Con lo poco que pedimos...

En toda relación, está comprobado que hay una parte que quiere más que la otra, que da más y se vuelca con más intensidad, que está más enganchada a esa relación. Suele convenirse que es de carácter natural, una reacción casi química de dependencia que la parte menos implicada recibe con los brazos abiertos, aunque ponga menos de su parte para ser la pareja perfecta. En Balaídos, los roles están muy claros: la afición es la parte que más da y el equipo es la que recibe con gusto ese cariño, pero a veces se olvida de decir lo que le gusta ver así el estadio.

Hasta Luis Enrique es consciente de esa realidad; de hecho, trata de hacerlo constar en rueda de prensa, como lo hizo después de ganar al Valencia, hablando de la importancia de la “fe inquebrantable que tiene la mayoría de los aficionados que viene a Balaídos”. Un guiño a los que se conforman con que, de vez en cuando, el equipo les permita salir con una sonrisa en la cara del vetusto estadio. 

Lo comentábamos durante la previa al partido, con un sol radiante que nos regalaba la última jornada de la primera vuelta. La idea que se sostenía enmarañada entre conversaciones era la de “con lo poco que pedimos...”. Todos los que estaban, esos celtistas inquebrantables que no pierden el hilo ni un fin de semana, lamentaban la trayectoria errática justamente en casa y ante rivales que, a priori, tendrían que haber salido de Vigo sin puntos en sus casilleros. Elche, Levante, Rayo... Pero estos eran los de la fe inquebrantable y en una porra pocos minutos antes de entrar en el estadio, todos adivinaron resultados positivos; por cierto, la gané yo y me fui sin cobrar mi dinero...

Después de un titubeante dominio, Parejo marcó de cabeza el 0-1. Parejo. De cabeza. Era la historia de siempre, la de nunca acabar, la de “hacer internacional” a cualquiera que se planta delante del área con una mínima ocasión. Y el bajón de autoestima del equipo fue brutal, como si remontar fuese casi tan imposible como conquistar a una camarera harta de que le entren buitres. Pero en medio del bajón, Balaídos respondió. Hace años, este estadio era exigente e incluso condicional; pero ahora las cosas han cambiado: desde la grada sólo se pide esfuerzo e intensidad, porque ya se sabe qué es estar en el infierno, y que el cielo, aunque sea en la última jornada y con la mirada puesta en otros resultados, vale a veces más que una clasificación para Champions. 

Y el equipo respondió al son de la grada. No se pide mucho, no se exige demasiado. Si Jony pierde un balón absurdo que puede provocar un contagolpe, sólo con que recupere la posición y el balón ya es una ovación. Sólo es eso: esfuerzo, determinación y carácter ante las malas rachas. Por cierto, Jony, el lateral izquierdo improvisado que mejor le ha salido a Luis Enrique. Y si Charles falla la primera que tiene, el run run de la grada dura hasta que vuelve a tener otra. A él, al equipo, no se les puede exigir que vapuleen al Madrid en el Bernabéu o que le metan un cuatro a cero al que pase por Balaídos, sólo se pide el esfuerzo que permita a la grada devolver una ovación. Ante el Valencia, que dejó de jugar en cuanto marcaron y que daba por finalizado el partido en el minuto 30, el Celta se arremangó y convirtió la segunda parte en un partido intenso de ataque contra un muro. 

Lo necesitaba Charles: el primer, gol de delantero centro, y el segundo de delantero brillante, fuerte al choque y decidido en el remate. Después, con la remontada consumada, el carrusel de ocasiones continuó. Orellana daba la movilidad que se le pide (ya, en la primera parte, había sido el mejor), Nolito entraba por banda y estrellaba el balón en el palo y Santi Mina mandaba a las nubes la ocasión. La grada se movía entre nervios y emoción por lo que veía. Y es que no pedía nada más, sólo ver que el equipo respondía. 

Se hizo eterno el final. Los minutos pasan lentos cuando ganas ajustado y como un suspiro cuando tienes que remontar. Con el pitido final, nos miramos los que estábamos azuzando hasta el final. Nos abrazamos y salimos felices con la marabunta. Pedíamos eso, no se pedía nada más. Con lo poco que pedimos, cómo cuesta que nos lo devuelvan. Eso sí, cuando pasa, es de las mejores sensaciones del mundo. 

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS