Orellana y la gacela herida

No sé si era lo abotargado que llegué a las 21.00 de la noche o que el canal que daba el partido del Celta era la 2, el caso es que lo que yo vi parecía un clásico documental de depredadores tipo el león planeando un ataque contra las pobres gacelas que, libres, corretean por la sabana. Un espectáculo de la naturaleza que la voz en off, masculina y sugerente, narra con la pasividad del que acude a un espectáculo tan habitual como el de ver a una persona cruzar la calle.

El documental comenzaba con la voz explicando que las gacelas son animales veloces que suelen repeler el ataque de los depredadores saliendo disparadas en varias direcciones; y, en ese momento, el depredador tiene que decidir a por cuál se decide a ir. Y los primeros minutos sobre la sabana de Balaídos reflejaban esa imagen: las gacelas del Betis entrando por banda y centrando balones que los depredadores celestes no eran capaces de oler. Así, un fuera de juego mal señalado que casi suponía el primer gol verdiblanco y un tanto efectivo en el casillero de las gacelas de Calderón. 

Con el marcador en contra y pensando que esa noche no iba a haber cena, los depredadores parecían mareados y perdidos, como lo han estado en muchos casos en Balaídos. Y es que el Celta, como depredador local, no ha tenido mucho tino este año. Las gacelas llegan titubeantes al estadio y salen reforzadas porque no han recibido ni un mínimo mordisco de los celestes. Así pasó con el Rayo Vallecano, casi tan desahuciado como este Betis, que salió del pozo gracias a los 3 puntos de un partido horrible, y con equipos como el Elche, que reforzaban sus técnicas de gacelas huidizas. 

Pero entre los depredadores, siempre hay uno más despierto. En este caso, se llamaba Orellana, un león chileno que ha estado hibernando durante casi un año, con puntuales salidas de la cueva. Con Krohn-Dehli como aliado jugando el papel de Augusto y Rafinha en trayectoria ascendente, el chileno comenzó a organizar los ataques celestes sobre el tapete. Y el león se soltó la melena, sabiendo que esa gacela que parecía tan veloz e inalcanzable, era realmente una víctima herida, con cojera y una pequeña tara reflejada en los 11 puntos de la clasificación. 

El Celta remontó con Orellana en plan estrella (un gol de cabeza de uno de los más bajitos de los 22), Charles oliendo la sangre que suelta la gacela herida y que permite seguirle el rastro e incluso haciendo las veces de pasador cuando la defensa del Betis rezaba porque algún rebote les favoreciera. Y 3-1, con remontada, y al descanso. La voz en off contó que el primer ataque del depredador había sido esquivado por la gacela, pero que la insistencia, pericia y velocidad del león había terminado por derribar el muro de contención de las gacelas, que corrían por correr, sin saber si las direcciones que tomaban eran las correctas. 

El problema que tiene el Celta cuando juega el papel de depredador es que parece que se conforma con tener para comer ese día, sin darse cuenta que si se da un festín en la caza, los réditos irán directos a las jornadas siguientes. Así que relajó los músculos y salvo alguna combinación preciosista, con tacones, talones y espuelas de repertorio, olvidó que para cazar no hay que perder la concentración. Así que las gacelas del Betis comenzaron a recuperar las fuerzas por las bandas y a aprovecharse de los huecos que el relax de los leones celestes les cedía. Pero el reflejo fue un gol para cada equipo; Nolito aprovechando la pasividad de una defensa herida y Ruben Castro confirmando el flojo funcionamiento de la zaga del Celta, el elemento común (y preocupante) de todos los partidos.

Pero la gacela estaba demasiado herida y Orellana había hecho su trabajo, por el que le aceptaron en la manada y que parece que asienta cada vez más, sobre todo en Balaídos. Y esa gacela herida huele a sangre, las patas ya le fallan en momentos importantes y su imagen ha sido una de las que peores sensaciones han despertado en Balaídos en los últimos meses. Muchas curas va a necesitar... 

Y, mientras, el Celta ha confiado en las teorías darwinianas para encontrar su sitio como el depredador en su casa. Algo tan necesario para llegar vivos a la jornada 38 como que los miembros de la manada afinen los dientes para desgarrar la carne de las gacelas heridas que se planten en Balaídos. Ayer, Orellana lo hizo de manera brillante.

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