El exotismo ilustrado de la Copa

Tenemos la mejor liga del mundo. Una afirmación umbilical y reduccionista que obvia los porcentajes de asistencia a los terrenos de juego y la capacidad de sorpresa. Una liga compuesta de dos escalones bien diferenciados con un foco grande para los que están en el primero y una penumbra generalizada para los del segundo. Quizá en esto también se ha convertido la Copa del Rey, ahora también es la mejor Copa del mundo. Una pista anexa del circo mediático en el que dos leones, a veces tres, se comen al resto de animales desnutridos uno tras otro. El banquete no consigue levantar las taquillas de la carpa, pero la gente que lo observa cómodamente por televisión en su sofá aumenta exponencialmente.

El argumento televisivo y el de que los dos mejores equipos llegan más lejos son los que sostiene Felipe del Campo en un texto publicado en Marca que ayer levantó bastante polvareda. El mismísimo Javier Tebas, como si lo hubiese mandado escribir él, lo utilizó para sacar pecho en su cuenta de twitter. Hasta se permitió el lujo de menospreciar a la FA Cup. Porque sí. Esta es la Copa que queremos y que quiere España, proclaman. Nada de experimentos como aquel que dispuso durante cinco años que las eliminatorias previas al cuadro final fuesen a partido único en el campo del más débil. Para darle un poco más de empaque al argumentario nada mejor que recurrir a falacias en un artículo falto de contexto y perspectiva histórica. Un claro ejemplo del animal de carga que solo ve hacia el frente y obedece a la voz de su amo.  

Primero, y más grave, ridiculizando al negro período con esas finales "exóticas". Un Zaragoza - Celta, un Betis - Osasuna o un Mallorca - Recreativo, y ya es como si el Barcelona o el Madrid no hubiesen participado en el torneo. Porque es discutible el formato más adecuado, pero utilizar ese argumento tan tosco y soberbio es de una estrechez de miras que asusta. Obvia que el Celta en 2001 llegó a la final tras una semifinal memorable contra el Barcelona. Que Son Moix se llenó para ver un partido de cuartos también contra el Celta. Que los dos que ahora saturan todo en aquella época vivían años convulsos y se les podía meter mano también en Liga. Que se lo digan al Valencia y al Deportivo. También el Celta, el Mallorca o la Real Sociedad se colaban entre los grandes haciendo el fútbol español de aquellos años mucho más disputado, atractivo y repleto de alternativas. Decir que cualquier equipo solvente de esa época es exótico es indignante. Y como si hubiese llegado un equipo de 2ªB, o de 3ª. Sería porque se lo merecía. Es como si le diese por cachondearse de los títulos ganados en el primer tercio del siglo XX por el Arenas de Getxo o el Real Unión. Carcajearse por las finales alcanzadas por el Racing de Ferrol, el Vigo Sporting, el Europa o el Sabadell. Y no.

Como a Felipe Del Campo le interesa, obvia también las otras dos finales no "exóticas" de aquel lustro: la del "Centenariazo" (Real Madrid - Deportivo) y un Zaragoza - Real Madrid que se resolvió por 3-2 a favor de los maños en la prórroga. Con partido único en las rondas previas y el Real Madrid llegó dos veces a la final. Curioso. Pero por seguir obviando, con la vuelta del sistema tradicional, las dos siguientes serían un Zaragoza - Espanyol y un Sevilla - Getafe. No merecen el calificativo de éxoticos o el (fíjese que irónico) "del tamaño de" como también se refirió Del Campo. No interesan a su artículo hecho corriendo y con la perspectiva oxidada por el blanco y el blaugrana. 

Que las finales de hoy en día las alcancen cualquiera de los dos de siempre, o ambos, y se disparen las audiencias no se debe al sistema de competición, sino a la superioridad manifiesta de los más grandes. Por si fuera poco, tienen menos probabilidades de caer en en el camino. Lo que el aficionado al fútbol pretende es poder también disfrutar esas rondas previas. Que el partido único se acababa en los octavos. Que no sean en un 80% de los casos un escaparate para suplentes en estadios prácticamente vacíos. En aquellos breves tiempos de partido único que desprecia Del Campo hubo momentos para la historia, no sólo del Celta, también de equipos más modestos. Había vidilla, salsa, picante, emoción. Se podían ver grúas llenas en campos con gradas insuficientes. Se hizo famoso aquel cántico de la gallina de Irureta no tiene huevos de venir a Hospitalet. No era todo en un aburrido trámite hasta que llegase el Barça - Madrid o la final. No era un estorbo para la mayoría de los competidores y entrenadores. Claro, hombre, ¡era fútbol!

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