El camino

Diecinueve partidos, derrotas, victorias, alegrías y disgustos hemos vivido. El discurso siempre fue que sufriríamos pero el celtista anhelaba y atisbaba algo de tranquilidad tras una salvación agónica. Estaban en lo cierto quienes de verdad saben de esto, no ha sido, es, ni será, un camino recto, plano, castellano, al edén. En Galicia y en Vigo nada es tan fácil. Será un sendero tortuoso, desapacible, inhóspito, con grandes desniveles y algún peaje, como no.

La afición del Celta tiempo ha que dejó de ser un niño caprichoso y consentido, creciendo hasta convertirse en una madre bondadosa,  que siempre brinda su confianza y apoyo, especialmente en los momentos más difíciles. En esta tesitura lo único que se exige es trabajo y mamá está siendo correspondida.

Se podrán realizar muchas críticas a Luis Enrique mas se observan cambios en cada partido, que podrán salir mejor o peor, pero la búsqueda de soluciones y mejoras es constante. El Celta comenzó la temporada con un claro movimiento en salida de balón. Los laterales subían, los centrales se abrían y Oubiña se incrustaba entre los centrales. Esta salida lavolpiana como constante no fue satisfactoria y se fue abandonando progresivamente, hasta ser una alternativa que enriquece el juego pero jamás lo limita o condiciona. Con este mecanismo la salida era casi siempre lateral y Toni era el principal receptor de los pases lanzados por los tres futbolistas más retrasados. Esa previsibilidad restaba competitividad. Hoy Oubiña se posiciona unos metros por delante de los centrales, con lo que se han ganado alternativas de pase y capacidad de sorpresa.

En las primeras jornadas vimos que el dibujo del Celta era el 4-3-3. Una de las grandes debilidades que le hemos visto a este equipo es la defensa de los laterales contrarios. Con los extremos en posiciones muy adelantadas, cuando los laterales rivales se incorporaban al ataque, las situaciones de 2 vs 1 a los laterales célticos eran constantes. Vimos a entrenadores como Paco Jémez repetir enérgicamente la misma orden: Enviar a su extremo derecho ( en este caso Lass) a posiciones interiores, con lo que el lateral izquierdo celeste (Toni) quedaba fijado por dentro, dejando una auténtica autopista en la banda. Este espacio era atacado por el lateral rival que ante lo dificultoso que encontraba Nolito realizar un esfuerzo defensivo tan largo, tenía todo el tiempo y espacio que quisiera para actuar. Esta debilidad es muy importante y por ello hemos visto a Luis Enrique probar muchas soluciones intentando minimizarla. El abandono del 4-3-3 en favor  de un 4-1-4-1 es una muestra evidente de la búsqueda de soluciones. Con este dibujo los extremos se encuentran más retrasados, con lo que los esfuerzos defensivos se reducen al tener que recorrer menos metros. Sin embargo, esto no ha sido suficiente y Orellana ha ido irrumpiendo en el once. El chileno tiene mucho menos gol que Nolito pero más recorrido. Lucho dijo: “Fabián juega como entrena”, por lo que suponemos que está enchufado, intenso, inspirado y sin escatimar una gota de sudor. La mayor presencia defensiva de Orellana le viene dando titularidades y no las está desaprovechando. Su rendimiento es sensacional. A esto debemos sumarle la incorporación de Jonny como lateral izquierdo.  Si una de las grandes debilidades del Celta venía por los costados, cabe decir que el izquierdo era el más débil. No era debido exclusivamente a la baja calidad defensiva de Toni, si no que era algo sistémico que se veía más nítido al ocupar la banda el coruñés. Jonny no es una alternativa clara en la salida de balón, ni tiene la capacidad de asociarse del 20, pero defiende mucho mejor y eso, en muchas ocasiones, el equipo lo agradece.

En la banda derecha el Celta ha tenido menos problemas. Hugo Mallo es un gran defensor y Augusto Fernández es defensivamente muy superior a  sus compañeros en la banda izquierda. El y Rafinha son piezas fundamentales. Cuando el argentino llegó a Vigo dijo que podría jugar donde el míster quisiera, pero que lo haría mejor en banda derecha. No se si sigue teniendo esto tan claro, pero lo cierto es que su desempeño como interior es notable.  Luis Enrique puede alternarlos como interiores o extremos en función del desarrollo del partido. Si piensa que el rival es más vulnerable por fuera, situará a Augusto como extremo diestro y a Rafinha como interior. Si, por el contrario, piensa que las diagonales hacia dentro y los pases interiores de Rafinha pueden ser más dañinos, él será el extremo. Esta variabilidad es muy enriquecedora pues el equipo gana en versatilidad e imprevisibilidad. Contra el Valencia, por ejemplo, estas variaciones fueron fundamentales para lograr la victoria.

Sabemos que sufriremos, pero ya hemos recorrido la mitad del camino y podemos afirmar que no ha habido ninguna cuesta tan empinada que este equipo no pueda superar ni ninguna curva tan cerrada y estrecha que no puedan pasar todos juntos. Ellos lo saben y, creyendo y estando unidos, es la mejor forma de alcanzar cualquier objetivo.

 

APARTE: Estaré encantado de debatir con vosotros cualquier aspecto referido al texto, así como me encantaría que lo enriquezcáis con vuestras opiniones.

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