Se masca la tragedia

Corre el rumor de que los socios de la grada de Río Alto somos los más pesimistas de todo el Estadio de Balaídos. Aunque es ampliamente conocido el espíritu del celtista autóctono, el de frases lapidarias tan esclarecedoras como vacías, tipo “somos el Celta” o “esto es lo que hay” (entre muchas otras), sí se puede afirmar que en esta parte del coliseo vigués, se respira por doquier el sentimiento de mal agüero. No es ni excluyente ni tampoco con ello quiero generalizar, sin embargo este punto de vista tan particular me da pie a reflexionar lo que a todos nosotros se nos viene encima.

De este modo, los aficionados nos tendremos que enfrentar directamente esta misma semana, sin tapujos, a dos realidades cuasi invariables del planeta fútbol: “entrenador nuevo, victoria segura”, y “el Celta resucita a los muertos”. Esta última, aunque parezca un hit reciente, se ha convertido en una más de las cruces que arrastramos los celtistas desde hace ya temporada y media, pero viene de épocas de penurias previas a los años buenos de Paco Herrera. Véanse los ejemplos de la temporada pasada como Mallorca o Deportivo, o de la actual con Valladolid o Rayo, que no por estar tan avanzada, sí sirvió para volver a inyectarles moral a equipos avocados con una derrota por nuestra parte, prácticamente al desastre. Partiendo de estas dos tristes máximas, y sumadas al pesimismo que a los socios de Río Alto nos caracteriza, seamos sinceros: ¿qué nos queda antes de asistir este viernes a nuestro tan querido lugar de reunión?

Un sufridor… quiero decir; un servidor, opina que llegados a este punto no nos queda otra que repetir mucho aquel “hoy perdemos”, hasta la saciedad, concienciarnos con la derrota, incluso soñar con ella, nada más y nada menos que por la tan conocida “Ley de Murphy” (no por la original, sino la que reza “basta que lo digas para que no se cumpla”). Porque es cierto que tras la victoria frente al Valencia nuestros humos subieron demasiado; tanto, que con una victoria en Cornellá-El Prat ya más de uno soñaba con una segunda vuelta digna de Víctor Fernández para entrar de cabeza a Europa. Pero no sucedió. “Somos el Celta” y, aunque tras lo vivido el año pasado confío firmemente en una nueva salvación, creo que lo pasaremos, si cabe, peor todavía.

Al adversario apenas le quedan oportunidades, ya que debe hacer unos 30 puntos en 18 jornadas, su juego y sus puntos débiles todo el mundo los
conoce, y vendrá a Balaídos siendo plenamente consciente y con un nuevo entrenador. A día de hoy nosotros estamos a 3 puntos por encima del descenso, y como celtistas, admitamos que aún no hemos saboreado lo suficiente la “zona roja”. Ojalá me equivoque, y ojalá me arrepienta mil veces de haber escrito todo esto si con ello el Celta se alza con la victoria el viernes, pero se masca la tragedia.

 

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