"Superceleste contra el Doctor León"

Cuando te detienes a meditar sobre la idiosincrasia del fútbol de una manera más imaginativa, en gran medida recuerdas la esencia del ámbito literario. En el mundo del cómic norteamericano de la Márvel o DC siempre se seguía la misma fórmula: el protagonista enfrentado a su antagonista, el “elemento A” contra el “elemento B”, el blanco y el negro, el bien frente al mal. Para crear una buena historia, además, era necesario agregar a esa receta un espacio y un tiempo, y listo: obtenías lo que se conoce como (según la definición de Genette) “estructura interna de la narración”. En este caso, el tiempo podrían ser  las diez de una noche lluviosa, cuasi tormentosa, y el espacio la arena de batalla conocida como Balaídos.

Nuestro protagonista entraba a escena como su álter ego, tras unas ridículas gafas y un pequeño rizo en su frente con los que ocultaba su verdadera identidad: Superceleste. El enemigo, no obstante, nunca esconde sus viles propósitos, y en este caso hacía acto de presencia como un titán inquebrantable que se protegía tras su armadura de franjas blancas y rojas: el temible Doctor León. Antes de empezar su pugna final, cada personaje ofrecía una impresión distorsionada de lo que ocurriría más tarde; mientras Superceleste parecía presa del pánico y con pocas opciones de derrotar a su enemigo, este último se mostraba muy seguro de sí mismo, y con todas las de ganar. Sin embargo, una vez oído el pitido inicial, Superceleste se rasgó las vestiduras, se quitó sus gafas y echó a volar dejando a la vista su hermosa capa azul: la pelea había comenzado.

Durante los primeros 45 minutos nuestro protagonista utilizó sus mejores armas contra la armadura del Doctor León: atacaba por la izquierda con su “ganchileno” y por la derecha a “rafinhazos”, pero no conseguía doblegar a su enemigo. Arremetida tras arremetida, Superceleste se hacía más grande y aquel monstruo a franjas rojas y blancas más y más pequeño. Aunque abatido y noqueado, el Doctor León recurría a su barrera de protección indestructible, construida con auténtico material vasco extraído directamente de las profundidades de Euskadi. Y así, llegó al descanso la grandísima lucha que Superceleste había ofrecido a sus seguidores. Pese a todo, en lugar de bajar la guardia el Doctor León regresó fortalecido, y enseñó al rival su celestonita. Poco a poco, los poderes de nuestro héroe se fueron viendo mermados…

…y la segunda parte de la batalla se convirtió en un intercambio de golpes entre los dos contendientes que, lejos de resultar atractiva para el espectador, causó un bajón en el rendimiento de ambos. Finalmente el Doctor León huyó, y regresó al cobijo de su inexpugnable fortaleza sanmamesina; y Superceleste, exhausto, se resguardó en el apoyo de su incontestable afición, de donde proviene todo su poder. Las fuerzas, pues, estuvieron equilibradas en esta épica batalla, y por el momento habrá que esperar a que estos dos gigantes adversarios vuelvan a verse las caras, en otra ocasión y con otros intereses.

Ahora, el heroico protagonista de capa azul debe dejar el pasado atrás cuanto antes, y comenzar a prepararse para lo que se avecina: la defensa contra el infame Marcelino G.T. y su submarino atómico. Este supervillano lleva ya muchos meses sembrando el terror y el caos desde su base en la costa de Castellón, y la única manera de derrotarlo para nuestro héroe será acudir hasta allí mismo y destruir sus peligrosas instalaciones. Después de tanto tiempo ofreciéndonos su mejor versión, ¿será capaz de realizar Superceleste una nueva proeza lejos del calor de su hogar?

Lo descubriremos en el siguiente episodio…

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