían era una ciega grande y seguían esperando el momento. El conjunto olívico estaba incómodo con la pelota y las posesiones eran muy cortas. Eso tuvo su parte positiva, y es que el Celta se mantenía ordenado, con lo que apenas concedió contraataques. Además, cuando la perdía, sus jugadores estaban bastante juntos y presionaban bien.  En la segunda parte la circulación de balón celeste siguió siendo mala pero tuvo más ocasiones. Santi Mina nos dejó dos jugadas muy buenas que terminó con certeros disparos.

Tras tanto tiempo y tantas manos el cansancio apremia, aparecen los errores y entró Álex López. No supuso un cambio radical pero sí vimos una mejora en la circulación y posesiones más largas. El ferrolano tuvo un disparo potente y entró bastante en contacto con el balón.

Llegó un momento en el que parecía que Luis Enrique y Marcelino conocían las cartas del otro. En ese contexto, a pesar de que el de Villaviciosa hubiese llevado la voz cantante y hubiese sido más agresivo que su rival, el Villarreal cometió un error. El jugador más bajo del Celta, Fabián Orellana, remataba a media altura y desde más atrás del punto de penalty una falta lateral. Tras este gol, al técnico del Villarreal le quedaban pocas fichas y se jugó un all in. Nolito lo sentenció y el Celta ganó tres trabajadísimos puntos a un gran rival.

Estaré encantado de leer vuestros comentarios y debatir con vosotros acerca de cualquier aspecto del partido o del texto.

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