La extraña situación del Betis

Quizá la mayor sorpresa de esta liga no sea que el Atlético de Madrid esté discutiendo la hegemonía bicéfala de la competición. O que el recién ascendido Villarreal luche por entrar en Liga de Campeones. No, lo que nadie podría imaginarse en verano es que el último, empezada ya la segunda vuelta, sea el Betis, el próximo rival del Celta (viernes 21:00 horas). Colista y además descolgado a ocho puntos de una salvación que no es que sus rivales estén poniendo especialmente cara. Y arrastrando la preocupante sensación de haber caído en arenas movedizas y que cada maniobra de escape solo está sirviendo para hundirlo más si cabe. 

La principal clave parece estar en la peculiar secretaría técnica del Club. En este apartado, hay que recordar que en el Betis hay un administrador nombrado por un juez que se ocupa de representar gran parte de las acciones de Manuel Ruiz de Lopera. Hasta que hace una semana se le ha forzado a dimitir, este administrador era José Antonio Bosch, abogado. Este letrado madrileño no se limitó a un papel burocrático, sino que con un cargo en el Consejo de Administración, fue quien daba o no el visto bueno a los fichajes que tenían que ser baratos por imperativo judicial. El trabajo de la secretaría técnica de Stosic fue considerable para conseguir traer futbolistas a coste cero, y más con el filtro de Bosch. Sin embargo, la gran mayoría de refuerzos no han resultado o se han ido diluyendo con el rendimiento general del equipo. Muchos se volvieron a ir cedidos o se les busca acomodo en equipos de segunda división. Las iras de una afición pasional se dirigieron en gran parte contra el director deportivo, al que también culpaban de la defenestración de Pepe Mel, idolatrado por el beticismo. Stosic fue destituido en diciembre. Sospechosamente, como veremos, muy poco después de la llegada de Garrido. Un técnico cuyo efímero paso da muchas pistas sobre los por qués de que el Betis esté como esté.

Juan Carlos Garrido desembarcó demasiado rápido, con el cadáver deportivo de Mel aún caliente. Su llegada fue anunciada la misma tarde en que se oficializaba el despido de su carismático antecesor. El Betis se encomendaba a un entrenador metódico, sí, pero también a un lobo de banquillos que no iba a apagar fuegos precisamente con su mano izquierda. Los malos resultados fueron unidos a varias situaciones extrañas y declaraciones de alto voltaje. El primer golpe fue la marcha de Stosic. Se iba el director deportivo que lo había traído dos semanas antes ¿El sorprendente sustituto? El segundo entrenador de Garrido, Sergio Fernández ¿A quién se trae Sergio Fernández en el mercado de invierno? A Leo Baptistao, delantero, cedido por una cantidad de dinero considerable (1,5 millones) a un equipo cuya máxima urgencia es un mediocentro tras la grave lesión de Xavi Torres. Comienzan las sopechas de que a Garrido le mueven los intereses económicos de comisiones y no tanto la salvación de su Club. Un cúmulo de despropósitos del que el técnico se defiende en sala de prensa y no sobre el césped. Hasta que con el 0-5 del Madrid y sin conseguir una sola victoria en Liga, su destitución es fulminante.

Poco antes, el Consejo de Administración del Betis, muy molesto con Bosch en su papel entrometido, decide forzar su dimisión con unos argumentos de peso. Varias decisiones del administrador habían producido beneficios a empresas en las que participaba. Otro que había venido a servirse, y no a servir, dijeron. Y cuya responsabilidad en la deriva de resultados del equipo parece clara. Ha llegado otro administrador, con un perfil mucho menos participativo, y un entrenador, Calderón, comprometido con el beticismo por su condición de ex jugador. Dos cambios que se presumen fundamentales pero que pueden haber llegado tarde. Con una secretaría técnica descabezada, los ojeadores béticos trabajan a marchas forzadas por apuntalar las necesidades estructurales del equipo, empezando por la portería.

Ya sin Mel, Stosic, Bosch, Garrido ni Sergio Fernández, el Betis mide su regeneración en Balaídos mañana. También sigue vivo en la Europa League, aunque las urgencias ligueras son demasiadas. A su favor tiene que en una semana por fin se ha podido trabajar y hablar de fútbol, y se han dejado de lado los tejemanejes económicos de un mundo futbolístico infestado de tiburones.

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