Cambian las tornas

Decía el personaje de Tancredi a su tío Fabrizio en la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) la conocida frase: "Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie". Aquella novela de finales de los cincuenta, llevada posteriormente al cine por Visconti en 1963, se titulaba “El Gatopardo”. Curiosamente la traducción se confundió, puesto que el autor no quería hacer referencia a otro animal que, en castellano, al serval. Un animal que, como buen felino, deambula solitario por sabanas y selvas en busca de presas a su altura. Y, una vez más, el viernes nuestro Celta se convirtió en un ágil e incauto serval que hizo honor a esa frase de la obra de Tomasi di Lampedusa.

No podemos negar la enjundia de ese enunciado, ya que vista la situación en que se encuentra el equipo actualmente, es necesario que las cosas sigan tal y como están durante los cuatro meses que restan de Liga. Pero para que eso se cumpla, tal y como reza la frase de “El Gatopardo”: todo debe cambiar. El Celta ya no se estrellará más contra su propio y fatídico destino; ya no tropezará innumerables veces en la misma piedra, ya no se dejará marcar en los últimos minutos, y ya no volverá a “resucitar a los muertos”. Puesto que será el Celta el que actúe en sentido contrario. Necesitamos enmendar los errores del pasado de una vez por todas, y una vez superada la prueba del viernes, ¿no es posible que todo eso esté cambiando?

Retrocedamos un año. El equipo se encontraba con cinco puntos menos y comenzaba su declive. Desde la jornada 22 hasta la consecución de la permanencia en el último suspiro del último partido, se mantuvo siempre en puestos de descenso. Lo que a los futbolistas les encanta denominar “sensaciones”, pasaron de considerarse realmente buenas (para ser nuestro año del retorno a la máxima categoría) a tambalearse choque tras choque. A riesgo de parecer resultadista, es evidente que la mejoría del Celta se está haciendo patente, porque es posible que las sensaciones sean algo más “irregulares”, pero aún con una defensa cuestionable, el equipo responde. Diversos medios de la capital ponían en tela de juicio al entrenador hace un mes, cuando no mejoraba los números del año pasado a aquellas alturas. ¿Dónde estarán ahora…?

El Celta está mutando. Está transformándose del inocente gatito de la pasada temporada al peligroso serval que acecha a su presa hoy día desde las sombras. Todavía no es un tigre, ni mucho menos “el rey de la selva”, pero quién sabe en qué se convertirá el año que viene. El lunes al anochecer, el Celta deberá batirse en duelo con “los leones”. Resulta obvio que el serval poco tiene que hacer contra el león, pero en ciertas condiciones, fuera del cobijo que le proporciona su manada, puede hacérsele frente (como ya sucedió en Copa, en Diciembre). Estos felinos vagan solitarios por la sabana hasta derrotar al león dominante de otro harén, y esa es la oportunidad que deberemos aprovechar para hincarles el diente. Porque ahora es el momento de consagrarse como serval y perder once de los dieciséis enfrentamientos que quedan. Sí, sí; digo bien: ya que ganando los otros cinco, el trabajo estará hecho. Seamos conscientes, una vez más, de nuestra realidad como gatos salvajes, que ya habrá tiempo para más “mutaciones”. Yo creo firmemente en la frase de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Y aunque quizá sea demasiado pronto para afirmarlo rotundamente, sí que todo parece indicar que están cambiando las tornas.

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